Tras haber sido imputado por tentativa de femicidio por el ataque a la abogada y excandidata a diputada Nadia Beller, el consultor argentino del presidente boliviano Rodrigo Paz, Fernando Cerimedo, fue enviado este viernes al penal de Palmasola por decisión del juez Wilson Espada.
Según trascendió, el penal de Palmasola se trata del centro de detención más grande y peligroso de Bolivia. La cárcel se ubica en las afueras de Santa Cruz de la Sierra, a unos 540 kilómetros al este de La Paz, se conoce popularmente como “pueblo prisión” por su estructura y es visto como un lugar donde los delincuentes realizan un “posgrado”.
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La cárcel en la que se encuentra Cerimedo fue diseñada como una prisión de máxima seguridad para 400 personas, aunque alberga a unos 6 mil detenidos, entre los cuales se desarrollan batallas narco, asesinatos con participación del temido Comando Vermelho de Brasil y protestas extremas.
A partir de informes de la Defensoría del Pueblo, casi un 80% de los reclusos del complejo penitenciario, el cual ocupa 34 hectáreas de la ciudad más poblada de Bolivia, se encuentran allí en forma preventiva a la espera de que se desarrollen sus respectivas causas judiciales.
El penal en cuestión funciona como un asentamiento autónomo, con vigilancia en el muro exterior pero poca presencia de los guardias de seguridad dentro del lugar. Dentro, los reclusos deben encargarse de construir, comprar o alquilar sus propias viviendas y organizar su economía, manejar tiendas y servicios y administrar sus bienes y tiempos.

El “Centro de Rehabilitación de Palmasola” también es conocido por ser un reflejo de la desigualdad social en Bolivia, ya que dentro se encuentran presos con dinero que pagan celdas de lujo, con frigobar y televisores, mientras que los detenidos sin poder adquisitivo se encuentran apiñados en cubículos o incluso duermen a la intemperie.
El penal al que fue enviado Cerimedo, que simula ser una localidad aislada por su funcionamiento, también es conocido por el hacinamiento de internos debido a la superpoblación del lugar, una situación sobre la que los detenidos vienen llamando la atención desde hace al menos dos décadas.
La visita del Papa Francisco
En julio de 2015, el Papa Francisco visitó durante una hora la cárcel de Palmasola y se acercó a visitar a los presos y a sus hijos, quienes le transmitieron su angustia y desesperación por las diferentes problemáticas y situaciones que vivían en el penal.
“Reclusión no es lo mismo que exclusión, porque la reclusión forma parte de un proceso de reinserción en la sociedad”, expresó en su momento el Sumo Pontífice en un discurso y le habló a los detenidos: “No podía dejar Bolivia sin venir a verlos, sin dejar de compartir la fe y la esperanza que nace del amor entregado en la cruz”.
En sus palabras, el religioso reprochó: “Son muchos los elementos que juegan en su contra en este lugar: el hacinamiento, la lentitud de la justicia, la falta de terapias ocupacionales y de políticas de rehabilitación, la violencia, la carencia de facilidades de estudios universitarios, lo cual hace necesaria una rápida y eficaz alianza interinstitucional para encontrar respuestas”.
AS./ EM