En su momento, Javier Milei dio la siguiente explicación sobre por qué eligió a Luis Caputo como ministro de Economía. “Me convenció su perfil de economista y trader, alguien que había trabajado en bancos de inversión en Wall Street. Nuestro diagnóstico era que la Argentina tenía un problema financiero enquistado dentro del sector público y se había extendido al Banco Central vía la deuda del Tesoro”. Precisamente de ello se valió el exministro de Economía Domingo Cavallo cuando dijo esta semana en su blog y un streaming que: “A diferencia de Federico Sturzenegger que tiene una teoría y que aplica esa teoría para las decisiones que toma en materia de desregulación, Milei explicó muy bien cómo actúa Caputo: es un trader y enfoca por un lado, pero si no sale por ese lado, se va para otro, no tiene un esquema o base conceptual con la que razona”.
La explicación de Milei fue más allá incluso. “Caputo había publicado un trabajo acerca de la dolarización y yo buscaba una alternativa a la propuesta que había dicho de utilizar, porque no terminaba de levantar vuelo: era la de Emilio Ocampo. Nuestro diagnóstico era que la Argentina tenía un problema financiero enquistado dentro del sector público y se había extendido al Banco Central vía la deuda del Tesoro […] Muy poquitos días después de las PASO. Los equipos a mi alrededor empezaron a trabajar con una intensidad mucho más fuerte, y al poco tiempo me encontré con Caputo en el salón privado de un restaurante de Palermo que consiguió Nicolás Posse. Empezamos a hablar sobre cómo la veíamos cada uno y rápidamente me di cuenta de que era la persona”.
David Mulford, un economista que trabajó en el Tesoro de Estados Unidos juntos a presidentes y se rodeó de los mejores economistas en Washington, y que Cavallo conoce bien de su época de ministro, piensa parecido a Milei.
“Los economistas pueden tener un valor enorme, estar muy bien entrenados. Pero a lo largo de mi experiencia encontré que a la hora de dar un consejo o una recomendación, tienen por lo general problemas para dejar de lado las limitaciones filosóficas arraigadas en sus ideas. Me gusta, en cambio, de las personas que vienen de la banca de inversión, que saben perfectamente que no pueden aferrarse ciegamente a una idea que no funciona o no sea práctica cuando enfrentan un problema. El economista debe estar siempre al alcance de la mano de uno, pero haciéndole saber cuál será tu actitud en el proceso de toma de decisiones”.
Mulford, previo a llegar a Washington, se desempeñó en la autoridad monetaria saudí en los 70 (durante la época de los petrodólares), luego en el Credit Suisse y más tarde tuvo un rol importante en el Plan Brady (era el dos de Nicholas Brady) que reestructuró las deudas de los países latinoamericanos que habían tomado durante la época de los petrodólares.
Sigue Mulford. “Cuando uno está en una posición de responsabilidad, el economista debe saber interpretar qué cosa funciona y no qué le gustaría qué funcione”.
Hoy en día es menos inusual que haya economistas al frente de la conducción de la política económica. Incluso de la política.
En la Argentina el ministro de Economía, Luis Caputo, se desempeñó en JP Morgan y Deutsche Bank. En Estados Unidos, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, trabajó durante años al lado de George Soros. Hasta Emmanuel Macron, también economista, trabajó cuatro años en la Banca Rothschild. O la reina Máxima, economista, en HSBC, y el propio Milei en HSBC. Incluso Lula cuando fue elegido presidente de Brasil en 2002, designó al frente del Banco Central, para algunos sorpresivamente, a Henrique Meirelles que venía de estar al frente del Bank Boston por más de una década.
Entender los movimientos de los flujos de capitales y los incentivos para maximizar los resultados de las políticas resulta crucial. Solo que a veces los traders extrapolan la lógica de ganar o perder al final de una rueda al resto de la economía sin examinar los desequilibrios subyacentes entre los mercados como observan y critican los macroeconomistas, no solo Cavallo. Ya Alejandro Werner, exdirector del Departamento de Hemisferio Occidental del FMI, describió en su libro La Argentina en el Fondo junto con el periodista Martín Kanenguiser, qué representa la figura de Caputo en estos términos. “Difícilmente un operador de mercados puede tener las virtudes de un banquero central experto en política monetaria, macroeconomía y finanzas”, escribió sobre la elección del entonces titular del Banco Central en 2018 por el expresidente Macri.
Bessent contó en un libro que “pusimos al banco contra la pared”. Se refirió así a la experiencia de cuando especuló contra la libra desde la firma de George Soros, obligando nada más y nada menos que al Banco de Inglaterra a salirse de un mecanismo de administración de monedas que coordinaban los países europeos antes del euro. Lo que hicieron fue de película, The big short o El lobo de Wall Street: shortear la libra, apostar a la sobrevaluación de un activo hoy y aprovechar el día de mañana que valdrá menos.