Germán Herrera en Radio Up
Las nuevas dinámicas de socialización entre los jóvenes y adolescentes volvieron a encender las alarmas de los analistas y las familias. El concepto de “farmear aura”, una expresión nacida en el universo de los videojuegos que se trasladó a la vida cotidiana de los chicos, expone las transformaciones profundas en la construcción de la identidad de las nuevas generaciones.
Frente a este escenario, expertos en Sociología observan con atención cómo las comunidades digitales ganaron el terreno que antes pertenecía de forma exclusiva a las instituciones tradicionales.
El sociólogo y docente universitario mendocino Germán Herrera analizó el origen y el impacto de esta tendencia. “Etimológicamente el concepto surge del inglés de farm, que significa granja, básicamente es cultivar, acumular, construir, y eso en conjunto con el concepto de aura, que básicamente es carisma, formaron como juego de palabras y es acumular prestigio, acumular gracia, acumular carisma, básicamente”, explicó.
El investigador detalló que la expresión surge de la cultura gamer, es decir, de un ámbito digital, pero que hoy sirve para pensar qué pasa en términos sociales.
La preocupación de los profesionales no radica en la moda en sí, a la que consideran pasajera, sino en el desplazamiento de los espacios de contención históricos. “Los espacios de socialización, de vinculación, donde nosotros crecimos, donde nosotros hicimos nuestras amistades, donde nos formamos, son instituciones más bien tradicionales a esta altura”, afirmó.
El docente enumeró a la escuela, los clubes deportivos, el barrio y el núcleo familiar como esos lugares de referencia que empezaron a perder fuerza frente a la pantalla.
La trampa de las salidas fáciles
La exposición temprana a los dispositivos móviles, que hoy alcanza a niños de apenas dos o tres años, introduce discursos complejos antes de que los menores puedan procesarlos de forma crítica. El especialista en la vida humana en sociedad advirtió que en las redes sociales circulan mensajes vinculados a salidas individuales y económicas que prometen un éxito sin esfuerzo, como las apuestas online o la monetización de la imagen.
El problema de estas promesas de salvación individual, según su mirada, es el choque inevitable con la realidad.
Herrera vinculó de manera directa esta frustración con el alarmante incremento de los problemas de salud mental en la juventud: “No es casual que hay tantos niveles de ansiedad en los jóvenes, tantos niveles de depresión”.
En ese sentido, aportó un dato crudo sobre la realidad nacional: “Se conoció un dato en el mes de julio de este año de que la tasa de mortalidad en los jóvenes de 15 a 24 años en la Argentina, aunque esto también es un fenómeno mundial, es el suicidio. Antes eran los accidentes de tránsito y ahora pasó a ser el suicidio”.
Para el profesional, el aislamiento y la fragmentación social que genera la dinámica digital explican gran parte de este flagelo.
La velocidad de plataformas como TikTok e Instagram acelera los procesos de consumo y descarte, lo que dificulta el aprendizaje duradero y la concentración en las aulas.
Con respecto a este punto, el especialista señaló: “TikTok es una de estas plataformas donde sabemos que uno scrolea, puede estar dos horas, tres horas scroleando videos de fragmentos de 5, 10, 15 segundos”. Dicha práctica, según precisó, genera un bombardeo de información tan vertiginoso que fragmenta la capacidad de comprensión de los usuarios, sin importar su edad.
El rescate del encuentro presencial
A pesar de las señales de alerta, los investigadores encuentran un matiz esperanzador en la forma en que los adolescentes adaptaron el fenómeno de “farmear aura” en su rutina diaria. A diferencia de otras modas puramente virtuales, esta práctica empujó a los jóvenes a salir a la calle y encontrarse cara a cara después del aislamiento que impuso la pandemia de Covid-19.
Para Herrera, este es el aspecto más rescatable de la tendencia actual: “Si hay una característica por lo menos rescatable en esto que está pasando es que haya pibes y pibas que se juntan en una plaza, que conversen, que establezcan reglas y normas para realizar una competencia”.
Ese juego, en definitiva, funciona como una excusa para que los chicos hablen de sus problemas y de sus situaciones familiares.
Frente a la inquietud de los padres, el sociólogo recomendó evitar la descalificación o el enojo y priorizar el diálogo en el hogar para evitar que los algoritmos monopolicen la educación de los chicos. “Nosotros como familia, como personas, como seres humanos, tenemos que priorizar el vínculo comunitario, el vínculo social, el vínculo humano y tratar de entender desde ese lugar a los más jóvenes que están en un proceso de formación”, sostuvo.