El joven arquero misionero Fernando Rodríguez, oriundo de Santo Pipó, dio un paso clave en su carrera al ser promovido como tercer arquero del plantel de Primera División de Boca Juniors, tras una lesión en el equipo. Detrás de este logro, hay años de dedicación, sacrificios y una familia que acompañó cada decisión.
En diálogo con el programa Fórmula Tuerca, que se emite por el streaming de Misiones Online de lunes a viernes a las 19 horas, el papá de Fernando, Rogelio Enrique Rodríguez, repasó el camino recorrido por el joven futbolista, marcado por la constancia y la pasión.
“Gracias a Dios, su esfuerzo y su sacrificio es todo de él. Nosotros lo único que le inculcamos fue el respeto, la humildad y los buenos valores. El resto dependía de él”, expresó, destacando que el mérito es exclusivamente de Fernando.
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Desde muy chico, el arco fue su lugar en el mundo. Según relató su padre, comenzó en el baby fútbol y rápidamente mostró condiciones. “Venía del colegio y, con frío, calor o lluvia, se iba a entrenar. Le gustaba el arco, tenía una técnica muy buena y una gran pegada”, recordó.

Sus primeros pasos lo llevaron por clubes de la provincia, como Sporting y luego Crucero del Norte, donde disputó torneos de AFA durante varios años. Sin embargo, el camino no fue sencillo: implicó viajes, esfuerzos logísticos y decisiones familiares. “Era complicado llevarlo todos los días, tenía que tomar colectivos y caminar, pero él insistía. Siempre quiso ir por más”, contó.
El salto a Buenos Aires llegó en un contexto inesperado: la pandemia. A través del contacto de un amigo y con la guía de un entrenador, Fernando viajó para probarse en Boca. Pero una complicación puso en duda todo: contrajo COVID-19 antes de ser evaluado.
“Lloraba y me decía ‘papá, nadie me probó todavía’. Yo le dije que si era para él, iba a ser”, relató Rogelio. Días después, llegó el llamado que cambió la historia: desde el club pidieron que regresara para ser evaluado. Esta vez, no dejó pasar la oportunidad.
Tras incorporarse a las inferiores, el arquero fue creciendo paso a paso: pasó por la sexta, quinta y cuarta división, donde llegó a ser capitán. Luego dio el salto a la reserva, donde alternó titularidades hasta consolidarse. “Él mismo pidió una oportunidad o iba a buscar otro camino. Confiaba en lo que podía dar”, señaló su padre.
Este año, su esfuerzo comenzó a dar frutos concretos: logró titularidad en reserva, mantuvo varias vallas invictas y fue convocado al plantel profesional, donde ya figura en la lista oficial con el dorsal 47.

El ascenso de Fernando Rodríguez al plantel de Primera de Boca Juniors se da en un contexto particular dentro del club. La grave lesión de Agustín Marchesín, quien sufrió la ruptura de ligamentos cruzados, obligó a reconfigurar el arco xeneize.
Ante este escenario, y según trascendió en el mundo Boca, la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme decidió no salir al mercado en busca de un reemplazo inmediato. Así, con Leandro Brey como nuevo titular y Javier García como alternativa de experiencia, el puesto de tercer arquero quedó disponible y fue ocupado por el joven misionero.
Para su familia y su pueblo, el logro tiene un significado especial. “Fue una alegría enorme. Recibimos miles de mensajes. Es un orgullo, pero siempre decimos lo mismo: el mérito es de él”, remarcó.
Fernando Rodríguez ya empieza a escribir su propia historia en uno de los clubes más grandes del país. Una historia que, como tantas en el fútbol argentino, comenzó con un sueño en el interior y hoy se proyecta en la elite.

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