Algo pasó

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Algo pasó

No fue solo una derrota parlamentaria. Tampoco se circunscribe exclusivamente a la disputa por la ley de tierras ni a la discusión ontológica sobre qué es la soberanía desde sus distintas perspectivas, incluyendo la económica. Ni más pedestremente, ley de desalojos.

Cuando todos creen que alguien tiene el poder, su poder aumenta. Lo mismo es a lo inverso

Tampoco la sábana con la leyenda manuscrita “Las Malvinas son argentinas” resignificó por sí sola el valor de todo el territorio nacional.

Esto no les gusta a los autoritarios

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

“Milei cipayo” viene de antes y como capas geológicas se van guardando en el inconsciente colectivo a la espera de detonar por acumulación en un terremoto que tuvo este jueves su primer temblor.

Ya hubo avisos; una clara primera señal fue el caso Adorni: el comienzo con el viaje de su esposa en el avión presidencial no hubiera pregnado en la opinión pública un año antes. Por más que el periodismo avanzara con otros viajes de Adorni y sus propiedades, no habría tenido la misma escucha por parte de la sociedad en 2025, cuando todavía conservaba esperanza de que la economía de Milei generase bienestar concreto en las personas.

La política es acumulación; los acontecimientos son meros detonantes. El malestar se construye de la suma de pequeñas frustraciones que nunca producen una ruptura inmediata hasta que las contradicciones se vuelven evidentes. Transformaciones invisibles acumuladas durante meses van madurando hasta encontrar un evento acelerador.

Ninguna anomalía reorganiza el humor social hasta que una nueva modifica la percepción del conjunto y todas se vuelven visibles. El punto de inflexión pareciera indicar que se produjo un cambio instantáneo, pero obedece a un proceso previo de anomalías acopiadas. El efecto avalancha o último grano de arena de la física, en política, se produce dentro de un proceso de retroalimentación donde un evento potencia el otro.

El desgaste natural de todo gobierno genera siempre el mismo ciclo: legisladores antes oficialistas se vuelven más independientes, gobernadores comienzan a negociar de otra manera, aliados empiezan a tomar distancia, agentes económicos revisan sus expectativas, medios de comunicación modifican el encuadre de las noticias y dirigentes opositores perciben una oportunidad.

Ningún hecho detonante surge desde cero; su potencia consiste en hacer visible la suma de malestares, organizando lo que antes se percibía como problemas aislados dentro de un sentido común e interpretados como parte de una misma lógica.

El jueves en el Senado no fue un día decisivo, tampoco fue un día decisivo cuando Adorni renunció; son momentos de cristalización que van creando las condiciones para un cambio de paradigma.

Lo que sucede, que parece sorpresivo y en realidad no lo es, fue explicado por la politicóloga alemana Noelle-Neumann en su libro La espiral del silencio llamándolo bandwagon effect, “efecto carro del vencedor”. Cuando una posición se impone, los indecisos se suman y los antagonistas dejan de expresar opiniones contrarias aumentando así la creencia de que el vencedor es aún más fuerte. Y al revés esa misma espiral se desarma cuando se descubre que la fuerza percibida del gobierno no es la real y se abandona el “carro del vencedor”.

El poder es relacional; mientras todos crean que alguien tiene el poder, su poder aumenta, lo mismo a la inversa. Y lo que durante meses era un malestar difuso se cristaliza cuando las personas descubren: “Ah, no soy yo solo quien piensa esto”.

Lo disperso cobra sentido unificado, emerge la señal pública de vulnerabilidad del Gobierno, cambia el clima político y se produce una deserción en cascada del oficialismo.

También el economista y politólogo estadounidense Timur Kuran desarrolló el concepto de “falsificación de preferencias”, y describe cómo las personas suelen expresar opiniones públicas diferentes a las de sus creencias privadas para adaptarse a las presiones sociales o políticas. Explica cómo modificaciones de humor político, aparentemente repentinas, simplemente fueron reprimidas como mecanismo de defensa personal.

Otro componente sociológico para tener en cuenta es que generalmente después de un triunfo resonante que la sociedad le concede a un líder, se lo cobra. Porque aumenta el tamaño de la reciprocidad esperada y, con ella, la decepción es altamente probable; además, el líder, al agrandarse con el triunfo, comienza a ser un peligro.

Pasó con Carlos Menem tras su triunfo electoral más contundente en 1995. Poco después se formó la Alianza y salió derrotado en las elecciones legislativas de 1997 (Alianza 47% y PJ 36%) como anticipo del triunfo presidencial de la oposición dos años después. Pasó con Cristina Kirchner, quien también después de su triunfo más resonante en 2011 y su “vamos por todo”, perdió las elecciones legislativas de 2013 frente a una incipiente alianza de partidos opositores, germen del triunfo de Cambiemos en 2015. Y le pasó a Macri tras su mayor triunfo en las elecciones legislativas de 2017, cuando en 2018 comenzó su debacle.

Leyeron mal Milei y Santiago Caputo a principios de año con su anuncio sobre el comienzo de los mejores 18 meses del gobierno libertario; lo que podía estar comenzando son sus 18 meses de calvario.

Algo pasó la semana pasada como corolario de lo que viene pasando desde octubre: Milei ganó las elecciones en la primavera, las sesiones extraordinarias del Congreso le aprobaron todas las leyes pedidas por el Ejecutivo en el verano, pero pasó el otoño, está pasando el invierno y la vida de las personas no mejora.

Lo vienen mostrando las encuestas; más allá de episódicas y breves recuperaciones, se consolida un constante crecimiento de reprobación de Milei. De la misma forma que se desploman las cuentas de sus redes sociales, también cae la audiencia de los streamings libertarios y sus influencers, como el rating de los canales o programas de noticias más oficialistas.

La falsificación de preferencias es un mecanismo de defensa a la espera del cambio

Para colmo, en noviembre puede enfrentar otra tormenta perfecta si primero Trump perdiera las elecciones de medio término en Estados Unidos, Lula ganase las elecciones presidenciales en Brasil, justo cuando llegue el papa León XIV a confrontar en el terreno de las ideas con el discurso libertario, contraproponiendo una antropología opuesta a la del Gobierno que termine reencuadrando el debate público. Ya lo viene haciendo el discípulo de Francisco, a quien le dejó a cargo su propia diócesis el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, quien, aunque sin mencionar explícitamente a Milei, viene subiendo el tono crítico a las consecuencias económicas de las políticas del Presidente con su última y más dura exposición, justo en la homilía por San Cayetano, el santo del trabajo.

La Iglesia no lleva adelante una confrontación política, sino una mucha más letal para Milei, una confrontación de principios.

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