El show del “Tigre” y el giro a la derecha en Latinoamérica

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El show del “Tigre” y el giro a la derecha en Latinoamérica

Luego de que Colombia tuviera por primera vez un gobierno de izquierda con Gustavo Petro en 2022, las últimas elecciones dieron como ganador al candidato de ultraderecha, Abelardo De la Espriella. Este resultado se inscribe en una nueva ola de gobiernos de derecha que actualmente dominan países como Argentina, Chile, El Salvador y Ecuador, configurando un viraje regional que sugiere una alternancia ideológica cada vez más marcada.

Este fenómeno parece responder a un voto castigo frente a los gobiernos de izquierda. Sin embargo, este rechazo ha venido acompañado de la aceptación, e incluso legitimación, de liderazgos con rasgos autoritarios, cuyos discursos y trayectorias pueden ser bastante controversiales, pero que logran conectar emocionalmente con un electorado que prioriza promesas de orden, control y certezas.

Las elecciones presidenciales recientes fueron especialmente reñidas: De la Espriella obtuvo el 49,7% de los votos frente al 48,7% de Iván Cepeda, configurando uno de los resultados más estrechos en la historia de la democracia colombiana. El mapa electoral evidenció, además, una marcada división territorial: mientras Bogotá y buena parte de los departamentos periféricos respaldaron mayoritariamente a Cepeda, amplias zonas del centro del país se inclinaron por De la Espriella. Esta geografía del voto rememoró los resultados del Plebiscito por la Paz de 2016, cuando el “No” se impuso precisamente en gran parte del centro del país, revelando continuidades en las fracturas políticas y territoriales.

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El resultado electoral también evidenció el debilitamiento de la derecha tradicional y el tránsito a una derecha menos moderada. La candidatura de Paloma Valencia, respaldada por Álvaro Uribe, obtuvo apenas el 6,92% de los votos en la primera vuelta. Posteriormente, el Centro Democrático se alineó con De la Espriella y se declaró partido de gobierno.

Uno de los elementos clave de la victoria fue la rápida construcción de la figura pública de De la Espriella. En pocos meses pasó de no liderar las encuestas a consolidarse como un “showman” político, con una campaña intensiva en símbolos patrios, estética militar y narrativas emocionales. Más allá de las propuestas, el uso de metáforas como el “tigre” y la “manada”, junto con eventos masivos cargados de música, luces y escenografía, le permitió posicionar en poco tiempo una identidad política clara y seducir a gran parte del electorado colombiano.

Las redes sociales desempeñaron un papel decisivo en la contienda. Diversos influencers amplificaron su mensaje y contribuyeron a movilizar votantes, mientras su campaña incorporó herramientas de inteligencia artificial para producir contenidos de alto impacto emocional. En contraste, la campaña de Cepeda se apoyó en estrategias más tradicionales, con menor capacidad de viralización; no obstante, entre la primera y la segunda vuelta logró un crecimiento significativo en caudal electoral.

El repertorio simbólico de De la Espriella retoma elementos de otros liderazgos de derecha contemporáneos como Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei: apelaciones al orden, la autoridad y la recuperación del control estatal. Se configura así en Colombia una derecha securitaria que, como en los casos de Ecuador y El Salvador, sitúa la lucha contra el crimen y el restablecimiento del orden en el centro de su propuesta política.

Su perfil público refuerza esta narrativa: un líder de “mano dura”, con énfasis en valores tradicionales, identidad religiosa, éxito empresarial y una retórica que combina promesas de orden con llamados explícitos a “castigar” a la izquierda.

La oposición social se perfila como un actor clave en el nuevo escenario político. Desde el anuncio de los resultados electorales, diversos movimientos sociales han convocado movilizaciones, anticipando un contexto de alta conflictividad frente a las propuestas del nuevo gobierno. La estrechez del resultado electoral confirma, además, la profundidad de la polarización y sugiere la consolidación de una oposición amplia y fuerte que hará lo posible para impedir retrocesos en políticas sociales y relacionadas con la construcción de paz.

*Profesor de la Escuela Superior de Administración Pública – ESAP (Bogotá). Doctor en Ciencia Política por el Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (IESP/UERJ). Este artículo es un extracto, puede leer el texto completo en Latinoamérica21.

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