En un escenario donde los gobiernos de Argentina y Chile comparten por primera vez en años una alineación ideológica marcadamente conservadora, el resurgimiento de viejas disputas limítrofes como la soberanía en el estrecho de Magallanes enciende las alarmas de la diplomacia regional. ¿Se trata de un verdadero diferendo técnico-geográfico o de una maniobra de distracción política en medio de un tablero global convulsivo?
Para echar luz sobre este contrapunto, en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190)analizamos junto al especialista Claudio Fantini el trasfondo de una tensión inesperada, las sospechas que apuntan al uso de la desinformación como herramienta política en ambos países, el peso estratégico del paso interoceánico ante el avance de China y Donald Trump, y el dilema geopolítico que enfrenta Javier Milei ante el futuro político de Brasil.
Claudio Fantini es licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica Argentina, un destacado politólogo, periodista y analista de política internacional. Es mentor de la carrera de Ciencia Política en la Universidad Siglo 21, donde se desempeña como profesor. Además, escribe sus análisis internacionales en la revista Noticias.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Muy buenos días, Claudio. Un gusto hablar con usted. Una noticia de último momento que estoy leyendo: la cancillería diplomática en Chile prepara una respuesta contra los dichos del jefe de Estado Mayor argentino, quien sostuvo que el estrecho de Magallanes es un área de soberanía compartida. Quizás nos pueda ayudar a darle significancia, si se trata de algo relevante que vuelve a traer historias del pasado, cuando la Argentina tenía conflictos limítrofes con Chile, subsanados ya desde hace tiempo.
Bueno, ¿qué tal? Muy buenos días, Jorge. Un gusto recibir su llamada. A mí me está llamando mucho la atención por una suma de motivos. No hay un desacuerdo en términos geográficos —que es una discusión histórica que, digo yo, había quedado totalmente en el olvido— respecto a la boca oriental del estrecho de Magallanes; o sea, dónde comienza el océano Atlántico y dónde comienza el océano Pacífico. Bueno, la postura chilena ubica ese punto en Punta Dungeness y Cabo Vírgenes era la posición argentina. Pero la verdad es que había desaparecido de la discusión, por lo menos a la vista pública, desde que el papa Juan Pablo II, a través de ese gran diplomático que era el cardenal Samoré, solucionó el tema en el canal Beagle. Eso parecía envolverlo todo y ahora resurge de una manera inesperada, porque además surge en un momento en el cual se supone que ambos países tienen gobiernos ideológicamente muy cercanos. O sea, hubiera llamado menos la atención si todavía fuera Gabriel Boric el presidente de Chile, pero siendo José Antonio Kast, y en la Argentina, al frente del Gobierno, Javier Milei —expresando ambos un conservadurismo extremo—, están demasiado cerca entre sí como para que se produzca un chisporroteo diplomático. Si escala o no, creo que es muy distinto el caso a la crisis diplomática que se produjo con Brasil a partir de que el presidente argentino fue a la mismísima Brasil a insultar al presidente brasileño. En este caso no ha habido nada significativo que justifique una discusión como la que se está abriendo, pero bueno, eso es lo que está ocurriendo por estas horas, Jorge.
Ahora, son dos pasos naturales: el estrecho de Magallanes y el canal Beagle. La pregunta de fondo es si el futuro estratégico del sur y del paso bioceánico por cuál de los dos se termina realizando de manera marítima de forma más económica y segura. A priori me parece que es reavivar un conflicto que no sé hasta qué punto tiene sentido.
Yo creo lo mismo. No le veo sentido a esta discusión, mucho menos en este momento. En todo caso, hasta me genera sospechas. No vamos a volvernos conspiranoicos y a sospechar que tal vez esté de por medio la cuestión Cerimedo y los tembladerales que podría producir incluso en ambos gobiernos. Porque Fernando Cerimedo estuvo en la campaña electoral de Milei y llegó a tener peso dentro del aparato de propaganda del oficialismo en la Argentina, pero también lo tuvo en Chile: fue asesor en la campaña del Partido Republicano que llevó a la presidencia a su líder y fundador, que es José Antonio Kast. Con una página todavía más oscura a revelar en Chile, porque a la luz del día estuvo quien lo contrató para la campaña presidencial de José Antonio Kast, pero ya estaba trabajando desde antes de eso. El aparato de propaganda de Cerimedo —que era su verdadero músculo, porque más que un consultor o un asesor de imagen, lo que tenía y lo hacía fuerte políticamente era un instrumento de propaganda capaz de producir fake news a escalas industriales, desinformación y campañas de difamación en las redes— estuvo al servicio de no sé quién, pero actuando contra el gobierno de Gabriel Boric. Y esto es anterior a la campaña electoral que convirtió en presidente a Kast. Por lo tanto, en ambos países puede haber razones de sus respectivos gobiernos para querer desviar la atención pública respecto de si hicieron relaciones con Fernando Cerimedo.
Simplemente para compartir con la audiencia y ordenarnos: la diferencia entre Magallanes y Beagle, que fue nuestra última disputa territorial con Chile. Bueno, el de Magallanes es totalmente territorio chileno; el del Beagle es en mayor parte argentino. El de Magallanes fue el primer paso interoceánico navegado, pero tiene 560 kilómetros, mientras que el canal Beagle sólo 240. El estrecho de Magallanes era fundamental hasta el descubrimiento del canal de Panamá, y todo hace suponer que con el corrimiento de la importancia hacia el este —o sea, hacia Asia y hacia el sur— vuelva a tener relevancia independientemente del canal de Panamá. Ahí vale la diferencia entre cuál será la ruta más conveniente, si la vieja del estrecho de Magallanes o a través del canal Beagle; teniendo en cuenta, además, el gran cambio climático que produjo que en el hemisferio norte, por ejemplo, se hicieran navegables rutas marítimas que antes estaban congeladas entre Rusia y América, en los dos sentidos: hacia el lado de Alaska y hacia el lado de Canadá. Por eso la importancia de Islandia. Supongo que desde el punto de vista geopolítico pasa a tener más importancia la navegabilidad en el Cono Sur, pero de cualquier forma parece extraño. Sí es correcta la apreciación de que quizás sea otro el elemento.
Sí, comparto. Y en eso creo que también habrá que dilucidar en qué sentido China puede estar influyendo con los ojos puestos en eso, porque ese sería el paso en el hemisferio sur, y por eso tiene una importancia geopolítica y geoestratégica muy grande. China está desarrollando un puerto gigantesco en Perú, pero Chile es otro de los países sudamericanos que tienen a China como principal socio comercial. En esa sociedad importa mucho un paso estratégico que acerque el comercio a través del Pacífico Sur con China a toda la parte occidental de América del Sur, porque hay que recordar también que el valor de estos pasos interoceánicos va a crecer para China en la medida en que Trump siga logrando lo que hasta aquí parece estar logrando respecto al canal de Panamá: un dominio para sacar a China precisamente de ese paso estratégico entre los dos océanos. La ambición de Trump sobre el canal de Panamá hace que China empiece a mirar todos los pasos interoceánicos, y el de Magallanes tiene una importancia gigantesca porque acerca la salida al Pacífico Sur a toda la parte occidental de Sudamérica.
Claudio, usted mencionaba la importancia geopolítica que le otorga al Cono Sur Donald Trump y a toda América. Quiero aprovechar la conversación para preguntarle: a Milei, ¿le conviene que gane Bolsonaro o le conviene que gane Lula? Si ganase Bolsonaro, ¿perdería Milei este trato de primus inter pares en Sudamérica, al no ser el país más grande de la región cercano a Washington? Entre las dos alternativas, desde un punto de vista geopolítico, ¿usted qué le aconsejaría o qué prevé para el presidente?
Es interesantísima esa pregunta; es una cuestión clave y verdaderamente inquietante a la hora de dilucidar. Hay razones —y usted lo está planteando— para que a Milei le interese que, en definitiva, el gigante sudamericano siga en manos de un gobierno visto como de izquierda. En realidad no lo es, es un gobierno muy centrista, pero desde la actual Casa Blanca y desde la Casa Rosada se lo ve como un gobierno de izquierda dura, marxista. Esto a Milei le puede convenir porque le eleva el precio a su lealtad a Washington y, en particular, a Donald Trump. Sin embargo, también hay que ver el efecto dominó que puede tener una derrota fuerte de Bolsonaro —o de Flávio Bolsonaro—, que sería una derrota muy dura para la derecha dura del continente. En Brasil hay una centro derecha con mayúsculas, una centro derecha que ha dado grandes dirigentes, grandes presidentes como Fernando Henrique Cardoso y grandes gobernadores de San Pablo, como quien ahora es el vicepresidente de Lula. Pero el bolsonarismo expresa a una derecha extrema, y esa quedaría sumamente debilitada si Lula llega a convertirse en un prócer político, porque ningún otro presidente de Brasil gobernó cuatro veces y siempre conquistando el poder en las urnas. Esto puede tener un efecto dominó porque Trump viene muy debilitado.
Malvinas: el estrecho de Magallanes como el de Ormuz, ¿un arma militar argentina?
El mundo y los norteamericanos lo están viendo deambular errático en el conflicto con Irán. Nadie se entusiasma demasiado con las ideas que tira sobre la mesa, siempre presentándolas con certezas absolutas, como por ejemplo que la guerra económica que está lanzando va a estrangular rápidamente y a destruir al régimen de los ayatolás. Ya nadie cree en la palabra de Donald Trump ni en sus certezas; es una cadena de errores la que ha cometido en lo que va de este segundo mandato suyo. Eso lo está debilitando de cara a las elecciones de noviembre. Si en las elecciones de medio término los demócratas llegaran a quedar con mayoría en ambas cámaras, queda al alcance de la mano la realización de un impeachment, porque hay varias razones por las cuales Trump podría ser sujeto de juicio político y los demócratas tal vez no le perdonen esa posibilidad. Y si pierde la elección de medio término, queda más debilitado en su ambición de vulnerar otra barrera de la Constitución y postularse nuevamente como candidato a presidente. Incluso se debilitaría su posible sucesor, que por estas horas no se sabe si sería Marco Rubio o el vicepresidente J. D. Vance. Como sea, Brasil puede ser, si gana Lula, el inicio de un efecto dominó que, al caer la derecha ahí, la voltee en cadena hasta llegar a Washington. Por lo tanto, me resulta difícil responder su pregunta —que me parece importantísima e interesantísima— porque está, por un lado, la importancia de ser el único leal en el Cono Sur si Brasil sigue en manos de un izquierdista; pero, por otro lado, está el efecto que puede tener más allá de Brasil un triunfo de Lula y una derrota de la derecha que responde a Donald Trump, porque el bolsonarismo es trumpista hasta la médula. Así lo veo en este momento.
Clarísimo. O sea, finalmente uno tendría que decirle a Javier Milei: “Mire, va a tener ventajas y desventajas sea cual sea el resultado, y sólo el futuro lo podrá determinar”. Claudio, como siempre, un placer hablar con usted. Le mando un abrazo muy grande, muy contento de pronto poderlo tener en la pantalla de Canal Net / Perfil y seguir en contacto más directo.
Muy agradecido yo, Jorge, por su llamado. Muy contento y entusiasmado con la invitación, que me honra, de poder ser parte.
Va a ser un honor, y el honor va a ser nuestro, querido Claudio. Le mandamos un fuerte abrazo allí a su Córdoba de siempre.
Abrazo grande, Jorge. Hasta siempre.