Después de un marzo complejo en lo económico y político, el Gobierno nacional observa los primeros días de abril con expectativas renovadas. El mes arrancó con compras récord de dólares por parte del Banco Central, que adquirió más de 1.000 millones de dólares en solo seis jornadas hábiles. En paralelo, las reservas brutas subieron 1.700 millones de dólares. Mientras tanto, el ministro de Economía, Luis Caputo, viajará a Washington para participar de la reunión del FMI, donde buscará destrabar un desembolso de 1.000 millones de dólares que se utilizaría para cancelar el vencimiento de Bopreales el 31 de mayo.
La gran apuesta oficial se centra en conseguir un derrumbe de la inflación en los próximos meses. La estabilidad del tipo de cambio debería contribuir a ese objetivo. Según estimaciones privadas, el índice de precios de abril podría ubicarse en un 2,4%, lo que abriría una ventana para la recuperación del poder adquisitivo. De acuerdo a un relevamiento del economista Fernando Marull, las negociaciones paritarias cierran en un promedio del 3%. Sobre este punto, el especialista agregó que “esto implicaría que los salarios le ganarían a la inflación por primera vez en siete meses”.
Otro foco de reactivación proviene de la cosecha gruesa, que ya comenzó a levantarse en el campo. Este factor no solo implica un gran ingreso de divisas que fortalece el balance del Central, sino que también moviliza la actividad en sectores vinculados como el transporte, la venta de combustibles y neumáticos. Sin embargo, la gran incógnita es hasta qué punto esta mayor disponibilidad de divisas se sentirá en las grandes ciudades. El “derrame” a los bolsillos es la principal duda, en un contexto donde muchas localidades del interior, cercanas a la zona núcleo o a Vaca Muerta, ya viven una realidad diferente a la del Conurbano bonaerense, golpeado por los bajos ingresos y el cierre de fábricas.
Deterioro social y riesgos políticos
A pesar de las señales positivas, persisten indicadores preocupantes. La consultora Empiria, que dirige el exministro Hernán Lacunza, midió que el “ingreso disponible” cayó por quinto mes consecutivo. Además, los niveles de morosidad en los créditos alcanzaron un pico a principios de año. Un trabajo de la misma consultora, a partir de datos del BCRA, detalló que “la morosidad bancaria superó el 10% por primera vez en quince años y para entidades financieras no bancarias supera el 30%”.
Este deterioro económico impacta directamente en la imagen del Gobierno. Según el monitor de humor social de la consultora Dalessio/Beresztein, las opiniones negativas sobre la gestión subieron a un récord del 57%, mientras que las positivas cayeron al 41%, el nivel más bajo desde el inicio del mandato. Para el oficialismo, es crucial frenar esta tendencia y lograr una recuperación en las expectativas.
No obstante, la necesidad de reactivar la economía y bajar el riesgo país choca con un escollo que aparece de forma anticipada, el escenario electoral de 2027. Mientras el ministro Caputo aseguró que los comicios serán “un paseo” para el oficialismo y Axel Kicillof llamó a la unidad del peronismo, los mercados externos observan con preocupación. Un administrador de cartera de Wall Street que visitó Buenos Aires fue contundente en su análisis. “Me aterra lo que puede pasar en las elecciones del año que viene”, aseguró. La perspectiva de un regreso del kirchnerismo o de una versión no renovada del peronismo sigue como un factor que genera desconfianza, lo que obliga al Gobierno a manejarse con extrema cautela en decisiones clave como un eventual levantamiento del cepo cambiario.
Fuente: Infobae