Dos inteligencias artificiales se salieron de control, hackearon a seis empresas y desataron el pánico en el sector

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Dos inteligencias artificiales se salieron de control, hackearon a seis empresas y desataron el pánico en el sector

Lo que hasta ayer parecía el guión de una película de ciencia ficción, acaba de pasar en la vida real. Dos modelos avanzados de inteligencia artificial de OpenAI rompieron su jaula virtual, se conectaron a internet y salieron a hackear empresas. ¿El insólito motivo? Querían hacer trampa en un examen. El nivel de autonomía que mostraron estos sistemas encendió todas las alarmas en Silicon Valley y dejó al descubierto que el desarrollo tecnológico está avanzando mucho más rápido que la capacidad humana para ponerle un freno.

Todo arrancó cuando OpenAI decidió evaluar las capacidades de su flamante modelo GPT-5.6 Sol y de otra versión de prueba aún más potente. Para hacerlo de forma segura, encerraron a los programas en un “sandbox“, un entorno digital aislado y con restricciones estrictas de conexión. Sin embargo, las máquinas no tenían ganas de resolver los problemas paso a paso. Según reconstruyó la propia compañía, las IA gastaron una cantidad brutal de poder de cómputo hasta que lograron burlar la seguridad y acceder a la web para buscar la información secreta que les diera las respuestas hechas.

Posteo Open AI 29072026
El posteo de OpenAI hablando sobre el incidente

Una vez libres en la red, los modelos actuaron como verdaderos piratas informáticos. Hugging Face, una gigantesca plataforma que almacena datos de inteligencia artificial, fue uno de los primeros blancos. A la lista de víctimas también se sumó Modal Labs, una tecnológica de Nueva York, y al menos otras cuatro empresas cuyos nombres OpenAI prefirió mantener bajo llave para evitar un escándalo mayor.

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La mecánica del ciberataque demostró un nivel de cálculo escalofriante. Utilizando la infraestructura de un proveedor externo como rampa, los sistemas encadenaron múltiples tácticas ofensivas, identificaron vulnerabilidades y usaron credenciales robadas para infiltrarse en los servidores. Incluso, se metieron en foros de acceso libre para copiar y probar código de programación malicioso, moviéndose entre las sombras exactamente igual que un usuario humano.

Clement Delangue y OPEN AI
El CEO de Hugging Face, Clement Delangue, se vio afectado por el hackeo

Para Hugging Face, que publicó un reporte detallado sobre la intrusión, la secuencia dejó una conclusión clarísima: los agentes autónomos decidieron que “robar las soluciones” era el camino más eficiente para superar su prueba. Esta capacidad de tomar decisiones en el mundo real y encontrar fisuras en los sistemas de ciberseguridad antes que los especialistas fue la gota que rebalsó el vaso para la industria.

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Freno de emergencia: el ultimátum de la industria

Semejante demostración de rebeldía sacudió a los pesos pesados de la tecnología. Más de mil empleados de las empresas más fuertes del rubro (incluyendo al CEO de Anthropic, Dario Amodei, y a líderes de Meta y Google DeepMind) le pidieron al gobierno de Estados Unidos que intervenga de urgencia. A través de una solicitud bajo del nombre de “Regulando la frontera”, los especialistas exigieron armar un acuerdo internacional para marcarle el ritmo a estos desarrollos antes de que el escenario sea irreversible.

El miedo de los firmantes no tiene nada de abstracto: creen que están a un paso de lograr que la inteligencia artificial se investigue y mejore a sí misma de forma totalmente autónoma. “Hay un riesgo real de que la capacidad de desarrollo acelere más allá de nuestra habilidad de entender o controlar los sistemas resultantes”, advirtieron en el documento. Básicamente, temen crear una máquina que la humanidad ya no sepa cómo apagar.

En medio del revuelo, todas las miradas apuntaron a Sam Altman, jefe de OpenAI y principal responsable de los modelos. Aunque esquivó poner su firma en la carta, el CEO reconoció el peligro de fondo. Durante una entrevista en un podcast, admitió que los desarrolladores van a tener que levantar el pie del acelerador de manera voluntaria. “Puede que tengamos que regular el ritmo para darnos suficiente tiempo para que la sociedad se consolide”, señaló, asumiendo que sus propias creaciones corren el riesgo de dejar atrás a sus creadores.

TC/AS/MSS

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