El despiste de Verstappen ocurrió en el tramo inicial de la competencia, en un momento crítico donde las cambiantes condiciones climáticas y la falta de adherencia del trazado complicaron severamente el rendimiento de los neumáticos.
Tras el violento golpe, que mantuvo en vilo a los miles de fanáticos vestidos de naranja, el piloto logró abandonar el habitáculo por sus propios medios y caminando. Sin embargo, la violencia del impacto contra el muro de contención dejó su auto severamente dañado en la suspensión y la parte lateral, anulando cualquier chance de reincorporarse a la competencia en su propia casa.
La organización de la Fórmula 1 determinó la interrupción inmediata de la prueba mediante la bandera roja, una medida necesaria para que los comisarios de pista pudieran retirar el vehículo accidentado con seguridad y reparar a contrarreloj las barreras de contención que absorbieron la energía del choque.
El abandono temprano del vigente campeón mundial sacudió por completo el desarrollo del Gran Premio de Zandvoort, donde el público local esperaba una fiesta absoluta y ver a su ídolo defender con éxito el liderazgo del campeonato mundial de pilotos.