El fenómeno climático de El Niño avanza con fuerza sobre la región y los expertos prevén que su impacto se agudice durante el último trimestre del año. Los meteorólogos y gestores de riesgo de la cuenca del Plata siguen de cerca la evolución de las variables atmosféricas, que muestran un escenario complejo para las provincias del noreste argentino y los países limítrofes. El director regional para las Américas de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Julián Báez Benítez, detalló que el fenómeno se encuentra en pleno desarrollo y que las proyecciones indican una consolidación de su intensidad para los próximos meses.
Báez Benítez fue categórico al describir el panorama actual: “El Niño está en franco desarrollo a incrementarse inclusive. Ya estamos ante un evento de El Niño actualmente, pero sí hay bastante probabilidad de que esto se intensifique y sea un Niño muy fuerte”. El especialista comparó la situación con eventos históricos que dejaron huellas profundas en la región y señaló que el escenario actual es “similar a los que tuvimos en el 2015, también el muy parecido al del 97-98, que en esta región en particular tuvo impactos bastante fuertes en términos de precipitación intensa”.
La preocupación de los expertos no se limita únicamente a la cantidad de agua acumulada, sino a la forma en que se presentarán las precipitaciones en un contexto de calentamiento global. El director regional explicó que la interacción con el cambio climático potencia los efectos del fenómeno, lo que se traduce en un incremento de la temperatura del planeta y hace que “todos estos sistemas se vuelven más intensos aún”. En ese sentido, anticipó que las expectativas para el trimestre integrado por octubre, noviembre y diciembre son de mucha lluvia, con “muy probable consecuencias en los ríos Paraná, Uruguay, Paraguay también con aumentos en los niveles del río”.
El desafío de los eventos extremos a corto plazo
El comportamiento de las tormentas cambió en los últimos años y los especialistas técnicos del sector observan con preocupación la concentración de las lluvias. El productor agropecuario y los planificadores urbanos enfrentan hoy el reto de escurrir caudales inéditos en lapsos temporales muy breves. Para Báez Benítez, este es el nudo del problema: “Yo creo que ese es el mayor desafío y lo que más va a ocurrir. Estamos observando en estos últimos años que las precipitaciones son cada vez más intensas, es decir, mucho volumen en poco tiempo”.
Esta dinámica de lluvias concentradas no llega sola, sino acompañada de fenómenos meteorológicos severos que golpean tanto a las ciudades como a las economías regionales. El referente de la OMM advirtió que la inestabilidad “puede traer consigo todas las consecuencias de una tormenta: granizos, vientos muy fuertes, eventualmente tornados, o microdescendentes”. Estos eventos resultan “muy perjudiciales, especialmente para las áreas urbanas, y también para el campo, porque al final de cuentas una granizada o un tornado puede generar mucho daño a los cultivos también”.
Frente a esta amenaza, el funcionamiento de los sistemas de prevención locales se vuelve una herramienta indispensable para mitigar los daños materiales y salvar vidas. El especialista analizó que la infraestructura de medición en la región es adecuada, pero que persisten fallas en la cadena de toma de decisiones. Báez Benítez remarcó que “los sistemas de alerta temprana en Argentina y en nuestra región en general están desarrollados”, aunque advirtió sobre un cuello de botella institucional: “Muchas veces lo que falla es la articulación interinstitucional”.
Para superar este obstáculo, el director regional propuso trabajar sobre los cuatro pilares fundamentales de la prevención, que incluyen el conocimiento del riesgo, la vigilancia técnica, la difusión y la capacidad de respuesta. El técnico insistió en que los organismos científicos generan el insumo básico, pero que “esto después no se traduce en acciones en terreno o en la comunidad para mitigar los impactos de estos eventos extremos”. En esa línea, recordó que el rol de los meteorólogos es delimitar las amenazas, pero que resulta vital la participación de la sociedad civil y de entidades como la Cruz Roja para la etapa posterior, ya que “estos eventos climáticos no los podemos modificar”.
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El consenso científico frente a la discusión política
La recurrencia de fenómenos extremos reavivó el debate público sobre la existencia del calentamiento global, una discusión que muchas veces se traslada a los medios y a la arena política con posturas encontradas. Sin embargo, los investigadores del clima sostienen que el debate ya no forma parte de la agenda de los laboratorios ni de las universidades. Báez Benítez aclaró el panorama y afirmó que “la academia siempre tiene espacio para la duda. Pero hay mayor consenso por las observaciones que se tienen”.
El especialista fundamentó la postura de la comunidad científica internacional en el rigor de las mediciones físicas acumuladas durante las últimas décadas. Según indicó, “especialmente en términos de las mediciones de temperatura y la concentración de gases de efecto invernadero, es indudable que hay aumentos y estamos observando que las temperaturas medias del planeta, en general, todos los años están teniendo valores positivos”.
Finalmente, el director de la OMM diferenció la solidez de los datos empíricos de las disputas de intereses que se generan en otros ámbitos de la sociedad civil. Explicó que “la discusión política sin duda puede darse, porque tiene muchos impactos económicos y sociales hablar de cambio climático”. Por este motivo, concluyó que la tarea de los investigadores es mantener la neutralidad: “Desde el lado de la ciencia tratamos de mantener eso, la ciencia, una objetividad basado en datos e informar. Qué se hace después es ya una decisión de cada estado, de cada país y de cada gobierno también”.