La agenda legislativa de Federico Sturzenegger quedó en suspenso tras el traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Los proyectos que ya cuentan con media sanción, como la Ley Hojarasca, seguirán su recorrido en el Congreso. Pero el resto del temario del Ministerio de Desregulación entró en modo “pausa”.
Según pudo saberse, el único proyecto que en lo sucesivo ingresará bajo la autoría formal de la cartera de Sturzenegger es el de Mercado de Capitales, en el que trabaja especialmente el secretario de Desregulación, Alejandro Cacace. La Mesa Política todavía no definió por qué Cámara entrará.
En ese contexto, Karina Milei pretende que de ahora en más todos los proyectos que impulse Sturzenegger pasen antes por las manos de Diego Santilli y de la Mesa Política. La decisión no es menor: implica un control más estricto sobre los tiempos y el contenido de cada iniciativa antes de que llegue al debate legislativo.
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En el ala karinista admiten, puertas adentro, que las “reformas de largo plazo” que impulsa Sturzenegger le complicaron el horizonte de mediano plazo al Gobierno. La lectura es que el ministro suele convencer a Milei de embarcarse en proyectos que después resultan difíciles de aprobar en el Congreso, y que terminan consumiendo capital político innecesario.
El malestar, sin embargo, no se limita a la agenda legislativa. Según trascendió, varios ministros y secretarios mastican bronca por lo bajo contra “el Coloso”, el apodo con el que se refieren a Sturzenegger puertas adentro del Gabinete. No es un síntoma nuevo: atraviesa distintas áreas del Gobierno desde hace meses, en particular por los recortes y podas de recursos y de personal que Sturzenegger diseña, no solo en ministerios y secretarías sino también en organismos descentralizados.
En el Ministerio de Desregulación se atajan. Sostienen que “siempre están en revisión” y que en muchos casos prima el sentido de oportunidad política a la hora de avanzar con una iniciativa. “Somos una usina de proyectos constantes”, deslizan y explicaron: “hay sobreinterpretación de los periodistas”.
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Pese al respaldo que todavía conserva de Milei, cada nuevo paso desregulatorio del ministro será, de ahora en más, más controlado. Deberá pasar por la Mesa Política y evitar que complejice la discusión legislativa, en momentos en que el Gobierno tiene pendientes temas sensibles como la reforma política y la ley de “zonas frías”. Tras el traspié de la semana pasada en el Senado, la eliminación (o suspensión) de las PASO se transformó en un punto clave.
El desgaste también se nota puertas afuera. Hay aliados provinciales que ya tienen a Sturzenegger en la mira. Es el caso de los legisladores misioneros, que no le perdonan la desregulación del INYM, el Instituto Nacional de la Yerba Mate que puso a los productores en una situación de extrema fragilidad económica. Algo similar ocurre con los mendocinos, que miran con recelo al funcionario que desmanteló la Coviar, el organismo regulador del sector vitivinícola.
La pregunta que empieza a circular en los despachos de la Rosada es hasta cuándo el Gobierno está dispuesto a sostener el costo político de la agenda desregulatoria de Sturzenegger, y si ese cálculo puede cambiar de cara a lo que viene en el Congreso.
En la última conferencia de prensa, el vocero Adrián Ravier se vio forzado a ratificar que Sturzenegger sigue en su cargo.
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