Viajar se ha transformado para el público argentino en una necesidad vital, un motor de bienestar que trasciende cualquier coyuntura económica y busca experiencias transformadoras. En ese mapa de preferencias, Costa Rica pisa cada vez más fuerte. Con cerca de 37.000 visitantes argentinos registrados el último año y un incremento del 6,7 % en lo que va de esta temporada, el destino se posiciona como el segundo mercado emisor de toda Latinoamérica, sólo por debajo de México. Lejos del clásico esquema de descanso pasivo, la propuesta apunta a recargar energías y conectar de una manera auténtica con el entorno.
Uno de los grandes pilares que diferencia a esta nación centroamericana dentro del turismo internacional es su compromiso pionero con el cuidado ambiental. Lejos de ser sólo una consigna comercial, el país cuenta con un riguroso sistema de certificación que evalúa la idoneidad ecológica, social y económica de los prestadores turísticos.
Consultado sobre cómo se integra al visitante en este modelo de responsabilidad, Víctor Hugo Quesada, subgerente del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), destacó la importancia de hacer partícipe al turista: “La empresa tiene que hacer efectivo dentro de ese proceso de certificación cómo integrar al cliente dentro del proceso de funcionamiento del establecimiento, ¿verdad? ¿Cómo es que el cliente participa en un ahorro del agua, desde preguntarle si quiere que le cambien las toallas todos los días o puede ser día por medio, la factura de electricidad y eso tiene un efecto sobre la electricidad y sobre el recurso hídrico?”.
A esto se suman iniciativas comunitarias de alto impacto social, como la recolección de tapas plásticas de gaseosa para transformarlas en pasarelas accesibles que permiten a personas con discapacidad llegar hasta la arena. “Eso te lleva a una transformación. Es que no solo consumes un producto turístico, es que te estás transformando porque estás participando directamente en un programa de sostenibilidad. Eso toca el alma, incluso después de haber concluido el viaje, eso te queda en el corazón y lo lleva a otras partes del mundo”, enfatizó Quesada.
Aventura accesible y biodiversidad sin límites Con un territorio compacto que cabe más de cinco veces dentro de la provincia de Buenos Aires, Costa Rica funciona como un gigantesco corredor biológico donde convergen más de 900 especies de aves y una rica fauna silvestre. Más del 25 % de su superficie se encuentra bajo estrictas políticas de áreas protegidas y parques nacionales, lo que garantiza un escenario inigualable para la aventura.
La oferta de actividades está pensada para todos los públicos y condiciones físicas, permitiendo disfrutar de puentes colgantes entre las copas de los árboles, caminatas guiadas, rafting, canopy y avistaje de fauna sin necesidad de ser un deportista extremo. A su vez, la privilegiada ubicación geográfica regala tanto costas sobre el Océano Pacífico como en el mar Caribe, con playas de aguas cálidas y templadas ideales para la práctica de surf, buceo o relax.
Turismo de bienestar y nuevos segmentos en auge Más allá de la adrenalina de la selva y los volcanes -como el imponente Arenal-, el país ha desarrollado con fuerza una propuesta enfocada en el turismo de bienestar. Esta tendencia invita a desacelerar los ritmos cotidianos mediante sesiones de yoga, aguas termales, gastronomía saludable y estancias en armonía con la naturaleza.
Para quienes planean su próxima escapada desde la Argentina, la conectividad aérea resulta sumamente eficiente gracias a frecuencias regulares y estables operadas por aerolíneas como Copa Airlines -con salidas directas no sólo desde Buenos Aires, sino también desde Córdoba, Rosario y Salta-, Avianca y Latam vía hubs estratégicos como Panamá, Bogotá y Lima, respectivamente.
En cuanto a la estacionalidad, Evelyn Figueroa, directora de Mercadeo del ICT, destaca que se trata de un destino disfrutable durante todo el año. La llamada “época verde” (de mayo a octubre, exceptuando julio) ofrece menor densidad turística en los principales atractivos, tarifas más accesibles y paisajes de una exuberancia única donde la fauna se muestra con mayor facilidad. Por su parte, el clima combina temperaturas templadas de unos 22 °C a 23 °C en el Valle Central -donde se ubica la capital, San José- y registros de 28 °C a 33 °C en las zonas costeras, garantizando el escenario perfecto para un descanso inolvidable.
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