La izquierda latinoamericana intenta recuperar la iniciativa

6 Min Read
La izquierda latinoamericana intenta recuperar la iniciativa

¿Dónde está la izquierda? La pregunta que da nombre al último número de la revista Nueva Sociedad resonó este fin de semana en Montevideo. Qué lugar ocupa hoy como proyecto de transformación, qué futuro es capaz de imaginar y cómo construir una integración regional que amplíe la autonomía de América Latina frente a las grandes potencias fueron algunos de los interrogantes que atravesaron el debate del tercer Congreso Panamericano, que reunió en Uruguay a referentes del progresismo regional.

“Está acá. Está pensando. Está debatiendo”. Así respondió el expresidente chileno Gabriel Boric durante una conferencia organizada en la sede del Frente Amplio, en la antesala del evento que desde este viernes reúne a más de un centenar de dirigentes, legisladores, expresidentes y referentes de 15 países.

La respuesta de Boric fue también una toma de posición frente al diagnóstico de una izquierda en retroceso. “La izquierda está viva”, dijo, pero también dejó en claro que estar viva no significa estar exenta de problemas.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

El Congreso Panamericano llega a Montevideo en un contexto de retroceso electoral del progresismo en varios países y de crecimiento de fuerzas de derecha que interpelan a sectores cada vez más amplios con discursos de orden, seguridad, castigo y rechazo a la política.

El encuentro, fundado en Bogotá en 2024 por el entonces presidente Gustavo Petro y con sede en México al año siguiente, se desarrolla bajo una consigna que sintetiza buena parte de sus preocupaciones: “Solidaridad entre los pueblos, soberanía entre las naciones”.

Uno de los debates que atraviesa al progresismo continental es hasta dónde llegan los márgenes de autonomía de América Latina frente a EE.UU. y cómo construir un posicionamiento conjunto en un escenario internacional de creciente rivalidad entre potencias.

Fue el expresidente colombiano Ernesto Samper quien formuló el diagnóstico en términos más duros durante la apertura del encuentro. “Estamos asistiendo a una verdadera invasión de nuestros países”, sostuvo, al advertir sobre lo que definió como un intento de “fachistizar” las relaciones entre América Latina y EE.UU.

Para Samper, la política de Donald Trump hacia la región responde a una lógica de predominio hemisférico. El Corolario Trump a la Doctrina Monroe es una actualización de la histórica concepción de América Latina como área prioritaria de influencia de EE.UU. Su advertencia alcanza también al orden multilateral: criticó el “unilateralismo” de Washington, que erosiona las posibilidades de sostener una globalización basada en reglas compartidas y reduce los márgenes de autonomía de los países de menor poder relativo.

La senadora uruguaya por el Frente Amplio, Constanza Moreira, puso el foco en la respuesta regional. Ante el avance del proteccionismo y el uso de los aranceles como herramienta de presión, llamó a defender el sistema de Naciones Unidas y el orden internacional basado en reglas frente a lo que definió como “el mundo de la fuerza”. Pero, sobre todo, reclamó profundizar la integración latinoamericana para evitar que los países enfrenten individualmente las presiones de las potencias.

Moreira habló de un “bilateralismo a la carta” en el que EE.UU. negocia por separado con cada país y advirtió: “Nos agarran a todos desunidos”. Su planteo recupera así uno de los dilemas históricos de la política exterior latinoamericana: la integración no sólo como proyecto económico o político, sino como una herramienta para ampliar la capacidad de negociación y autonomía de la región.

Boric, por su parte, introdujo otro problema: qué tipo de internacionalismo debería defender la izquierda. Defendió la autonomía estratégica de los países medianos y el derecho internacional como una herramienta que debe aplicarse sin doble vara. Cuestionó la actuación de Israel en Gaza y la invasión rusa a Ucrania, y tomó distancia de los gobiernos que, bajo una retórica antiimperialista, vulneran principios democráticos. Boric lo dejó claro al cuestionar la deriva de Nicaragua y al negarse a definir al régimen de Daniel Ortega simplemente como una experiencia de izquierda.

Pero el núcleo de su intervención estuvo puesto en la discusión sobre la identidad de la izquierda. Su crítica al “fanatismo por la moderación” apuntó contra la idea de que, frente al avance de la derecha, la respuesta automática deba ser correrse hacia el centro. La autocrítica, sostuvo, es necesaria; abandonar las convicciones para ganar una mayoría circunstancial, no.

El expresidente chileno aplicó esa revisión a su propia experiencia y reconoció que el sector mayoritario de la primera Convención Constitucional “perdió conexión” con el pueblo chileno.

La mexicana Carolina Rangel, de Morena, llevó la discusión al terreno programático. Planteó combinar crecimiento económico y derechos sociales en oposición a las recetas neoliberales. “Nos dijeron que el libre mercado lo resolvía todo, que el Estado debía achicarse hasta desaparecer y que la desigualdad era el precio inevitable del progreso”, cuestionó.

Share This Article
Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *