El veranito cambiario parece extenderse también en abril. El viernes, el dólar cerró en $1.395 en los bancos, con lo que acumula una baja de casi 6% desde que empezó el año. En la City creen que este mes jugarán dos fuerzas opuestas en este mercado: por un lado, ven señales de reactivación de la demanda, pero al mismo tiempo la esperada liquidación del agro puede ser suficiente por el lado de la oferta para mantener el tipo de cambio a raya.
La pregunta de los analistas es si en estos niveles, el dólar ya encontró un piso o si el peso tiene margen de seguir apreciándose. Las compras del Banco Central, que ya suma más de US$1.000 este mes y que permitió que de enero a abril la autoridad monetaria consiga más del 50% del monto objetivo que se había planteado para este año, podrían servir para morigerar en parte la caída del precio del dólar.
“A pesar de las menores tasas de interés en pesos y de los pagos de dividendos al exterior (US$1.000 millones en marzo), todavía no se ha visto que la mayor demanda de dólares haya movido al tipo de cambio; en parte por la mayor oferta del agro y dólares financieros, que ayuda a compensar”, afirmó Fernando Marull.
“De todas formas, están empezando a verse algunas señales de suba de importaciones, de la mano con el repunte de la actividad en las últimas semanas (subieron las importaciones a Brasil)”. añadió Marull.
Redondeó. “Seguimos esperando que la oferta que generará el agro y la financiera sea suficiente para compensar también la mayor demanda por importaciones, dividendos. Así esperamos que el dólar continúe estable, y que el Central siga sin mayores problemas para comprar reservas”.
La aceleración de las compras del BCRA de las últimas ruedas podría gatillar a su vez un desembolso del FMI que serviría para fortalecer más a las reservas del Central. “El ritmo actual sugiere un cumplimiento temprano de la meta con el FMI, lo que mejorará gradualmente la calificación crediticia del país y reducirá el Riesgo País, facilitando un eventual regreso a los mercados voluntarios de deuda”, señalaron en la consultora Epyca.
“Esto otorgará previsibilidad financiera en el corto plazo y reducirá el problema político: el FMI está hoy demorando la aprobación de la segunda revisión del programa en curso con Argentina. Si se aprueba, podría girar US$ 1.000 millones más al BCRA, que servirían en parte para pagar los vencimientos por US$ 4.400 millones que tenemos con el FMI en lo que queda de 2026″, sumaron.
El Central dio a su vez una nueva seña al desmantelar el jueves pasado una batería de restricciones de acceso al mercado de cambios que quedaban pendientes luego de anunciar el “fin del cepo”, un año atrás.
Al mismo tiempo, la caída del dólar convive con una nueva ronda de baja de las tasas en pesos y una mayor búsqueda de cobertura anti inflacionaria por parte de los inversores, que estarán atentos al dato que publique el INDEC esta semana sobre lo ocurrido en marzo.
“El contexto de flujo de dólares –impulsado inicialmente por la cosecha fina y las colocaciones de deuda en el exterior, y ahora continuado con el inicio de la cosecha gruesa– permite la coexistencia de tasas reales negativas y un tipo de cambio estable, con tendencia a la apreciación real”, señalaron en IEB.
Y recordaron:”En el pasado, bajo unas mismas condiciones monetarias, una baja en la tasa de interés (aumento de la liquidez) correspondía con un aumento del tipo de cambio y viceversa, escenario que no está sucediendo ahora”.
Con este panorama, la pax cambiaria podría extenderse mientras persista el flujo positivo de dólares hacia la economía. “Una vez agotado el flujo transitorio de dólares y de cara al escenario electoral de 2027, la dinámica macroeconómica quedará sujeta a las decisiones del “policymaker” (los hacedores de políticas).
“En particular, si se mantiene el actual nivel de tasas en ausencia de nuevos flujos, es esperable una suba del tipo de cambio junto con una desaceleración del proceso desinflacionario, aunque con un menor impacto sobre la actividad”, añadieron los analistas de IEB.