Guerra en Medio Oriente | Un misionero en Tel Aviv relata cómo es vivir bajo la amenaza de misiles

Redaccion
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Guerra en Medio Oriente | Un misionero en Tel Aviv relata cómo es vivir bajo la amenaza de misiles

Edgardo Furman, un misionero oriundo de Posadas que vive en Israel desde 1992, relató en primera persona la realidad cotidiana en Tel Aviv en medio de la escalada bélica con Irán. Desde su lugar de trabajo en un piso 20, describió una ciudad que intenta mantener la normalidad, pero que vive bajo un sistema de alertas permanente que obliga a los ciudadanos a buscar refugio ante la amenaza de misiles.

El posadeño, que reside en Kfar Saba, a 20 minutos de Tel Aviv, explicó el protocolo que se activa con cada ataque. Detalló que un mensaje al celular advierte sobre el lanzamiento de un proyectil y la zona donde podría impactar. “Tenemos un mensaje que nos envían que dice que el misil salió de Irán, que según qué coordenadas va a sonar la sirena en donde pueda llegar a impactar o la Cúpula de Hierro puede llegar a eliminar ese misil en el aire”, afirmó.

A partir de ese momento, la población debe actuar con rapidez. “Ahí suena la sirena en el celular donde vos ya tenés que estar cerca de un refugio o de un cuarto seguro como para entrar y resguardarte del misil. Después de los 7 o 10 minutos, el ejército te envía un mensaje de texto a los celulares que podés salir del cuarto seguro, que ya uno puede seguir la vida cotidiana”, puntualizó Furman.

A pesar del avanzado sistema de defensa israelí, conocido como la Cúpula de Hierro, algunos proyectiles o sus restos logran impactar en el territorio. Furman mencionó que ese mismo día cayeron fragmentos en la ciudad de Bnei Brak y el día anterior cerca de una estación de tren próxima a su ubicación. Además, advirtió sobre el peligro que representan los restos de los misiles interceptados. “Cuando la Cúpula de Hierro, que no es hermética 100%, impacta en la atmósfera al misil, lo que cae pueden llegar a ser entre 5 a 7 metros los pedazos de los misiles. Ahí es donde la gente a veces se confía y sale sin el previo aviso del ejército y donde hay accidentes”, detalló.

La guerra psicológica

Furman también se refirió a la circulación de información falsa sobre una supuesta destrucción de Tel Aviv y la atribuyó a una estrategia de desgaste. “Yo creo que es para un desgaste psicológico todo el tema de las fake news. Tengo un amigo de Posadas que me mandó un video que mostraba un misil impresionantemente grande, y lo que era era un camión con un tanque”, comentó.

Desde su perspectiva, los ataques iraníes no discriminan entre objetivos. “Los misiles que están tirando desde Irán impactan en la población, no es que ellos apuntan a algo militar o para desabastecer al ejército, sino a cualquier ciudadano corriente”, consideró. Según sus datos, desde el 28 de febrero hubo 6.100 heridos en Israel y se lanzaron cerca de 350 misiles.

Consultado sobre su visión del conflicto, el misionero expresó su rechazo a la violencia y situó el origen de la escalada en el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Para él, la confrontación actual es una lucha por la supervivencia contra el terrorismo. “Lo único que difunden es el terrorismo. Todo dedicado al terrorismo, a la eliminación de Israel y a la eliminación de Estados Unidos”, sostuvo. En ese sentido, consideró que la única solución es neutralizar la capacidad nuclear de Irán. “Creo que es la única forma de terminar con todo esto, es sacarle todo el uranio que tienen, que no puedan construir ninguna bomba nuclear, porque si hubiesen tenido bomba nuclear, creo que Israel hoy no existiría”, planteó.

El deseo de una vida normal

Más allá del análisis geopolítico, Furman manifestó su anhelo de volver a una vida sin sobresaltos, donde la principal preocupación no sea el sonido de una sirena. «Tenés que estar entrando a un refugio. Yo ahora me tengo que salir con el auto para volver a mi casa y uno está pendiente si te agarra en el camino. Tenés que dejar el auto y tirarte a un costado”, lamentó.

Su deseo es el de cualquier ciudadano que busca la paz para su familia y su comunidad. “Yo volví a trabajar después de dos semanas de haber estado en mi casa. Y es lo que yo quiero, trabajar, salir, ir a mi casa, hacer un asado, pasarla bien y no estar pendiente del celular si me tengo que meter en un búnker”, concluyó.

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