El cielo se rompió sobre el Área Metropolitana de Buenos Aires y trajo consigo el combo de terror al que nadie termina de acostumbrarse: calles convertidas en ríos y un apagón masivo. Un diluvio implacable castigó la región desde la madrugada del jueves, paralizó el tránsito en varios barrios y obligó a miles de vecinos a sacar los baldes mientras cruzaban los dedos para no perder los electrodomésticos por los violentos bajones de tensión.
La red eléctrica sintió el latigazo del agua y colapsó en cuestión de horas. Durante el pico de la tormenta al mediodía, los registros oficiales marcaron que casi 30 mil usuarios del Conurbano y la Capital Federal se quedaron completamente a oscuras. Aunque las cuadrillas salieron a la calle para intentar contener el desastre, los números del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) demostraron que la recuperación del servicio avanzó a paso de tortuga durante toda la tarde.

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El mapa del apagón pintó de rojo tanto el norte como el sur del territorio bonaerense. Los distritos de Avellaneda, Quilmes, La Matanza, Morón, Tigre, Merlo y Esteban Echeverría se llevaron la peor parte del embate climático. Del lado porteño, la falta de suministro pegó fuerte en Almagro, Flores, Parque Avellaneda y Villa Lugano, dejando a comercios y edificios enteros sin la chance de prender ni una bombita.
Al drama de no tener luz se le sumó la bronca acumulada por el agua que no frenaba. Las intensas lluvias anegaron arterias principales y calles de barrio por igual, despertando el fastidio crónico de los vecinos que salieron a quejarse porque la historia se repite calcada todos los años. Sin obras que aguanten, el agua subió a las veredas y complicó la rutina de los que tuvieron que salir a trabajar esquivando charcos gigantes en localidades como Bosques, Presidente Perón, Ramos Mejía y Paso del Rey.
Detrás de este escenario de caos, los números del Servicio Meteorológico Nacional explicaron la furia del fenómeno. El organismo emitió alertas de color naranja y amarillo que no solo tiñeron a Buenos Aires, sino que abarcaron a otras diez provincias. La caída de agua acumuló entre 30 y 60 milímetros en tiempo récord, combinada con temporales de corta duración y el riesgo inminente de caída de granizo.
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Vientos furiosos y el tablero de control del ENRE
El agua no llegó sola; el viento hizo su propio show destructivo. La alerta meteorológica incluyó ráfagas del sector sur que soplaron de forma constante a 50 kilómetros por hora, pero que en el peor momento metieron picos extremos que superaron la barrera de los 80 kilómetros por hora. Este ventarrón barrió amplias zonas del país, cruzando desde La Pampa, Córdoba y San Luis hasta Chaco, Formosa, Santa Fe, Santiago del Estero y Misiones.
A las seis de la tarde, con el temporal perdiendo un poco de fuerza, el panorama eléctrico seguía complicado. El último reporte oficial indicó que más de 7.300 hogares continuaban prendiendo velas a la espera de una solución. La torta de los perjudicados se repartió casi en partes iguales: unos 3.800 clientes de Edenor y poco más de 3.500 usuarios que dependen de la red de Edesur.
Para intentar calmar la ansiedad frente a la incertidumbre, el ENRE habilitó su mapa interactivo en la web oficial como herramienta de consulta. A través de esa plataforma, los afectados ingresaron para revisar el minuto a minuto del servicio en sus barrios, chequear si los cortes respondían a problemas de media o baja tensión y confirmar si se trataba de apagones preventivos por la tormenta o fallas directas de mantenimiento en el suministro.
TC / EM