Tras la caída del Muro de Berlín y la antigua URSS hubo una década de hegemonía del pensamiento económico neoliberal en paralelo con la idea del capitalismo como fin de la historia. La periferia sin instituciones resistentes fue procíclica y en Latinoamérica no importaba si el presidente de Brasil fuera del centroizquierdista PMDB (Partido Socialdemócrata de Brasil), el sociólogo progresista Fernando Henrique Cardoso, o el presidente de Argentina del peronismo que había ganado prometiendo salariazo, Carlos Menem, todos privatizaban, redujeron el Estado y se adecuaron al Consenso de Washington.
Aunque cueste imaginarlo, en esos ’90 Argentina estaba por delante de Brasil política y económicamente. En nuestro país la democracia llegó dos años antes (1983 a 1985) y el uno a uno con el dólar de la moneda local, tres años antes (1991 a 1994).
En Brasil, criticando los resultados de los planes económicos copiados de Argentina (antes el Plan Cruzado allí tras el Plan Austral aquí), llamaban a esa imitación “Efecto Orloff”, por un vodka con esa marca cuya publicidad mostraba a un hombre preparándose para una fiesta que veía en el espejo a su “yo” del día siguiente, destrozado por la resaca, diciéndole “Eu sou você amanhã” (Yo soy tú mañana): Argentina era el Brasil del mañana.
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El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Viviendo yo en Brasil parte de aquellos años Vidas paralelas de Grecia y Roma, el clásico libro de Plutarco, rondaba siempre en mi mente como “Vidas paralelas de Buenos Aires y San Pablo”, en ese orden de correspondencia, porque algo sucedió en Brasil a partir de determinado momento en el que las historias dejaron de ser paralelas, Brasil se fue para arriba y Argentina para abajo. En el corsi e recorsi de Giambattista Vico la diferencia fue Lula en Brasil y el kirchnerismo en Argentina.
Lula, el sindicalista del Partido de los Trabajadores cuyo distintivo es la estrella roja de cinco puntas, símbolo mundial de las distintas tendencias de comunismo por los cinco dedos de la mano del proletario, los cinco sentidos y los cinco continentes, representación del internacionalismo del lema marxista: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, y los cinco grupos sociales que posibilitaron el tránsito al socialismo: la juventud, los militares, los obreros, los campesinos y los intelectuales. Estrella Roja (en ruso Krásnaya zvezdá) también se llamaba el periódico militar de la ex Unión Soviética, paradójicamente nombre que mantiene hoy el portavoz del Ministerio de Defensa de la Federación Rusa y estrella de cinco puntas que es parte de la bandera roja de la República Popular China, que representa su revolución.
Los lectores de estas columnas ya saben que al ganar Lula las primeras elecciones presidenciales en 2002, el riesgo país de Brasil subió de 700 puntos a 2.436 en pocos días, y un año después el riesgo país era algo superior a los 400 puntos como el actual de Argentina y Lula terminó su primer mandado con 155 puntos de riesgos país. Lo mismo sucedió con el precio del dólar, que pasó de 2 reales a 4 al asumir Lula y al final de su primer mandato había bajado a 1,70.
Lula aplicó la técnica “doble candado” designando al frente del Banco Central al presidente mundial del Bank Boston, Henrique Meirelles, y como ministro de Economía a Antonio Palocci, quien elevó la meta de superávit primario al 4,25% del PBI, superando las exigencias del FMI y fue el autor intelectual de la Carta al pueblo brasileño durante la campaña previa a la elección, donde Lula se comprometía a mantener la estabilidad económica, respetar contratos y asegurar la disciplina fiscal. Algunos párrafos pueden leerse escritos para la Argentina de hoy. Esto escribió Lula cuatro meses antes de aquellas elecciones:
♦ “Será necesaria una transición lúcida y cuidadosa entre la situación actual y las demandas de la sociedad”.
♦ “El nuevo modelo no puede ser producto de decisiones unilaterales del gobierno, como ocurre actualmente, ni se implementará por decreto, de forma voluntarista. Será el resultado de una amplia negociación nacional, que debe conducir a una alianza genuina por el bien del país, a un nuevo contrato social capaz de garantizar el crecimiento con estabilidad”.
♦ “La premisa de esta transición será, naturalmente, el respeto a los contratos y obligaciones del país. La reciente turbulencia en el mercado financiero debe entenderse dentro del contexto de la fragilidad del modelo actual”.
♦ “Más allá de las maniobras puramente especulativas, que sin duda existen, hay una fuerte preocupación en el mercado financiero por el mal desempeño de la economía y su actual fragilidad, lo que genera temores sobre la capacidad del país para gestionar su deuda interna y externa. Es la enorme deuda pública acumulada”.
♦ “Se trata de una crisis de confianza en la situación económica del país, de la cual el gobierno actual es el principal responsable. Por mucho que el gobierno insista, el nerviosismo en los mercados y la especulación de los últimos días no se deben a las elecciones”.
♦ “Se deben, más bien, a las graves vulnerabilidades estructurales de la economía que el gobierno presenta, de manera autoritaria, como el único camino posible”.
♦ “Nadie necesita que me expliquen la importancia de controlar la inflación. Comencé mi vida sindical indignado por la erosión del poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores”.
♦ “Ahora quiero reafirmar este compromiso histórico de combatir la inflación, pero acompañado de crecimiento, creación de empleo y distribución del ingreso, construyendo un Brasil más solidario y fraterno, un Brasil para todos”.
♦ “El retorno al crecimiento es el único remedio para evitar la perpetuación de un círculo vicioso de bajas metas de inflación, altas tasas de interés, fuertes fluctuaciones cambiarias y creciente deuda pública”.
♦ “El gobierno actual ha establecido un equilibrio fiscal precario en el país, lo que dificulta la reanudación del crecimiento. Con la política de sobrevaloración artificial de nuestra moneda durante el primer mandato y la ausencia de políticas industriales para estimular la capacidad productiva, el gobierno no trabajó como podría haberlo hecho para aumentar la competitividad de la economía”.
♦ “La cuestión fundamental es que, para nosotros, el equilibrio fiscal no es un fin, sino un medio. Queremos que el equilibrio fiscal crezca, no solo que rinda cuentas a nuestros acreedores”.
♦ “Mantendremos el superávit primario el tiempo que sea necesario para evitar que la deuda interna aumente y destruya la confianza en la capacidad del gobierno para cumplir sus compromisos”.
♦ “Pero es necesario insistir: solo el retorno al crecimiento puede conducir al país a un equilibrio fiscal consistente y duradero. La estabilidad, el control de las cuentas públicas y la inflación son hoy un bien para todos los brasileños. No son un beneficio exclusivo del gobierno actual, ya que se obtuvieron con un gran sacrificio, especialmente de los más necesitados”.
‘Soviético’ argento. Obviamente el apelativo orienta hacia Axel Kicillof, quien aparece a la izquierda de la propia Cristina Kirchner y contradice la idea del peronismo con un candidato de centro para no asustar a los mercados, siguiendo la lógica de Scioli, Alberto Fernández y Massa, aunque los mercados se vayan asustar igual con cualquier candidato peronista.
Si la corrida financiera electoral fuera inevitable como un posterior triunfo peronista, en ese escenario podría ser mejor que el costo inicial del tratamiento tuviese la potencia de dejar anticuerpos perennes y en lugar de un peronista de derecha lo practicara un peronista de izquierda responsable fiscalmente, así se eliminan los fantasmas para siempre, porque de ganar un candidato de derecha o de centro en 2027, siempre quedará el “riesgo kuka” para 2031 y alguna vez en el futuro tendría que poder que ganar otro candidato peronista.
Después de aquella década de Brasil imitando a Argentina quizás sea terapéutico imitarlos nosotros.
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PD: Lean “La responsabilidad de nuestras élites económicas”, la columna de Roberto Gargarella