Valentina Tanni (Italia, 1976) enseña en Roma y Milán, es historiadora del arte y curadora, e investiga las intersecciones entre arte y tecnología, con especial atención a los cultivos de internet.
En Estéticas liminales (Caja Negra), el primero de sus libros en llegar al país, hace una exploración y una genealogía de estilos, movimientos y corrientes que nacieron en internet y hoy contaminan el llamado mundo real, materializándose. Vaporwave, backrooms, creepypastas e innumerables “cores” que están revirtiendo el paisaje de la cultura.
En diálogo con Clarín, Tanni se refirió a ellos y su vínculo con lo real.

–Definís la estética liminal como experimentos que buscan nuevas formas de relacionarse con la realidad. ¿Cuándo encontraste ese punto en común entre estéticas de internet?
–En 2019 escribí Memestética, que trata sobre memes y cultura viral. Así que ya estaba familiarizada con la cultura amateur en línea: producción de imágenes, de sonido, el llamado “contenido generado por el usuario”. Pero alrededor de 2020 empecé a notar dos cosas. Primero, la popularidad de la fotografía de espacios liminales. Cada vez había más foros, Reddits y comunidades de Discord dedicados a ese tipo de imágenes. Sobre todo durante la pandemia. Y la segunda son las creepypastas: memes textuales de terror. Ahí aparecía la idea de backrooms y fenómenos similares. También estaba al tanto del vaporwave porque he crecido en línea con ese movimiento. Así que tenía todas estas diferentes cosas no relacionadas. Pero fue el fenómeno de la fotografía de espacios liminales lo que de alguna manera despertó mi atención en relación con el creepypasta de los backrooms. Así que pensé que era importante intentar comenzar a reflexionar sobre la estética de internet en general.
–¿Qué emergió de esa indagación por la genealogía de estas estéticas?
–Encontré que el vaporwave fue la primera estética de internet. No solo desde un punto de vista cronológico, sino también porque muchos de los elementos formales, las ideas, la atmósfera, fueron tomados prestados y reinterpretados por estéticas posteriores.
–¿Cómo describirías la obsesión con los espacios hipervacíos de estas estéticas?
–Una de las razones por las que estas imágenes son tan cautivadoras es porque son espacios que nos resultan familiares. Ahí está el gancho. Son lugares muy genéricos: una piscina, una escuela, un estacionamiento. Espacios que se ven muy similares en muchos lugares del mundo. No son específicos. Entonces mucha gente puede identificarse. Abren contenedores en tu memoria, y podés poner tus propios recuerdos en ellos. Pero también pueden inducir ansiedad, ser inquietantes. Pueden dar miedo, o tener una vibra extraña. Y también está esta idea de pensar en el mundo sin nosotros, o el mundo después de nosotros. En una cita del libro, alguien dice que son como cadáveres, porque solían estar llenos de vida, pero ahora son solo contenedores vacíos que dejamos atrás.
–¿Cuáles son las características específicas de los backsrooms que inspiraron la película de Kane Parsons, uno de los fenómenos de taquilla del año?
–Con estas estéticas la gente ha intentado investigar el concepto de realidad en sí mismo. No solo como escapismo, sino también de intentando encontrar nuevas definiciones de realidad. La mitología de la trastienda o backroom gira en torno a la idea de que podés escapar de la realidad, deslizarte accidentalmente a otro mundo. Es un lugar que se rige por reglas diferentes y no sabés qué hay ahí. La inspiración viene de algo que te puede pasar en un videojuego: caminar a través de espacios vacíos renderizados. Es una situación clásica en juegos como Half-Life, Portal o Minecraft: siempre estás atravesando diferentes espacios. A veces están vacíos, y llenos de esquinas, que no sabés qué esconden. O te podés encontrar con fallos técnicos, en los que te salís del mundo del juego y te encontrás afuera. La mayoría de las veces es un error. Pero también podés usar trucos para que esto suceda. Y cuando estás fuera, básicamente estás en otro universo. Así que la cultura de los videojuegos influye mucho en esta mitología.
–¿Cómo resumirías el proceso por el cual Internet pasó de ser una ventana al mundo, a ser un espacio de introspección y nostalgia?
–Creo que internet siempre ha sido un lugar para la introspección. No para nostalgia al principio, porque todo giraba en torno al futuro. Internet era el ciberespacio de William Gibson. Pero la introspección ya estaba presente. Navegar por Internet siempre ha sido un acto íntimo, curiosamente. Porque dejamos atrás nuestros cuerpos y nos concentramos en nuestra mente y en nuestro interior: sentimientos, sensaciones y pensamientos. Por eso podemos pasar horas frente a la computadora. Y luego te das cuenta de que necesitás ir al baño o te duele la espalda. Conectarse a internet, y especialmente al comunicarse con otras personas, es una experiencia muy introspectiva. La mayoría de las veces estás escribiendo y leyendo. Así que tu cerebro necesita simular todo lo demás que no está ahí. El cerebro siempre está trabajando mucho para compensar todas estas ausencias. Lo nostálgico vino después. El vaporwave, que es nostálgico, fue producido por la primera generación que creció con internet. Es consecuencia de eso. Es tener recuerdos, pero no solo en el mundo real, sino también de internet. Recuerdos de ciertas tecnologías, ciertos espacios virtuales y ciertos sonidos. Era comprensible que estos jóvenes incorporaran sus experiencias en su arte, música y artes visuales. Pero lo que sucedió después es un poco más novedoso. Con el tiempo, la gente se ha vuelto progresivamente más nostálgica. Y, lo más importante: los jóvenes sienten nostalgia por épocas que nunca vivieron. Es un tipo diferente de nostalgia, que no necesariamente se basa en recuerdos reales, sino que está mediada por el contenido. Como arqueólogos, se puede regresar al pasado, seleccionar diferentes elementos y reconstruir la atmósfera basándose en el contenido online.
–Afirmás que muchas de estas estéticas buscan generar una sensación. No pretenden tener sentido. ¿Cómo describirías esto?
–Al principio, se pensaba en internet como un repositorio de conocimiento. Todavía tenemos esa parte de internet, y luchamos por preservarla, porque mucha información no se conserva. Y otra es contaminada por información generada por IA. Al mismo tiempo, la gente empieza a usar internet no solo para obtener o compartir información, sino también para compartir sentimientos y sensaciones. Esta es una tendencia muy visible. Existe la idea de que se puede usar el contenido multimedia para estimular los sentidos, activar la imaginación y compartir sentimientos. Esto ha generado la vibe culture, que intenta forzar esta dimensión en un mundo que no fue diseñado para ello. El mundo digital no está diseñado para transmitir sentimientos ni para albergar nuestras historias de amor, pero lo hace. Así que necesitamos encontrar maneras de incorporar nuestra vida interior al mundo digital. El auge de la vibe culture está relacionado con el hecho de que sentimos que ya no podemos distinguir bien la ficción de la realidad, que podemos ser engañados con mucha facilidad. Esto llevó a que la gente se apegue a lo único en lo que puede confiar: los sentimientos. Puede que sean erróneos para otra persona, pero nunca para vos. Nos enfrentamos a una sobrecarga de información, e intentamos percibirla, captar su esencia, no necesariamente comprenderla. Esto tiene ventajas pero también muchos inconvenientes, como depender únicamente de lo que uno siente instintivamente.
–En este contexto la posverdad ya no es un concepto útil. ¿Es así?
–Cuando hablo de que la posverdad ya no es tan útil, lo que quiero decir es que ya la hemos superado. Si usás el término posverdad significa que sabés qué es la verdad, o que todavía conocés la diferencia y asumís que hay una verdad en algún lugar. Ahora estamos inmersos en un ecosistema mediático que lo simula todo constantemente. Vivimos en un plano donde la verdad, la ficción y la realidad se fusionan. Es completamente distinto a Matrix (1999), la alegoría clásica de principios del siglo XXI, donde existe el mundo real y el ficticio. Corrés la cortina y ves el mundo real. Los backrooms no son así. No son “el” mundo real. Ambos lados son reales de maneras diferentes, y es confuso. Esa es la diferencia. No estás cruzando el umbral para descubrir la verdad. Es todo lo contrario. Cuantos más umbrales cruzás, más confuso es.

–¿En qué sentido internet es el arma definitiva del chamán? ¿Y cuál es el punto de contacto con la magia?
–La magia está relacionada con los memes. Magia en el sentido espiritual y esotérico. Magia del Caos, como la definía Aleister Crowley: provocar cambios en la realidad con voluntad e intención. Una magia basada en la creencia de que si uno difunde una idea con mucha fuerza, esa idea acabará haciéndose realidad y cambiando el mundo. Si nos atenemos a esa definición, podemos entender fácilmente por qué internet es el lugar perfecto para inyectar ideas en forma de meme y hacer que esas ideas se propaguen. De hecho, mucha gente en 4chan decía ser responsable de que Trump llegara a la presidencia. Así es como la magia se relaciona con los memes y, en general, con internet como vehículo para propagar ideas e infectar la esfera social con ellas. Y cuanto más se propaga una idea, más probable es que se convierta en realidad.
Valentina Tanni básico
- Nació en Roma, en 1976. Es historiadora del arte, curadora y docente. Su investigación se centra en las relaciones entre arte y tecnología, con especial atención en las culturas web.
- Es profesora de Arte Digital en el Politecnico di Milano, de Estética de los Nuevos Medios y Lenguajes Artísticos Contemporáneos en la NABA (Nuova Accademia di Belle Arti di Roma) y de Cultura de los Memes y Estética y Cultura de los Medios Digitales en la sede romana de la John Cabot University.
- Ha publicado los libros Random. Navigando contro mano, alla scoperta dell´arte in rete (Link Editions, 2011) y Exit Reality (NERO, 2023).
Estéticas liminales, de Valentina Tanni (Caja Negra).