La última vez que un director del Fondo Monetario Internacional (FMI) viajó a Argentina especialmente para ver a un presidente fue en 2003, cuando el entonces director gerente del organismo, Horst Köhler, arribó a Buenos Aires en medio de la crisis institucional, económica y social, para reunirse con el recientemente asumido Néstor Kirchner. El arribo de Kristalina Georgieva de mañana viene a mostrar un fuerte respaldo político.
“Piden al FMI que no ahoguen el crecimiento”, fue el título de la tapa de Clarín sobre la visita de Köhler. Según la crónica de ese momento, el organismo internacional exigió profundizar el ajuste fiscal y los empresarios alertaron porque se interrumpiera la reactivación.
La máxima autoridad de la entidad había mantenido una reunión con Néstor Kirchner y su ministro de Economía, Roberto Lavagna, donde discutieron un acuerdo a tres años. Antes, Köhler había realizado una visita fugaz en 2000, en una gira por países latinos tras asumir el mando del FMI, que tuvo un rol clave en el quiebre del gobierno de Fernando De la Rúa en 2001 por las presiones de ajuste y la interrupción del flujo de fondos. El organismo eventualmente admitió su responsabilidad en el crack de la economía argentina, por eso el interés en ese momento de arreglar con Kirchner.
Más adelante, en septiembre de 2004, visitó el país el sucesor de Köhler, Rodrigo Rato, pero en el marco de una gira regional. En la década del 90, bajo la presidencia de Carlos Menem, el jefe del Fondo, Michel Camdessus, estuvo en Argentina.
Christine Lagarde también estuvo en Argentina y se reunió con el expresidente Mauricio Macri en 2018. Sin embargo, esto se desarrolló en el marco del G20 organizado en Buenos Aires. No se trató de una visita especial como esta próxima. Algunos meses antes habían firmado el mayor préstamo de la historia del Fondo.
De hecho, la llegada de Georgieva se da en un momento clave. El Mundial ya terminó y las luces se vuelven a posar en Milei, el rumbo de la economía y la carrera para las elecciones del año que viene. Pese a que el FMI aprobó las dos últimas revisiones del acuerdo, le hizo dos “perdones” al país por incumplir las metas de acumulación de reservas pactadas. A ese escenario se suma que la pauta de superávit primario para el primer semestre no logró cumplirse.
“Los directores gerentes del FMI no viajan para auditar la marcha de un programa, ni para apoyar alguna reforma estructural, como la de reformar la carta orgánica del BCRA. Se trata de una visita de alta visibilidad política, como la que nos hizo Scott Bessent para mostrar apoyo cuando el gobierno levantó -parcialmente- el cepo. Es probable que la visita responda a una invitación del gobierno para mostrar un fuerte compromiso del Fondo con su principal deudor”, explicó a PERFIL Héctor Torres, exrepresentante argentino ante el FMI.
Con Milei, el FMI no necesita “mostrar” un lado más humano: el mandatario se compromete con ajustes superiores a los pedidos por el Fondo. Sucede que durante la gestión libraria, el país comienza con flujos negativos. “En los próximos meses y durante todo 2027, Argentina le va a estar pagando por primera vez, después de casi ocho años, el capital al Fondo. Le viene pagando intereses, pero no capital”, señaló el economista Fernando Marull a Modo Fontevecchia.
“Marca alineamiento y apoyo accionario. No es común”, señaló a este medio un exministro de Economía. “Me parece un tanto inusual. Sobre todo a un país que tiene un acuerdo. No hay necesidad de que la directora gerente visite a un país en cuestión, no está escrito en ningún lado que tiene que hacerlo. Con lo cual, no queda claro cuál es el objetivo, si reforzar el acuerdo vigente y, en todo caso, por qué; o dar un ‘espaldarazo’ al gobierno. Trae más dudas que certezas la visita, habría que ver cuáles son las verdaderas razones”, agregó un exfuncionario del Palacio de Hacienda que participó de negociaciones con el Fondo Monetario.
Argentina firmó con el FMI 23 programas. Con Macri acordó el monto más grande de la historia. A Milei ya le entregó el mayor desembolso inicial.
El país mantiene hoy un crédito pendiente de devolución por US$ 59.000 millones, que representa un 35% de toda la cartera del Fondo y más de cuatro veces el saldo de Ucrania, el segundo mayor.