Perfil acaba de demandar ante la Justicia argentina a OpenAI y Microsoft. Perfil es el primer medio hispanoparlante en presentar una demanda de esta índole, pero no es un caso aislado. The New York Times, Folha de São Paulo y otros medios ya iniciaron sus propias batallas.
La demanda es por el uso no autorizado de sus contenidos periodísticos, que fueron utilizados para entrenar y desarrollar sistemas de inteligencia artificial sin autorización ni compensación económica, además de explotar comercialmente este robo, algo que impacta sobre el tráfico en Internet de los medios.
Ayer trascendió además la noticia de que el diario brasileño Folha de São Paulo demandó a la empresa de inteligencia artificial Perplexity. La acusa de competencia desleal, violación de derechos de autor y uso no autorizado de sus contenidos. El medio sostiene que la plataforma evita sus muros de pago y copia artículos sin pagar por ellos.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Folha pidió que Perplexity deje de recolectar y reproducir sus notas. También reclama una indemnización y que se destruyan los modelos de IA entrenados con su archivo. El diario ya había demandado a OpenAI, pero en mayo llegó a un acuerdo comercial con la empresa para el uso pago de sus noticias.
Folha solicitó, además, la destrucción total de los modelos de inteligencia artificial de Perplexity que hayan sido entrenados utilizando su archivo periodístico protegido.
El conflicto dejó de ser solamente por el copyright. Ahora también está en juego la supervivencia del periodismo como lo conocemos en la nueva economía de la información. Ya no se trata de quemar información, sino de multiplicarla hasta el infinito y destruir las bases de la información fiable.
Las empresas de inteligencia artificial necesitan enormes cantidades de textos para entrenar sus modelos, pero al mismo tiempo debilitan los fundamentos que permiten crear esa información.
Por qué Perfil decide luchar contra el robo de OpenAI y Microsoft
La información nunca circuló a una escala tan grande como hoy. En abril de 2026, más de 6.100 millones de personas utilizaban Internet y casi 5.800 millones tenían presencia en redes sociales. A eso se suma la expansión acelerada de la inteligencia artificial generativa: se estimaban unos 2.400 millones de usuarios activos de estas herramientas. El acceso al conocimiento es masivo, pero también lo es el poder de quienes controlan las principales puertas de entrada a ese conocimiento.
Durante las últimas dos décadas, buena parte de la distribución de la información quedó concentrada en unas pocas plataformas. Google organiza gran parte de las búsquedas. Meta concentra Facebook e Instagram. Microsoft tiene Bing y Copilot. Y ahora OpenAI disputa el lugar de intermediario con ChatGPT. El usuario ya no necesariamente llega al medio: muchas veces la plataforma selecciona, ordena, resume o directamente responde por él. La incorporación de respuestas generadas por IA en los buscadores profundiza ese cambio y reduce los incentivos para hacer clic en la fuente original.
El conflicto también puede leerse en una dimensión política. Perfil mantiene desde hace años un enfrentamiento con Javier Milei, que sostiene slogans como “no odiamos lo suficiente a los periodistas”, y cree que los medios pueden sustituirse por las redes sociales.
Un gobierno que reivindica el anarcocapitalismo y la reducción del poder regulador del Estado es representante ideológico de empresas tecnológicas globales cuya escala económica les permite operar más allá de las fronteras y desafiar, de hecho, las reglas nacionales. A tal punto que las ideas anarco capitalistas de destrucción del Estado tienen gran penetración entre los representantes de estas empresas.
Pero si el Estado, el Poder Judicial también es parte del Estado, renuncia a intervenir para proteger derechos, propiedad intelectual y diversidad informativa, el mercado no necesariamente produce más libertad: puede producir mayor concentración y degradar la calidad de la información para los ciudadanos. Las grandes plataformas tienen capital, infraestructura y alcance global para imponer nuevas reglas de circulación de la información. El desafío que plantea Perfil excede entonces su propio conflicto con OpenAI y Microsoft: quién establece las reglas de la economía digital y qué capacidad conserva un país para hacerlas cumplir cuando las empresas que concentran ese poder operan a escala mundial.
En un reciente artículo publicado en Perfil.com, Agustino Fontevecchia explicó los motivos detrás de la decisión de Editorial Perfil de demandar a OpenAI y Microsoft, presentada el 24 de agosto de 2026 ante la Justicia Civil y Comercial Federal.
Nuestra empresa no solo busca una reparación por el uso que las compañías de inteligencia artificial hacen de material protegido por propiedad intelectual sino abrir un camino para todas los productores de contenidos periodísticos de Argentina. Perfil intentó previamente alcanzar un acuerdo con OpenAI, pero no prosperó.
Veamos un pequeño video realizado por el equipo Multimedia, en el que Agustino explica esto mismo:
El problema no se limita al entrenamiento inicial: también existe un uso permanente de los contenidos mediante búsquedas y consultas en tiempo real, que puede permitir a los chatbots ofrecer información sin que el usuario visite el sitio que produjo la noticia.
Las demandas de medios contra grandes empresas de inteligencia artificial ya dejaron de ser casos aislados y comenzaron a configurar una disputa global por el valor de los contenidos periodísticos.
A agosto de 2026, existen litigios contra OpenAI, Microsoft, Google, Meta, Anthropic y Cohere, entre otras. Uno de los casos centrales es el de The New York Times contra OpenAI y Microsoft, iniciado en diciembre de 2023. El diario sostiene que sus artículos fueron utilizados sin permiso para desarrollar modelos capaces de generar contenidos que pueden competir con el propio periódico. El conflicto se amplió en junio de 2026, cuando una coalición que representa a casi 400 publicaciones estadounidenses también demandó a ambas compañías por el supuesto scraping sistemático de sus sitios.
La disputa alcanzó además a Google y Meta. En julio de este año, tres grandes empresas editoriales junto con el escritor Scott Turow iniciaron una demanda colectiva contra Google por el entrenamiento de Gemini. En mayo, cinco grandes editoriales demandaron a Meta y Mark Zuckerberg por el uso de millones de libros y artículos para entrenar Llama, su modelo de lenguaje, incluyendo material que, según la acusación, habría sido obtenido de repositorios piratas.
La IA cruzó un límite “inesperado”: OpenAI admitió que uno de sus modelos hackeó otra empresa
El caso contra Anthropic adquirió una dimensión especialmente relevante por su impacto económico: en julio, un juez aprobó definitivamente un acuerdo por US$1.500 millones, que contempla aproximadamente US$3.000 millones por obra infringida para autores y titulares correspondientes.
El dato resulta significativo porque comienza a establecer un posible valor económico de referencia para el uso no autorizado de propiedad intelectual en el entrenamiento de sistemas de IA.
El 24 de agosto apareció otro caso con una particularidad importante: Wikihow demandó a OpenAI en Nueva York y denunció el uso de más de 11.000 de sus artículos, y sostuvo que ChatGPT genera respuestas de tipo “how-to” que pueden competir directamente con su modelo de negocio y quitarle tráfico e ingresos.
Ese último argumento permite entender que la discusión ya no se limita al copyright. Existen, en realidad, dos batallas. La primera gira alrededor del entrenamiento. Las compañías de IA sostienen que procesar grandes cantidades de textos para aprender patrones puede estar amparado por el fair use dentro de la ley norteamericana, mientras que los medios consideran que se está utilizando propiedad intelectual para construir productos comerciales multimillonarios.
La segunda disputa podría ser todavía más profunda: qué sucede cuando la inteligencia artificial reemplaza al medio como destino del usuario de Internet. Durante años, cuando una persona buscaba un resultado en internet, llegaba a las fuentes de la información. Ahora empieza a imponerse otro recorrido: el resultado de la búsqueda es la IA, que responde al usuario en base a la información que tiene sin que exista una visita al medio fuente de esa información.
Para un grupo periodístico, la discusión podría dividirse en al menos cuatro dimensiones económicas: el pago por entrenamiento de archivos históricos, el acceso a contenidos actuales para generar respuestas, la compensación por reproducción significativa y, finalmente, el costo de sustitución del tráfico que antes llegaba al medio.
Esta última cuestión puede terminar siendo la más importante: el verdadero activo de un medio no es solamente su archivo de millones de textos, sino su capacidad de producir información nueva. Y allí aparece la paradoja central de esta transformación: si las empresas de IA sustituyen progresivamente el tráfico de los medios sin contribuir a financiar la producción periodística, podrían terminar debilitando la misma infraestructura de información que necesitan para funcionar.

La famosa novela Fahrenheit 451 debe su título a que esa es la temperatura a la que supuestamente arde el papel de los libros: unos 451 °F, equivalentes a aproximadamente 233 °C.
En la novela de ciencia ficción escrita por Ray Bradbury, los libros están prohibidos y los bomberos ya no se dedican a apagar incendios, sino a provocarlos para destruir ejemplares. El protagonista, Guy Montag, es uno de esos bomberos y durante años cumple su trabajo sin cuestionarlo. Sin embargo, su encuentro con Clarisse, una joven que observa el mundo con curiosidad y se pregunta por qué las personas dejaron de leer, comienza a despertar en él una serie de dudas sobre la sociedad en la que vive.
A medida que Montag se acerca a los libros, descubre que detrás de su prohibición existe una sociedad que privilegia el entretenimiento inmediato, evita el pensamiento crítico y busca eliminar aquello que pueda generar conflicto, incomodidad o cuestionamientos. Montag comienza entonces a conservar libros en secreto y a leerlos, hasta que entra en conflicto con las autoridades y debe huir.
La novela plantea así una advertencia sobre una cultura en la que la información puede ser abundante, pero donde la capacidad de pensar, cuestionar y acceder directamente al conocimiento corre el riesgo de quedar subordinada a sistemas que deciden qué merece ser visto y qué debe desaparecer.
Los libros de Fahrenheit 451 ardían a 451 grados Fahrenheit. Hoy arden las cajas negras y los motores de los enormes modelos de lenguaje, que además de sustituir las fuentes fiables, inundan internet con millones de artículos poco chequeados y fake news.
La comparación con Fahrenheit 451 no implica que las empresas de IA estén literalmente quemando libros ni que el fenómeno sea idéntico al planteado por Bradbury. Aunque sí existen investigaciones que apuntan a que Anthropic, por ejemplo, mantiene grandes depósitos de libros comprados masivamente en segunda mano, a los que se les quita el lomo, escanea y destruye, para alimentar a sus modelos.
Sin embargo, lo que aparece también en el riesgo señalado por Perfil y el NYT: que nuestro trabajo sea absorbido por sistemas de IA y utilizado para generar respuestas y, al mismo tiempo, esos sistemas sustituyendo las visitas a las fuentes originales, genera la paradoja de que una tecnología que necesita enormes cantidades de información para funcionar podría terminar destruyendo a quienes producen esa información, poniendo en riesgo la misma infraestructura periodística y cultural de la que se alimenta.

El editor de The New York Times, A. G. Sulzberger, lanzó una fuerte advertencia a la industria periodística sobre el avance de las plataformas de inteligencia artificial. Sulzberger realizó el discurso el 1° de junio de 2026, durante la apertura del World News Media Congress, organizado por la Asociación Mundial de Editores de Noticias en Marsella, Francia.
Al frente del Times desde 2018, Sulzberger es la quinta generación de su familia vinculada al diario y uno de los principales referentes de la transformación de la compañía hacia un modelo digital basado en suscripciones.
En su discurso, titulado “La IA, el periodismo y el futuro incierto del espacio público”, Sulzberger sostuvo que los medios fueron “demasiado silenciosos, pasivos y fragmentados” frente a las grandes compañías tecnológicas.
Vamos a escucharlo:
Sulzberger dice tres veces “No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras estas compañía desarman el complejo entramado de producción periodística“. En el caso de Perfil seguimos su consejo y no nos quedamos de brazos cruzados.
El cambio de modelo es especialmente preocupante porque el periodismo original es costoso y requiere profesionales que estén en el lugar de los hechos, investiguen, entrevisten, que haya fuentes, verifiquen información y aporten contexto. El New York Times, ejemplificó, produjo casi medio millón de trabajos periodísticos durante 2025, con un costo superior a US$2.000 millones.
En ese sentido, cuestionó que las empresas tecnológicas paguen por los componentes físicos y humanos necesarios para desarrollar IA —ingenieros, chips, centros de datos y electricidad— mientras pretenden obtener gratuitamente otro de los insumos fundamentales: el contenido protegido por derechos de autor.
La advertencia de Sulzberger resume el dilema económico que enfrenta la industria: si la inteligencia artificial captura el valor de las noticias pero no contribuye a financiar su producción, puede terminar destruyendo la infraestructura periodística de la que depende. Su conclusión es contundente: “La información es valiosa. El periodismo es valioso”. Y finalmente esta gente lo está robando.
Durante las últimas décadas los medios ya sufrieron el impacto de plataformas como Google y Facebook, que concentraron buena parte de las audiencias y de la publicidad digital. Ahora, la expansión de la IA agrega una nueva capa al problema: las mismas compañías que utilizan el contenido periodístico para desarrollar sus productos pueden terminar reduciendo el tráfico que sostiene económicamente a quienes producen ese contenido.
La demanda de Perfil abre una puerta para que el periodismo argentino pueda defender el valor de su trabajo frente a la inteligencia artificial. Si la Justicia reconoce estos derechos, como ha hecho en otras partes del mundo, puede sentar un precedente en lenguaje español para que los medios no tengan que elegir entre adaptarse al avance sin restricciones de los monopolios detrás de la IA o desaparecer.
Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira
MEG