Hay viajes de pesca que comienzan cuando se cierra el bolso y otros mucho antes, cuando alguien menciona un río lejano y el relato queda dando vueltas en la cabeza. La Amazonía boliviana pertenece a esa segunda categoría: basta escuchar hablar de sus peces, sus distancias y la selva para que aparezca la inquietud de conocerla. Viajar a otros países para pescar es cada vez más habitual entre los argentinos, pero algunos destinos todavía conservan la sensación de estar entrando en un territorio distinto. Bolivia es uno de ellos, tanto por la cantidad de especies como por la escala del ambiente y los portes posibles. Nosotros terminamos llamando a este curso de agua “el río de los sueños”, un nombre que después de cinco días terminó resultando bastante preciso. Son más de 350 km de río, selva y posibilidades, suficientes para entender que una jornada nunca alcanza para conocer realmente el lugar.
Cómo fue el derrotero La invitación llegó de la mano de Dreams Angling Expeditions, empresa de Ricardo Chain, y el grupo quedó integrado por Leonardo Altieri, Gustavo Taverna, Juan Cruz Taverna, Alejandro Linares, Ángel Cantillo y Eduardo Kemkes. Desde Buenos Aires comenzó un viaje largo, con etapas aéreas y terrestres, que obliga a dejar atrás ciudades, aeropuertos y asfalto antes de internarse en la región selvática. El recorrido demanda más de 10 horas entre vuelos y traslados, y en su tramo final aparecen los vehículos de doble tracción para alcanzar zonas donde el camino ya forma parte de la aventura. A medida que avanzamos cambia el paisaje, se achica el horizonte y aumenta la vegetación, mientras crece la sensación de estar cada vez más lejos de la rutina. Cuando finalmente aparece el río, uno siente que la pesca comenzó incluso antes de haber armada la primera caña. El campamento ofrece refrigerios, almuerzos, cenas y alojamiento en grandes carpas cerca de la costa, además de tres botes con motor y tres guías para acompañar al grupo.
Las jornadas suelen comenzar alrededor de las 8:30 y pueden concluir cerca de las 20, dependiendo de las condiciones y de los movimientos de cada día. En números parece mucho, pero en el agua el tiempo cambia de medida porque siempre queda otro pozo, una corredera más adelante o un sitio que el guía quiere probar antes de regresar. La pesca comienza generalmente con carnada fresca, utilizando sábalo y sardinas de la zona, además de lombriz o miñoca y postas de peces autóctonos. A partir de allí, la transparencia y el estado del río dictan las reglas: cuando el agua está clara, existe la posibilidad de trabajar con artificiales o de bait, mientras que con agua oscura la recomendación es concentrarse principalmente en la carnada. Durante el día se visitan pozos, correderas, sectores de arena y costas de piedra, cada uno con una dinámica propia y distintas posibilidades de albergar peces. Allí pesa mucho el conocimiento local, porque donde nosotros vemos simplemente río, quienes lo pescan todos los días descubren corrientes, desniveles y señales mucho más precisas.
Moverse con seguridad Caminar por esas costas también obliga a atender detalles que desde casa parecen secundarios, especialmente el calzado en los sectores de piedra cubiertos por verdín. Se pueden utilizar modelos tipo Crocs bien sujetos al pie o calzado de trekking, según el terreno, pero lo indispensable es poder moverse con seguridad durante muchas horas. La selva suma calor, insectos, humedad y largas exposiciones al sol, factores que desgastan si uno no se prepara correctamente. Por eso también son importantes los filtros de agua, la vaselina sólida, la ropa de manga larga, los guantes, el buff, los lentes con protección UV, el bronceador y el repelente. Todo puede parecer excesivo al preparar el bolso, pero después de varias jornadas consecutivas adquiere otra dimensión. Pescar bien aquí significa también administrar el cuerpo, porque cinco días seguidos de actividad castigan rápido cualquier descuido.
La diversidad de especies es una de las grandes razones para viajar hasta este rincón de Bolivia. En un mismo ámbito pueden aparecer tambaquí, pacú, manguruyú amarillo y negro, dorado, payara, yatorana, pacú de panza roja, barbiancho, corvina de río, picopato, bagre de cola roja, bagre ojuno, surubí atigrado y paleta. Esa variedad convierte cada pique en una incógnita, porque durante los primeros segundos muchas veces es imposible saber qué ocurre debajo del agua. Primero llega la tomada, después la tensión y recién entonces, por la forma de correr, cabecear o utilizar la corriente, comienza a construirse una idea de qué puede haber del otro lado. En las jornadas buenas pueden superarse los 20 piques por caña y los peces pueden ir desde cuatro kilos hasta ejemplares cercanos a los 25. Esa combinación de variedad, cantidad y tamaño hace que nunca sea fácil anticipar cuál será la especie que terminará protagonizando la pelea del día.
Efecto multiplicador Cuando uno de esos ejemplares utiliza la corriente, la sensación de peso se multiplica y una pelea que parecía controlada puede cambiar en pocos segundos. Allí aparecen las fortalezas y debilidades del conjunto: multifilamento, líder, nudos, anzuelo, freno del reel y caña pasan a trabajar como un único sistema, y si alguna parte quedó mal preparada, el pez suele encontrarla. Para pescar certeramente con los anzuelos circulares, la clave es no desesperarse y permitir que el pez lleve el aparejo antes de levantar suavemente, sin clavar en forma inmediata en el momento mismo del pique. Mientras eso ocurre se va reteniendo la línea y se procura mantener una tensión importante de la caña generada por el propio pez, evitando que el anzuelo sea tragado profundamente. Una vez que está firme hay que sostener la presión, acompañar las corridas y utilizar correctamente el freno del reel sin regalar tensión. Con ejemplares grandes, unos pocos segundos de desorden pueden transformar una captura probable en la historia de aquel pez que se escapó.
Toda la pesca se realiza con devolución, por lo que el trabajo no termina cuando el pez llega a la orilla o al costado del bote. Cada aficionado debe llevar sus propias pinzas para retirar los anzuelos y en este ámbito no se permite utilizar boga grip, buscando evitar daños innecesarios, especialmente con ejemplares de gran porte. La fotografía forma parte del recuerdo, pero debe resolverse con rapidez y sin prolongar el tiempo fuera del agua. Después llega uno de los momentos más intensos: sostener el pez, esperar que recupere fuerzas y sentir cómo vuelve a escapar de las manos para regresar al río. Hace unos minutos hicimos todo lo posible para acercarlo y, sin embargo, la satisfacción final consiste precisamente en dejarlo ir. Quizás por eso determinados peces permanecen tanto tiempo en la memoria, porque el verdadero trofeo no viaja en una conservadora sino que queda guardado en la experiencia.
Cuando la transparencia permite trabajar con artificiales, el río cambia por completo el ritmo de la jornada. Se utilizaron híbridos tipo pescadito con cabeza de plomo, minow de 90 a 110 mm, crank de paleta corta, cucharas Nº 5 giratorias, slider y whopper plopper, buscando adaptar cada presentación al sector elegido. Ya no se trata solamente de esperar una tomada con carnada, sino de recorrer estructuras y colocar el artificial donde imaginamos que puede encontrarse el pez.
Una piedra, una corredera, un cambio de profundidad o la entrada a un pozo se convierten en objetivos concretos y cada lanzamiento tiene una intención diferente. Cuando el ataque ocurre cerca de la superficie, el efecto es todavía más espectacular porque el pescador llega a ver parte de aquello que normalmente sucede debajo del agua. El golpe, la tensión instantánea de la línea y la reacción de la caña forman uno de esos segundos que después se repiten una y otra vez al recordar el viaje.
Al final de los cinco días quedan las capturas, las fotografías y los números, pero también una colección de imágenes mucho más difíciles de medir. Queda el ruido del motor temprano, la humedad sobre el río, el instante en que el guía señala una corredera y todos miran hacia el mismo sitio, y ese silencio particular que aparece cuando una caña se arquea de verdad. Quedan las discusiones de campamento sobre el pez que cortó, el que parecía más grande y, naturalmente, aquel que con el paso de las horas comienza a crecer algunos centímetros en cada nuevo relato. Queda además la sensación de haber pescado en un ambiente donde todavía es posible no saber qué especie tomó la carnada hasta verla aparecer junto a la costa. Tal vez aparezca el trofeo de nuestra vida o tal vez se escape antes de que podamos verlo, porque esa incertidumbre es parte inseparable de la pesca. Ese margen de incertidumbre, tan difícil de encontrar en ámbitos más conocidos, es justamente uno de los grandes lujos que conserva este río. Después de cinco días, aquel nombre dejó de parecer una exageración y para nosotros seguirá siendo, simplemente, el río de los sueños.
Para Agendar Cómo llegar: aéreo desde Buenos Aires hasta Bolivia, combinando vuelos y traslados hasta alcanzar la región de pesca. El tramo terrestre final se realiza en vehículos de doble tracción y forma parte de la propia aventura para llegar al campamento. Empresa encargada: Dreams Angling Expeditions, de Ricardo Chain, Tel.: 011 6811-8891, [email protected], @dreams_angling_expeditions / @RicardoChain.
Los equipos para esta pesca se consiguen en Pescarinfo Shop, distribuidor oficial de la línea Amber-Jack, Hernandarias 968, CABA, Teléfono: 011 5702-8635. Instagram: @Pescarinfoshop, web: www.pescar.info El equipo Cañas: las recomendadas son las de bait de 10 a 25 lb (1 lb = 0,453 kg). Para pescar con carnada hay que aumentar hasta 30 o 40 libras, desde 1,80 hasta 2,40 m. Reeles: modelos 150 a 200. Para pesca con carnada, desde 300 hasta 500. Multifilamentos: 0,30 mm y 40 libras. Para carnada, 0,40 mm y 65 libras, preferentemente Amber-Jack. Anzuelos: circulares Nº 8/0 a 10/0. Líderes: de 60 a 80 lb. Plomadas más rendidoreas: esféricas pasantes de aproximadamente 20 g. Artificiales utilizados en este viaje: híbridos tipo pescadito con cabeza de plomo; minow de 90 a 110 mm; crank de paleta corta; cucharas Nº 5 giratorias; slider y whopper plopper. ¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza?
Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo.
Suscribite gratis al newsletter