“El Enviado”, la propuesta de Ale Orlando para repensar la política sin grietas

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“El Enviado”, la propuesta de Ale Orlando para repensar la política sin grietas

El personaje principal de este relato no es una figura ajena para el público cordobés. Se trata de Malaquías, un profeta bíblico, inmortal y fracasado, cuyo origen se remonta a la etapa posterior a la pandemia. “Estrené a Malaquías después de la pandemia en un unipersonal que se llamaba ‘XXXI Sexo, Humor y Rock and Roll’. Duraba 10 minutos y tuvo una empatía maravillosa con el público desde el primer momento”, recuerda el actor sobre los primeros pasos de una criatura escénica que hoy cobra dimensión propia.

Esa recepción inicial fue el cimiento sobre el cual se construyó una dramaturgia orientada a abordar un tema complejo y necesario. “Desde hace mucho tiempo que yo tenía ganas de hablar de política. Me parece interesante, desde un lugar de absoluta humildad y desde un lugar personal, tratar de ocupar ese lugar, porque creo que el humor político que se hace últimamente es puramente partidario, de un lado y del otro”, señala Orlando al evocar la figura de Enrique Pinti como un referente en la materia.

Un camaleón frente a los vaivenes nacionales

El engranaje del unipersonal sostiene su comicidad en la capacidad del protagonista para adaptarse al contexto de cada época. Al igual que Leonard Zelig, aquel célebre personaje cinematográfico de Woody Allen que se metamorfoseaba adoptando la forma de quien quisiera, el profeta adopta de inmediato las contradicciones de la idiosincrasia local para sobrevivir a las distintas etapas gubernamentales.

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“El loco pisa la Argentina y ya toma el gen nacional y el tipo es absolutamente oficialista. Todo el tiempo está siendo oficialista. El personaje se mueve como pez en el agua en esta historia que él cuenta porque fue enviado para eso, para contarle al espectador esta historia. Entonces sube Perón y es peronista a morir, pero lo derrocan y el tipo se convierte en el facho más hijo de puta de la historia. Y no hay problema, porque después vuelve (Arturo Umberto) Illia”, explica el dramaturgo sobre el recurso narrativo elegido para recorrer el arco institucional que va desde Bernardino Rivadavia hasta Javier Milei.

El proceso creativo demandó una labor minuciosa de escritura y ensayo en soledad, prescindiendo por primera vez de una dirección externa. “Es la primera vez que no me dirige un director. Sentía que iba a ser más un palo en la rueda tratar de transmitirle todo lo que estaba en mi cabeza desde un lugar teatral y todo lo que estaba en la dramaturgia del espectáculo”, fundamenta el artista, quien respaldó la puesta en escena con un soporte audiovisual diseñado para acercar las figuras históricas a los espectadores.

La memoria entre el respeto y la emoción

A lo largo de la función, la trama transita momentos clave donde la sátira da paso al respeto por los acontecimientos más trágicos de la historia contemporánea. En efecto, el tratamiento de la última dictadura militar implicó una construcción escénica cuidadosa, donde la palabra y los símbolos cobran un sentido profundo antes de retomar el hilo de la comedia.

“Siempre supe que con eso no se jode y yo quería que fuera algo simbólico, por eso aparece Ale Orlando y no Malaquías leyendo parte de la historia. Uno, con mucho respeto, prende una vela por todos los desaparecidos, por todos los muertos durante la dictadura militar, que obviamente va unida con el único discurso que pongo, que es el de Alfonsín”, relata sobre la transición técnica que permite abordar los períodos más oscuros sin perder la empatía con el público.

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Posteriormente, el texto reencauza la narrativa hacia los años de la joven democracia, exhibiendo cómo el entusiasmo popular renace frente a cada nuevo proceso electoral, a pesar de las crisis recurrentes. “Yo lo que digo en la escena final es que soy un convencido de que ningún partido político es más importante que la bandera que nos representa a los 48 millones de argentinos que somos. Nos ilusionamos venga el que venga; porque cuando uno no está a favor de la grieta, se ilusiona, no le queda otra”.

El escenario como refugio inalterable

El recorrido musical de la obra combina piezas de rock internacional con momentos emblemáticos del cancionero popular argentino, como Inconsciente colectivo de Charly García o Héroes de Malvinas (Ciro y los Persas), para acompañar el devenir de las emociones en la sala. Una combinación que se sabe disruptiva y que busca interpelar a distintas generaciones sobre la capacidad de resiliencia de la sociedad.

Frente a los cambios en el consumo cultural y los desafíos productivos que atraviesa el sector independiente, la propuesta reafirma la vigencia del encuentro presencial. “El teatro siempre vive en crisis, desde la época de los griegos. Pero todas las modas van a pasar y el teatro siempre va a quedar porque es la única cosa que es un hecho absolutamente vivo e imperfecto”, reflexiona Orlando sobre una labor que lo mantiene con múltiples obras en cartelera y la mirada puesta en la respuesta del público.

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