Laura C. Vela, autora de ‘Seismil’: “Escribo este libro para encontrar mi voz”

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Laura C. Vela, autora de ‘Seismil’: “Escribo este libro para encontrar mi voz”

La primera edición de la novela de no ficción Seismil, de la española Laura C. Vela (Madrid, 1993), editada por la escritora Sabina Urraca y publicada en Madrid por Niños Gratis, tuvo mil ejemplares. Pronto, la editorial reimprimió dos mil ejemplares y su autora les preguntó si no sería mucho. Pero hubo que volver a imprimir porque también se agotaron, y entonces mandaron a imprenta cinco mil y luego siete mil. Vela, que es fotógrafa y editora, temió que esta vez sí fuera demasiado. Pero ya están en la calle otros diez mil libros: seis ediciones de una obra poliédrica que revisa el daño que deja la violencia y las maneras de reconstruir, aunque sea un poco, parte de lo que ha sido destruido. Y el interés no para.

Laura C. Vela fotógrafa y editora española, autora de Seismil (Vinilo). Foto: Maxi Failla.

Laura C. Vela está en Buenos Aires para cumplir dos roles. El primero, como autora, para acompañar la presentación de Seismil, aquí editado por Vinilo, que ya está en las librerías. Y el segundo, en tanto editora del sello Comisura, junto a Carlota Visier, para participar de la Feria de Editores este fin de semana en Chacarita y establecer diálogos.

En Madrid, Comisura ya publicó a varios autores argentinos, desde Cecilia Pavón hasta la cordobesa Marianela Jiménez, Mariela Sancari, Julieta Correa –con una edición de ¿Por qué son tan lindos los caballos?, con fotografías e ilustraciones–, Rosario Bléfari, con Diario del dinero, además de María Teresa Andruetto.

“Escribo este libro para encontrar mi voz. Porque una violación es la anulación de la voluntad. Es que te nieguen. Que no existas“, escribe la autora. Seismil es un libro incómodo. No solo porque enfoca la violación sistemática de una niña de 12 años y el estallido que esa agresión desata en la vida de la nena y la de su familia, sino porque desnuda el desconcierto de los adultos ante lo inimaginable, muestra cómo las palabras también pueden dañar y denuncia el sinsentido de una Justicia injusta, antes y siempre.

Aunque la obra hable de otra cosa: de hacerse preguntas, de construir algunas respuestas y de seguir viviendo. “El libro se ha movido porque lo han elegido un montón de clubs de lectura, porque mucha gente lo ha compartido y se ha ido conociendo de boca en boca”, cuenta a Clarín la autora. Está nublado, llovizna y Laura C. Vela espera que salga el sol en Buenos Aires.

–¿Cuándo te diste cuenta de que pasaba algo distinto con el libro, que circulaba tanto?

–Sí, ha sido algo extraño porque la editorial Niños Gratis es pequeña, publica uno o dos libros al año como mucho. Además, yo no soy una autora conocida, este es mi primer libro hecho con palabras porque los anteriores son todos de fotos. Entonces, que esto sucediera fue gracias a la gente. Alguien lo iba leyendo y lo compartía con otra persona, que también lo compartía. Eso me hace especial ilusión porque es un libro que ha roto el sistema de los que se suelen vender. De hecho, salió en medios de comunicación mucho tiempo después. Así es que lleva un año y pico y todavía se ha sostenido ahí.

–¿Qué te parece a vos que pasó con este libro?

–Para mí, la gente se ha volcado mucho a compartirlo porque es un libro muy personal. También tiene este punto político de que te involucra como sociedad, pero también como mujeres y personas en general, porque, por el tema que aborda, lo lees, te indignas y quieres que se converse de esto. Y luego, al salir por una editorial independiente muy pequeña, se fue moviendo por el boca a boca y por el apoyo y el cariño de la gente. Al final, son las editoriales que funcionan por comunidades afectivas.

–El libro cuenta episodios reales y dramáticos de tu infancia, ¿cuán consciente eras vos, cuando trabajabas la escritura con Sabina Urraca, de que, cuando saliera el libro, abrías una compuerta para que periodistas o lectores quisieran saber más?

–Éramos plenamente conscientes de que eso podía pasar y, por eso, es consciente también la elección de Niños Gratis como editorial, algo pequeño, cuidado, cercano. Una editorial con la que se dialogó y se acordó cómo abordar la difusión con los medios. Además, la edición del libro en España, que fue la primera, no tiene sinopsis, algo que para mí es súper importante y acertado porque hace que te acerques al libro desde la curiosidad y no desde unos temas y unos hashtags determinados previamente. Evitamos utilizar palabras como violencia de género, feminismo, abuso o violación, para evitar estos acercamientos morbosos. Al principio, lo leyó todo tipo de personas sin ningún prejuicio, para mal ni para bien. Luego, cuando el libro se empezó a vender y a compartir, ya se fue de las manos y, pues, todo el mundo lo comentaba. Ahí yo fui cuando me enfadé y durante una temporada dejé de dar entrevistas, porque algunos medios desgranaban todas las partes del libro más explícitas y más morbosas, y eran esas las que compartían, haciendo que al final pareciera otro libro diferente.

–La edición española incluye un prólogo en el que Sabina Urraca cuenta que este libro nació en un taller, incluso sin que fueras consciente de que había en esos textos un libro. ¿Cómo fue eso?

–Era un taller que Sabina Urraca daba y en el que me apunté porque quería aprender a acompañar mis fotografías de textos. Nunca había escrito nada. La mecánica era así: ella leía un texto y nos mandaba un ejercicio que estaba relacionado con él. El primer ejercicio que mandó fue reproducir un “Me acuerdo”, como el del escritor estadounidense Joe Brainard y luego el del francés Georges Perec. Había algo más: tenía que ser un “me acuerdo” de nuestra adolescencia y nos dijo una edad: 12 o 13 años. Yo, entonces, me empecé a poner muy nerviosa y dije: “Joder, macho, primer día del taller, no conozco de nada a esta gente, y tengo que escribir sobre esto”.

–¿Podrías haber inventado?

–En principio, yo considero que todo lo que he puesto en aquel texto, que está tal cual en el libro, es real. Aunque habrá cosas que yo puse que recuerdo e igual ahora viene mi madre y me dice: “Eso que tú recuerdas así, en realidad pasó de otro modo”.

–Decías que ese primer texto aparece en el libro porque durante toda la escritura Sabina Urraca te fue acompañando. ¿Cómo fue ese trabajo?

–Al poco tiempo, vino el covid y el taller pasó a ser virtual. Yo le dije a Sabina que no podía seguir porque no tenía dinero y ella me ofreció que, como le habían gustado mucho estos textos, siguiéramos por correo electrónico poco a poco. En ese momento, me bloqueé. No sabía cómo hacer para seguir escribiendo y ahí es donde aparecen los correos con mi profesora del instituto. Yo quería que ella me contara cómo era yo en aquel momento, explorar la memoria, cómo habían pasado algunas cosas.

Laura C. Vela fotógrafa y editora española, autora de Seismil (Vinilo). Foto: Maxi Failla.

–¿Nunca habías explorado ese trauma y sus consecuencias desde la fotografía, por ejemplo?

–No, nunca. De hecho, en fotografía nunca he coqueteado, por ejemplo, con el autorretrato ni nada. Yo siempre he hecho retratos a los demás u otro tipo de fotografía. Luego, si miro mis proyectos de fotos, hay fotografías de la ruta tomadas en viajes que hice con mi padre, que es transportista; o una serie de retratos a una amiga a lo largo de diez años. Entonces, si lo pienso, en mis proyectos de fotografía siempre ha habido un deseo por intentar comprender a las personas, porque quizá nunca entendí por qué la gente hace lo que hace y toma las decisiones que toma. Siempre me ha costado entender eso.

–El libro presenta una estructura fragmentaria y está formado por recuerdos, pero también por correos, mensajes de WhatsApp, cartas manuscritas… ¿Por qué dejaste entrar todas esas voces?

–Al principio, el uso de estas otras voces no era algo súper consciente o pensado como material literario. Lo que detonó eso fue que, en la primera conversación con mi profesora de instituto, ella empieza a decir cosas y yo no me veía para nada en lo que decía. Entonces, me dije: “Voy a preguntar a más gente”. Me empezó a parecer interesante ver eso porque, cuando ocurre algo a una persona, tú eres la víctima, pero eso también cambia la estructura familiar porque todo el mundo se tiene que enfrentar a eso de una u otra manera. Todo el mundo, en el fondo, empezó a revisar qué dije, cómo me enfrenté, cómo respondí y me parecía interesante explorar las cartas con las novias de la infancia que había guardado en casa de mi madre, los correos e intercambios. Quería ver cómo el mundo nos puede percibir como alguien bastante diferente y, por otro lado, a nivel de lenguaje, cómo cambian, según con quién nos comunicamos, las palabras que utilizamos. La profesora describe a la narradora como una persona fría y distante, aunque en las cartas de la exnovia se la ve como demasiado romántica. Y, con respecto a la escritura en fragmentos, la memoria, cuando has vivido un acto de violencia, se fragmenta. Incluso el tiempo se fragmenta y ya no vives de aquí para adelante, sino que todo el rato estás en un vaivén hacia el pasado. También pensaba en la persona como una serie de pedacitos o fragmentos que se construyen a través de la relación y de la mirada de los demás. Todo eso me parecía interesante, pero no lo hice de una forma consciente.

–Hay un componente político y polisémico en la elección del título: Seismil, así, todo junto, pero también seis mil, que son los euros que pagó tu agresor como compensación. ¿Por qué elegiste titular así el libro?

–No había pensado antes que, en otros países, seis mil euros podían ser mucho dinero. Las listas de cosas que compran en España esos euros creo que pueden servir para que la gente se haga una idea de cuánto es, que es una cantidad ridícula. Y luego, el libro no tuvo título nunca. Sabina lo llamaba “el documento”. Ni siquiera lo llamábamos “libro”, porque no sabíamos si iba a ser un libro, pero al final, cuando ya estábamos a punto de imprimir, hubo que buscarle uno. Entonces, hablábamos mucho de los pedazos, los descartes y otros títulos en rondas, pero siempre nos parecía que todos los libros se llaman igual porque la idea era ir por la fragmentación. Y, de repente, había algo que nadie se atrevía a decir, pero que todo el mundo tenía en su cabeza: los seis mil euros de compensación, la cifra, esa cantidad. Es cierto que podía sonar un poco contradictorio porque es justo lo que yo busco evitar, que la mirada hacia el libro no se centre solo en el abuso ni en los detalles, sino más bien en la experiencia con la que se puede sentir identificada la gente. Pero sucedió ese error: anotar Seismil y no seis mil reveló que sí que existe seismil con el sentido de subir una montaña muy alta y nos pareció que tenía sentido, que incluso era poético. Y, además, producía un extrañamiento ante el libro, que no dice nada explícito sobre el tema. Entonces, sí que con el libro se resignificó ese número: durante mucho tiempo, cada vez que escuchaba “seis mil”, mi cabeza me llevaba a esa lista de cosas que se pagaban con esa cantidad de dinero. Ahora, si escucho seis mil, pienso en mi libro, que además me ha regalado un montón de experiencias.

Laura C. Vela básico

  • Nació en Madrid, España, en 1993 y es fotógrafa y editora. Su trabajo gira alrededor de conceptos como el hogar, la intimidad, la memoria o la hibridación.
Laura C. Vela fotógrafa y editora española, autora de Seismil (Vinilo). Foto: Maxi Failla.
  • Desde 2021 dirige el proyecto de fotografía y literatura Esto es un cuerpo.
  • Ese mismo año cofundó la editorial de discursos híbridos Comisura, donde ha acompañado y publicado a autoras como Bego Antón, Sabina Urraca, Paz Errázuriz, Mary Oliver, Teju Cole, Leanne Shapton, Miranda July o Valeria Mata, entre otras.
  • Fue artista seleccionada en Plat(t)form – Fotomuseum Winterthur en 2018. En mayo de 2019 publicó el fotolibro Como la casa mía, con la editorial Dalpine. También ha publicado Vorhandenheit (autopublicado en 2014, reeditado en 2021 por La Mirada Creadora), Las simples cosas (2020), Siempre van solos, los bichos (2022) y treinta (2024), en coautoría con Xirou Xiao.
  • En marzo de 2025 se publicó su primera novela, Seismil, que llega ahora a la Argentina con Vinilo.

Seismil, de Laura C. Vela (Vinilo).

Débora Campos

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