La cuarta jornada del juicio oral contra Mariela Ramírez, acusada de abandono de persona agravado por el vínculo y por el resultado de muerte de su hija Rocío Belén López, tuvo este jueves como eje central la declaración de César Luis Romero, señalado como el supuesto padre biológico de la adolescente fallecida en 2013. Su testimonio concentró la atención del debate al reconstruir el origen del conflicto por la paternidad y sostener que nunca fue sometido a un análisis de ADN porque, según afirmó, el pedido no tuvo respuesta.
La audiencia comenzó minutos antes de las 8 en el Tribunal Penal Uno de Posadas, integrado por los jueces Gustavo Arnaldo Bernie, Viviana Gladis Cukla y Miguel Mattos. Además, por acuerdo entre el Ministerio Público Fiscal, representado por Vladimir Glinka, y la defensa de la imputada, a cargo del defensor oficial Miguel Ángel Varela, se desistió de dos testigos previstos para esta jornada. Tras las declaraciones, el debate pasó a un cuarto intermedio y quedó cada vez más cerca de la etapa de alegatos.
Romero llegó al tribunal por la fuerza pública y explicó que mantuvo una relación de pareja con Ramírez hace más de tres décadas. Según relató, se enteró del nacimiento de la niña únicamente a través de una carta documento enviada por el padre de la acusada a su familia. “No sabía que quedó embarazada. Me enteré después cuando ella tuvo la bebé”, declaró.

El testigo sostuvo que, tras recibir esa intimación, su padre respondió mediante una abogada y solicitó que se realizara un estudio de ADN para determinar la paternidad. “Mi papá contestó que, si era mi hijo y así lo demostraba el análisis de paternidad, yo me iba a hacer cargo. Después no contestaron más”, afirmó.
Durante su declaración también aseguró que jamás fue notificado de un juicio de filiación ni de un reclamo por cuota alimentaria. “Nosotros con mi abogada pedimos la prueba de ADN, pero no nos respondieron”, insistió ante los magistrados.
Romero relató que conoció a Ramírez cuando ambos tenían 16 años y que mantuvieron un noviazgo de aproximadamente dos o tres años. Luego señaló que, tras finalizar esa relación, inició otra pareja con la que posteriormente contrajo matrimonio. Fue en ese período, dijo, cuando recibió la carta documento que lo señalaba como padre de la niña.
Al explicar por qué en ese momento dudó de la paternidad, manifestó que había visto a Ramírez con otra persona mientras aún eran jóvenes. “Yo dudaba de ella porque estaba con otras personas. Me consta porque la vi caminando de la mano con un muchacho por la avenida Uruguay”, expresó

Otro de los testimonios escuchados fue el de Olga Gauto, compañera de trabajo y amiga de la imputada. La mujer recordó que se enteró del fallecimiento de Rocío Belén por los medios de comunicación y afirmó que, durante el sepelio, el comportamiento de Ramírez le pareció «normal». Incluso recordó que, en la etapa de Instrucción, ya había manifestado que no la había visto afectada por la muerte de su hija.
También confirmó que pocos días después del fallecimiento participaron de una salida a un local bailable sobre avenida Cabred, aunque dijo no recordar la fecha exacta ni quién organizó el encuentro.
Maximiliano Fernández, otro de los testigos, declaró que tiempo atrás convivió con Ramírez y su hija Micaela, luego de que la imputada le pidiera ayuda porque no podía afrontar un alquiler. “Estaba complicada económicamente y me pidió si podía ayudarla”, relató.
Fernández sostuvo que desconocía la situación de Rocío Belén porque no convivía con ellos, aunque afirmó haber observado un buen trato hacia Micaela y señaló que nunca advirtió situaciones que le hicieran sospechar de malos cuidados.
Por su parte, Marcelina Arévalo, también empleada municipal, recordó haber conocido tanto a Ramírez como a sus hijas y afirmó que la adolescente vivió durante distintos períodos con su abuela y luego con su madre.
“Cuando murió el papá de Mariela, ella pidió tener nuevamente a su hija para ayudar a su madre”, declaró. La testigo agregó que visitó la vivienda del barrio Terrazas y aseguró haber visto que Belén tenía una habitación y que su madre la asistía en sus cuidados diarios.
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El último testimonio de la jornada fue el de Carlos Durán, quien dijo conocer a Ramírez por un amigo en común. Según declaró, la acusada le comentaba con frecuencia las dificultades económicas que atravesaba para mantener a sus dos hijas.
“Siempre contaba que no le alcanzaba la plata y buscaba más trabajo”, afirmó.
Incluso recordó que en una oportunidad le pidió ayuda para comprar leche y pañales. “Me decía que el papá no le pasaba la manutención y que hacía horas extras para cubrir los gastos”, sostuvo ante el tribunal.
Concluidas las declaraciones, el Tribunal dispuso un cuarto intermedio. El debate transita su etapa final y en las próximas audiencias se prevé el desarrollo de los alegatos de las partes antes del veredicto.
Rocío Belén López murió en julio de 2013, a los 15 años. La adolescente tenía una discapacidad motriz y fue encontrada sin vida sobre un colchón, en una habitación utilizada como depósito de una vivienda del barrio Las Rosas, en Posadas. La autopsia determinó que presentaba desnutrición, deshidratación y escaras compatibles con una inmovilidad prolongada.
De acuerdo con la investigación, la joven residía habitualmente junto a su abuela y una tía, quienes debieron viajar a Corrientes por motivos de salud. Durante esos días quedó bajo el cuidado de su madre, Mariela Ramírez, quien actualmente enfrenta un juicio acusada de abandono de persona agravado por el vínculo y por el resultado de muerte. La mujer llegó al debate en libertad y el Tribunal Penal Uno será el encargado de determinar su eventual responsabilidad penal.