Guaymallén, Milka, Jorgito o Terrabusi, ningún alfajor se salva: la lista de ingredientes malos para la salud

Natalia Kiako
11 Min Read
Guaymallén, Milka, Jorgito o Terrabusi, ningún alfajor se salva: la lista de ingredientes malos para la salud

Doce millones de unidades por día. El alfajor es la golosina más consumida en Argentina, con cerca de 4.380 millones de unidades anuales y un consumo per cápita estimado en poco más de cien alfajores por habitante al año. Desde la perspectiva de la salud pública, estos números no son exactamente motivo de celebración. Detrás del producto de kiosco más arraigado en la cultura alimentaria argentina hay una cadena de ingredientes, marketing, hábitos y consecuencias, como mínimo, dignos de análisis.

Según la Asociación de Distribuidores de Golosinas y Afines (Adgya), el alfajor lidera el ranking de las golosinas más consumidas y opera en un segmento de expansión permanente: en 2022, la misma institución declaraba ventas de 6 millones de unidades diarias, la mitad que hoy. El kiosco sigue siendo el canal principal de comercialización, concentrando alrededor del 65% de las ventas, seguido de distribuidores y supermercados, a un precio que lo convierte en una alternativa accesible incluso en contextos de caída del poder adquisitivo.

En Argentina se consumen cerca de 12 millones de alfajores por día, pero especialistas advierten que la mayoría son alimentos ultraprocesados con altos niveles de azúcares, grasas y aditivos que pueden favorecer la malnutrición y las enfermedades crónicas

El segmento está dominado por dos grandes actores: Guaymallén, con el 24,19% del mercado, y Fantoche, con el 23,84%, seguidos por Rasta, Jorgito, Milka, Capitán del Espacio, Águila y Terrabusi. Pero el universo productor es mucho más amplio: grandes firmas multinacionales y nacionales representan el 70% del mercado, mientras que pequeños y medianos emprendimientos familiares concentran el 30% restante. En el país existen unos diez mil establecimientos que elaboran alfajores, distribuidos en distintas escalas de formalización.

Lo que comparten en su inmensa mayoría aquellos ultraprocesados (industrializados, “de kiosco”) es una misma lógica de composición: son productos diseñados para maximizar palatabilidad, durabilidad y rentabilidad. Eso se traduce en listas de ingredientes donde predominan el azúcar, las harinas refinadas, los aceites vegetales de bajo costo y una batería de aditivos.

El baño de repostería: una capa de malnutrición

Uno de los puntos más distintivos en calidad es la diferencia entre el chocolate real y el denominado “baño de repostería”, que cubre la mayoría de los alfajores en el mercado. El Código Alimentario Argentino (CAA) los clasifica en capítulos distintos: la principal diferencia radica en la sustitución de la manteca de cacao por aceites o grasas hidrogenadas en el baño de repostería, transformándolo en un producto de fantasía sin ninguna de las virtudes del chocolate. El impacto en el perfil nutricional es concreto: los aceites vegetales hidrogenados utilizados en los baños de repostería son fuente de grasas saturadas de mala calidad y, dependiendo del proceso, potencialmente de grasas trans. Un relevamiento realizado por la cuenta @quienlofabrica concluyó que menos del 25% de los alfajores argentinos están elaborados con chocolate genuino. La mayoría utiliza el baño de repostería como estrategia para reducir costos. La identificación en el envase es engañosa: la palabra “sabor” aparece en letra pequeña, mientras que “chocolate” domina la cara del paquete. Esto no es ilegal, porque el CAA lo permite, pero es como mínimo desleal en la forma de presentar la información al consumidor.

Un inocente alfajor

La lista de ingredientes de los alfajores en el ranking de más vendidos es muy parecida. El Fantoche triple, por ejemplo, tiene 29 g de azúcar y 13 g de grasa por unidad de 85 gramos. Además de azúcar de caña tiene jarabe de maíz de alta fructosa y miel. Como materia grasa, oleomargarina o grasa vacuna refinada, según la variedad. Todo eso sin entrar a la lista de ingredientes del relleno (de dulce de leche, con azúcar y glucosa) ni del baño de repostería.

Las distintas marcas varían entre aceite de palma o aceite vegetal (la ley no obliga a precisar dentro de las grasas vegetales cuál se utiliza), grasa vacuna refinada, jarabe de maíz de alta fructosa, cacao en polvo, emulsionantes como monoglicéridos y diglicéridos de ácidos grasos, lecitina de soja, humectantes como el sorbitol, y conservantes como el sorbato de potasio. Una formulación que reúne varias de las características que definen a un ultraprocesado según el sistema de clasificación NOVA: abundancia de ingredientes que nunca se usarían en cocinas domésticas, aditivos con función tecnológica o sensorial, y elaboración industrial destinada a maximizar consumo.

El aceite de palma aparece en múltiples vectores dentro de un mismo producto. En el Guaymallén, el alfajor más vendido del país según la Unión de Kiosqueros, los emulsionantes E471 y el E472e son en general derivados del aceite de palma o de otros aceites vegetales similares. El jarabe de glucosa, cuyo consumo elevado está vinculado a posibles trastornos metabólicos, es una forma de azúcar muy cuestionada y frecuente en ultraprocesados por su bajo costo y alta conveniencia.

Los adolescentes y los sectores más vulnerables son quienes más consumen este producto, un hábito que, según expertos y estudios de UNICEF y FIC Argentina, está asociado a un mayor riesgo de malnutrición por exceso y al desplazamiento de alimentos más nutritivos

Malnutrición por exceso, un problema de salud pública

La Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, aprobada en octubre de 2021, establece que los productos procesados y ultraprocesados con excesos de azúcares añadidas, sodio, calorías, grasas totales y/o grasas saturadas deben llevar octógonos negros de advertencia en su cara principal. Los alfajores, en su enorme mayoría, cumplen esos umbrales: suelen acumular dos o tres sellos.

Los principales consumidores de alfajores son adolescentes y jóvenes adultos de entre trece y veintidós años, y el 50% de la demanda se concentra en el Área Metropolitana de Buenos Aires. En un país en crisis económica, los sectores más vulnerables participan cada vez más a menudo de un fenómeno alimentario propio: la malnutrición a base de alimentos ultraprocesados hipercalóricos, azúcarados e hipergrasos. “La malnutrición por exceso define un consumo cotidiano de calorías por encima de las recomendaciones generales planteadas en las Guías Alimentarias para la Población Argentina. En nuestro país, está fuertemente asociada a la ingesta excesiva de comestibles ultraprocesados”, explicala Lic. en Nutrición (FBCB- UNL) y Profesora de Biología Andrea Altamirano Facino. “Si bien es una tendencia extendida en la población general, se ha observado una prevalencia muy marcada en los estratos sociales más vulnerables. El consumo elevado de ultraprocesados no sólo influye en la cantidad total de calorías ingeridas, sino que también desplaza la ingesta de alimentos más nutritivos. Muchas veces, esta tendencia provoca déficits de micronutrientes (minerales y vitaminas indispensables para el buen funcionamiento de nuestro organismo)“.

REPORTE DE RESULTADOS 2023 – Situación alimentaria  de niños, niñas  y adolescentes  en Argentina. Comparación de la situación actual con lo que proponen las GAPA (Guías Alimentarias para la Población Argentina)

Según una investigación conjunta de FIC Argentina y UNICEF Argentina, “El alto consumo de productos ultraprocesados atraviesa a toda la población infanto juvenil. Estos productos son la base de la alimentación de niños, niñas  y adolescentes, representando  más del 35% del aporte  calórico diario.” Concluye Altamirano: “El consumo de las versiones ultraprocesadas de estas preparaciones limita por completo la soberanía y autonomía de las personas consumidoras, ya que no existe incidencia alguna en la selección de las materias primas utilizadas para su elaboración. Además, generan una desconexión de las sensaciones de hambre y saciedad”.

Los hábitos vinculados a la malnutrición se relacionan también con enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas diabetes, hipertensión y obesidad. En Argentina, los tres factores de riesgo más asociados a la mortalidad son precisamente hipertensión, hiperglucemia en ayunas y sobrepeso.

Un dato contundente que no deja lugar a dudas sobre la importancia de evaluar mejor el escenario y gestionar políticas públicas útiles al respecto: el mismo informe de FIC y Unicef muestra que los adolescentes de hogares de nivel socioeconómico más bajo tienen un 58% más de probabilidad de malnutrición por exceso respecto a los de hogares más altos. Según un estudio realizadopor Ibope Argentina, TGI (Argentina 2004 2), “los niños y jóvenes de entre 12 y 19 años dan cuenta del 24% del total” de esos 12 millones de alfajores vendidos cada día. Personas humildes a edades tempranas: ése es el perfil de quienes cargan con las consecuencias sobre su salud.

Fecha de publicación: 30/06, 8:20 am

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