Maria del Carmen «Maru»Villamil, atleta misionera, alcanzó un logro significativo en la Patagonia Run al completar la desafiante carrera de 110 kilómetros. La ultramaratonista cruzó la meta con una medalla de finisher y subió al podio, lo que representó una sorpresa para ella y un orgullo para la provincia. La experiencia, que duró casi un día completo, demandó una gran fortaleza física y mental.
Villamil relató que finalizó la carrera el 11 de abril a las 20:30 horas, después de comenzar la noche del 10 de abril. En total, corrió durante 23 horas, 36 minutos y 19 segundos, un lapso que describió como extremadamente exigente. “Una carrera durísima, nunca pensé en la dimensión de la carrera, realmente. Lo único que quería era llegar porque fue durísima, me costó mucho”, afirmó la corredora, quien aún se recupera de las secuelas físicas casi una semana después del evento.
El desafío de la montaña y la mente
La competencia puso a prueba los límites de la atleta, especialmente en momentos de adversidad. Villamil recordó un instante crítico cuando sintió deseos de abandonar la carrera. “Cuando estaba subiendo al cerro Cerro Colorado, y tenía mucho frío, se me congelaron los pies, había pisado agua antes de subir y me dolía muchísimo los pies. Ahí dije: ¿qué hago? ¿Qué hago acá? Me arrepentí”, explicó. Sin embargo, en esos momentos de dificultad, encontró la fuerza para continuar. “Y pensé en positivo, pensaba realmente a lo que fui, a lo que a lo que estoy, por qué estoy acá, a lo que voy y vamos, corremos, corrí”, añadió, destacando la importancia de la convicción personal.
La carrera, además de la exigencia física, implicó una constante lucha mental. Villamil enfatizó que la clave para superar los 110 kilómetros residió en la combinación de fortaleza anímica y preparación. “Para poder lograrlo, y es mente y corazón, realmente uno creo que se pone ahí el objetivo de pensar que puedo, que lo lo voy a lograr, que para eso me entrené, para eso estoy preparada y a lo que vine a correr. Porque por ahí te quiere fallar, te querés enojar porque, uy, otra vez subir, oh, otra vez”, sostuvo la atleta, y describió la sensación de que la noche “no terminaba más” y el sol tardaba en aparecer.
Durante el trayecto, Villamil contó que no estuvo sola. Siempre se encontró con otros corredores y el camino estuvo señalizado con banderitas blancas. A lo largo del recorrido, la organización dispuso puestos de hidratación y abastecimiento, donde los participantes accedían a bebidas calientes, alimentos y la posibilidad de cambiarse de ropa. “Había muchos pack de hidratación donde uno podía llegar, tomarse los caliente, comer algo y seguir adelante, o cambiarse la ropa”, detalló. En esos puntos, la misionera aprovechó para tomar sopa caliente, isotónicos y geles, ya que no le pasaba otra comida.
Apoyo familiar y próximos desafíos
Durante la prueba la corredora misionera pudo sostener el vínculo con sus familiares durante la competencia, pues los dorsales de los corredores tenían GPS, una herramienta que permitió a su entorno seguir el trayecto en tiempo real y conocer la ubicación exacta. Villamil destacó que recibía mensajes de sus hijos donde le decían “Mamá, te falta poco, ya está ahí adelante la que va primero, metele”, y remarcó que ese contacto le daba “más fuerza para seguir adelante” cuando le avisaban que ya lideraba la prueba.
Además, la atleta comparó esta experiencia con su anterior ultra maratón de 100 kilómetros en Yabotí, Misiones. Explicó que las condiciones son radicalmente diferentes: “Es muy diferente el clima, muy diferente el suelo, muy diferente la dificultad, diferente totalmente”, y destacó la ausencia de montañas y las bajas temperaturas en la provincia. Sobre el clima, Villamil afirmó que prefiere el frío, aunque no en condiciones extremas que provoquen dolor corporal, porque el calor “es insoportable” y deshidrata.
A pesar del dolor en los pies y el estado de sus uñas, Villamil proyecta sus próximos desafíos y asegura que “lo volvería a hacer”. La corredora manifestó que apenas terminó la competencia ya pensaba en metas superiores, al punto de afirmar: “Voy por los 100k” o incluso alcanzar las “100 millas”. Respecto a quienes completaron esa distancia máxima, la deportista calificó la hazaña como una “locura” y algo “para sacarse el sombrero”, especialmente por el paso cerca del volcán Lanín, un tramo que despertó su interés personal y la llevó a concluir: “Eso quiero hacerlo”.


