Tras encabezar una arenga ante su gabinete, el presidente Javier Milei pareció quedar una vez más poseído por una convicción inquebrantable: la de que los economistas, el periodismo y buena parte de la opinión pública observan una crisis económica donde él, por el contrario, ve una realidad diametralmente opuesta.
En ese marco, la discusión política derivó en cuestiones que parecen secundarias pero que terminan marcando el tono de la época. ¿Debe o no el presidente tener empatía con la situación adversa que atraviesan muchos argentinos? Según lo trascendido de aquellos encuentros de equipo, el mandatario sostiene que la empatía representa un rasgo explícito de populismo. Resulta una paradoja llamativa en alguien que apela de manera constante a rasgos populistas en otras materias, fundamentalmente en el plano político y en sus modos. Bajo su doctrina de “al populismo no se le gana con más populismo”, la consigna del Ejecutivo es clara: empatía cero y malos modales.
Del salvataje de deudores a la confusión técnica
Esta postura inflexible se tradujo de forma concreta en el rechazo rotundo a cualquier medida de alivio económico o salvataje estatal para los deudores castigados por el escenario actual. La discusión sobre si el Estado debe intervenir o si es un asunto estricto entre privados —una postura hacia la cual me inclino, entendiendo que el compromiso atañe a deudores y bancos— fue transformada por el propio Presidente en una especie de drama conceptual.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
El problema central no radica únicamente en la negativa a intervenir, sino en la obsesión oficial por negar la problemática mediante ciertos malabarismos estadísticos. En recientes declaraciones periodísticas, el Presidente recurrió a planteos técnicamente confusos al equiparar el endeudamiento con la mora.
No es lo mismo el nivel de crédito que el incumplimiento del pago. El crédito en el mundo: Es verdad que en países como Estados Unidos o Chile el endeudamiento representa porcentajes altísimos del PIB, sostenido por un sistema donde la gente vive a crédito (desde la vivienda hasta los electrodomésticos) basándose en la rigurosidad del scoring. El dato erróneo sobre la mora: El presidente sugirió que la mora en Estados Unidos alcanzaba el 10%, un dato incorrecto. Tal como precisó un riguroso análisis de la periodista Sofía Diamante, la mora efectiva roza el 1% en aquel mercado, donde quien no paga queda automáticamente marginado del sistema.
Confundir la expansión del crédito con el incremento del incumplimiento refleja una prestidigitación con los números destinada a justificar que en Argentina “no hay tal cosa como la mora”, atribuyendo el debate público a una suerte de conspiración.
El “Efecto Beto Casella” y la mirada micro de la macroeconomía
En su afán por respaldar el relato de la bonanza, el oficialismo se ha aferrado en los últimos días a lo que humorísticamente se conoce como el “Efecto Beto Casella”. A raíz de las observaciones televisivas del conductor —y de otros comensales sobre la multitud que colma los teatros porteños y los restaurantes—, el Gobierno tomó ese dato cierto para postular que la crisis económica no existe.
Resulta un método cuando menos llamativo que economistas teóricamente sofisticados juzguen el estado general de un país examinando el movimiento de quince cuadras porteñas, entre la avenida Corrientes, Callao y Maipú. Como bien señalaba el empresario teatral Carlos Rottenberg en una reciente entrevista, la cartelera porteña es gigantesca y comparable a plazas como Londres o Nueva York: las obras de gran nivel con figuras taquilleras siempre van a llenar, mientras que otras estarán vacías. Que la calle Corrientes esté concurrida no explica el rumbo de la economía de una nación.
Con Mirtha, Casella y Francese hablaron de “teatros que explotan de gente” y Milei aplaudió en redes
Luces y sombras en los indicadores
El panorama económico real muestra una heterogeneidad que trasciende la simplificación presidencial: Índice de Confianza en el Gobierno: El indicador elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella arrojó un salto positivo del 6%, un dato que el oficialismo esperaba con atención y celebra con justa razón. El frente cambiario: El tipo de cambio ha mostrado un movimiento moderado dentro de parámetros no gravosos, aunque la suba del riesgo país enciende luces de alerta en el mercado. La recesión industrial: Por el lado de la economía real, el indicador de la Unión Industrial Argentina (UIA) y la producción fabril continúan mostrando un declive preocupante, acumulando caídas del 2% en lo que va del año.
La insistencia en negar la mora y ampararse en el dinamismo de diez o quince cuadras de la Capital Federal para validar el éxito de un plan económico demuestra la preferencia del Gobierno por el relato por sobre la complejidad. En la Argentina real, la calle Corrientes explota, la industria cae y las deudas se acumulan. Ignorar las diferencias entre endeudamiento y morosidad no hace que los vencimientos desaparezcan.
MEG