Los pasajeros del vuelo de la aerolínea low cost Plus Ultra que unía Buenos Aires con Madrid vivieron momentos de extrema tensión en el aire y enfrentan ahora una odisea en tierra. Tras sufrir una falla técnica en pleno vuelo sobre el océano Atlántico, la aeronave tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en Natal, en el noreste de Brasil. Desde el domingo por la tarde, unas 400 personas, entre ciudadanos argentinos y españoles, permanecen varadas en una terminal aérea que no cuenta con la infraestructura para contenerlas y denuncian un abandono total por parte de la empresa.
El viaje se inició el domingo a las 13:30 en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza con total normalidad. Sin embargo, unas cuatro horas después del despegue, la situación cambió de forma abrupta. Denis Fernández, uno de los pasajeros argentinos afectados, relató las primeras sensaciones de incomodidad en la cabina: “Sentí la sensación cuando el avión empieza a despegar, que se te tapan los oídos, como que te apunás, como un dolor de cabeza extraño”.
Al malestar físico se sumó de inmediato un ruido ensordecedor que alertó a los viajeros. Fernández recordó el momento en que advirtió que algo andaba mal: “Empecé a sentir eso y al mismo tiempo un ruido extraño, muy fuerte. Le digo a mi novia: ‘Che, está raro esto, ¿no?’”. Pocos minutos después, el comandante de la aeronave encendió las luces y confirmó la gravedad de la situación a través de los altoparlantes. El piloto fue directo: “Señores pasajeros, por una falla técnica vamos a tener que descender, aterrizar de urgencia en el próximo destino. Vamos a aterrizar en Natal”.
Una hora de tensión en el aire y el caos al aterrizar
El descenso hasta el aeropuerto de Natal se prolongó por casi una hora, un lapso en el que la preocupación se apoderó de toda la tripulación y de los pasajeros. Denis Fernández describió el clima que se vivió a bordo antes de tocar tierra: “Los ruidos empezaron cada vez más fuertes, cada vez más fuertes, cada vez más fuertes. Fue una hora de mirarnos las caras y decir: ‘Ojalá que aterricemos y que salga todo bien’”. Al mirar a los asistentes de cabina, el panorama no era alentador, ya que, según el pasajero, “tenían cara de preocupación. Nadie entendíamos bien la situación, ni siquiera ellos. Estaba todo muy extraño”.
Tras un aterrizaje escoltado por tres camiones de bomberos, comenzó una segunda etapa de desesperación, esta vez vinculada a la falta de respuestas de la compañía española, que no cuenta con oficinas ni personal en esa terminal brasileña. Fernández denunció la desidia que sufrieron desde el primer minuto en el suelo: “Plus Ultra no opera en Brasil. No tiene despacho de gente. No funciona en Brasil”. El joven agregó con indignación: “Nos hicieron un abandono de persona total. Nos abandonaron”.
La tensión escaló durante la madrugada cuando la empresa intentó trasladar a los damnificados a un hotel que no tenía plazas disponibles, lo que obligó a cientos de personas a pasar la noche a la intemperie en un estacionamiento. “Llegamos al hotel a la una de la mañana y hasta las cinco de la mañana estuvimos ahí varados en una playa de estacionamiento, sin agua, sin nada. Totalmente abandonados”, detalló el damnificado, quien explicó que luego decidieron regresar al aeropuerto para concentrar allí sus reclamos ante la presencia de la Policía Militar brasileña.
La promesa de un nuevo avión y el cansancio acumulado
Tras largas horas de protestas y gestiones con las autoridades del aeropuerto, los pasajeros recibieron la promesa de que un nuevo avión de la firma llegará para completar el trayecto hacia España. Fernández señaló que un vocero de la terminal les transmitió la información: “Nos dijo que consideraron que Plus Ultra trae un avión, no sé de dónde, si de España o de Venezuela, a las 18 horas y a las 19:30 parte con rumbo a Madrid”.
Mientras aguardan que se concrete el vuelo de rescate, las familias intentan sobrellevar la situación con los escasos recursos disponibles en el lugar. El pasajero describió el panorama actual de los varados: “Hoy nos dieron 50 reales cada uno. Estamos comiendo chipá y tomando mate”. La mayor preocupación se centra en el estado de salud de los pasajeros más vulnerables que llevan casi un día entero sin descanso adecuado. El joven cerró con una advertencia sobre el desgaste generalizado: “La gente está asustada, porque hay niños, hay personas mayores, hay gente de 80 y pico de años que están paradas y sentadas acá. Ya van 16 horas”.