Brasil construye poder en el Atlántico Sur: submarino nuclear, industria militar y la disputa por el liderazgo regional

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Brasil construye poder en el Atlántico Sur: submarino nuclear, industria militar y la disputa por el liderazgo regional

“Necesitamos invertir en defensa”, dijo el presidente de Brasil, Lula da Silva, en el lanzamiento de su candidatura a la reelección presidencial a principios de agosto de este 2026. “Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse al presidente”, continuó. Si bien la frase aludió a un fuerte componente internacional (como la tensión con Donald Trump y la captura de Nicolás Maduro), dejó entrever la importancia que tiene la proyección militar de Itamaraty para posicionarse como potencia media en el Atlántico Sur.

Pero además, para ampliar una industria de defensa en pleno auge, capaz de abastecer a sus Fuerzas Armadas de uno de los países con mayor extensión ribereña del mundo, y vender tecnología a sus vecinos, entre ellos Argentina. Una negociación que encaró el líder de Partido de los Trabajadores en el último año, al igual que otras variables de la balanza comercial bilateral, y que excedió a la enemistad ideológica que mantuvo con su par argentino Javier Milei al menos hasta la presencia de éste último en el acto de Flavio Bolsonaro de San Pablo que derivó en la reducción de la representación diplomática al encargado de negocios.

Pero más allá de las diferencias políticas, en los últimos años Brasil construyó una estrategia militar a nivel internacional y local. Como telón de fondo, buscó apuntalar su liderazgo en una región protagonista de la agenda 2030, 2050 y el mayor desafío del siglo XXI: la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, y el reacomodamiento de potencias menores o “péndulo”, que incluye a actores de peso como India o Sudáfrica.

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El proyecto más ambicioso de esa estrategia es el submarino de propulsión nuclear Álvaro Alberto, cuya entrada en servicio volvió a postergarse y ahora tiene como horizonte 2038. Pero el programa naval es apenas una pieza de una política mucho más amplia que incluye inversiones de miles de millones de reales, desarrollo tecnológico, exportaciones de equipamiento militar, cooperación con otras potencias y una diplomacia que busca consolidar a Brasil como el principal articulador de Sudamérica.

El proyecto forma parte del Programa de Desarrollo de Submarinos (PROSUB), iniciado junto con Francia y que ya permitió a Brasil avanzar en la construcción local de submarinos convencionales impulsados por energía nuclear, en un momento de relanzamiento de la importancia estratégica de ese tipo de combustible en función de lo dictado por el presidente de la principal potencia militar, Estados Unidos, en su renovada doctrina de seguridad nacional (conocida como el corolario Trump a la Doctrina Monroe).

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El proyecto del submarino nuclear brasileño Alvaro Alberto protagonizó la estrategia de defensa de Brasil en los últimos años.

El salto tecnológico que supone el Álvaro Alberto es otro: dotar al país de la capacidad para producir y operar un submarino de propulsión nuclear, una tecnología que permite permanecer sumergido durante períodos mucho más prolongados y amplía sustancialmente la capacidad de vigilancia y disuasión naval.

La Amazonia Azul y la estrategia regional brasileña

El objetivo declarado por Brasil para el salto que supone el submarino (que amplía la capacidad de disuasión naval) está directamente relacionado con la vigilancia con tecnología propia del área conocida como “Amazonia Azul”, la zona económica exclusiva sobre la que el país proyecta sus intereses económicos y estratégicos en función de sus recursos (incluido petróleo, gas y biodiversidad).

La apuesta, en tanto, forma parte de una estrategia a largo plazo que implica sofisticar una Base Industrial de Defensa que ya existe y convertirla no solo en una herramienta de autonomía estratégica en el Atlántico sur, sino en una herramienta para proyectarse a nivel regional. Según cifras oficiales, en 2025 las exportaciones autorizadas de productos de defensa brasileños superaron los 3.400 millones de dólares, un salto de 91,3% respecto de 2024. Entre los proyectos que el país desarrolla aparecen submarinos, fragatas, aviones de combate, blindados y sistemas de vigilancia.

Brasil mapa 13082026
La zona económica exclusiva de Brasil.

La bajada de línea marcada por el líder del Palacio del Planalto, que defenderá su mandato ante el opositor Flávio Bolsonaro el 4 de octubre, está respaldada por los legisladores nacionales en términos de financiamiento.

A finales de 2025, una ley habilitó al estado brasileño a excluir de la meta fiscal hasta cinco mil millones de reales anuales destinados a proyectos estratégicos de defensa, dentro de las condiciones previstas por la norma. Un paquete que podría movilizar hasta 30 mil millones de reales durante seis años siempre que los fondos contribuyan al desarrollo de la Base Industrial de Defensa. En otras palabras, Brasil decidió blindar parte de la inversión militar estratégica de las restricciones fiscales habituales y apuntalar también la política industrial.

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Ese es uno de los puntos que Brasil llevó a la Argentina durante la visita del ministro de Defensa Múcio Monteiro a Buenos Aires, el pasado 26 de mayo. Según supo PERFIL a partir de la reunión, la delegación brasileña presentó un catálogo de productos de su industria militar, entre ellos aeronaves, drones, radares, embarcaciones, sistemas de comunicación, blindados y municiones.

Pero Múcio presentó su viaje en términos más amplios que una misión comercial. “Vine a hacer diplomacia entre las fuerzas de América del Sur”, dijo durante su visita a Buenos Aires. Durante la gira, que incluyó Paraguay, Chile y Perú, el ministro del Partido de los Trabajadores brasileño dijo que su misión era acercar al subcontinente sudamericano. “Pedir que seamos más cercanos, pedir que conversemos más, buscar más nuestras convergencias e invertir en ellas”, sostuvo.

Con respecto al correlato diplomático, en abril, Brasil organizó en Río de Janeiro la IX Reunión Ministerial de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS), un mecanismo que reúne a países de Sudamérica y África. Brasil asumió la presidencia del organismo y los Estados miembros aprobaron un documento con iniciativas en seguridad marítima, gobernanza oceánica, conectividad, cooperación técnica y defensa.

Carlos Presti y José Mucio Monteiro 13082026
El ministro de Defensa de Javier Milei, Carlos Presti, recibió a su par brasileño Mucio Monteiro en mayo.

La apuesta regional, una vez más, demostró la intención de Brasil de aumentar la autonomía estratégica en la región, en un contexto de fuerte competencia internacional. Así lo interpretó Arturo Sarukhán, exembajador de México en Estados Unidos, quien sostuvo que la estrategia brasileña viene de mucho antes del actual gobierno de Lula da Silva.

“Lo que viene planteando Itamaraty en los últimos tres años es que no existe algo llamado América Latina, sino América del Norte, América Central y América del Sur. ¿Qué significa esto estratégicamente? Que la estrategia de Brasil ha sido, desde hace tiempo, desacoplar a Estados Unidos y México del resto de Sudamérica para poder construir su propia esfera de influencia”, afirmó Sarukhán ante la consulta de PERFIL, en el marco del X Spaces de Roxomtv.

La lectura del reconocido diplomático mexicano, actualmente radicado en Estados Unidos, permite interpretar bajo otra luz iniciativas que atraviesan diferentes gobiernos brasileños, desde la creación de Unasur hasta la actual construcción de capacidades militares propias. Según su lectura, para Brasil Sudamérica constituye un espacio estratégico diferenciado, en el que busca ejercer liderazgo sin depender completamente de Washington ni quedar subordinado a Beijing.

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El posicionamiento de Brasil y el pacto con Reino Unido

Ese posicionamiento explica también una de las características más particulares de la política exterior brasileña: su capacidad para mantener relaciones simultáneas con actores que tienen intereses contrapuestos. Mientras profundiza sus vínculos con China, Brasil mantiene cooperación estratégica con Estados Unidos, incluso a pesar de la rivalidad ideológica con Trump y su jefe diplomático, Marco Rubio.

Pero también mira a Europa y al Reino Unido, otro de los jugadores fuertes del Atlántico Sur por la ocupación ilegal del archipiélago de Malvinas. En marzo, en tanto, firmó con el Reino Unido una asociación estratégica para el período 2026-2030 que incluye cooperación política, comercio, inversión, tecnología, defensa y seguridad.

En ese esquema, el Atlántico Sur vuelve a adquirir una importancia que durante décadas estuvo relegada frente a otros escenarios geopolíticos. Petróleo, gas, rutas comerciales, recursos naturales y pesca convierten al océano en un espacio estratégico. Y Brasil, por su tamaño territorial, su costa y su peso económico, se posiciona como una potencia media con mayores capacidades para intentar ordenar ese escenario, mientras la Argentina todavía discute cómo reconstruir sus capacidades militares básicas.

CP

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