Los guaireños somos guerreros:Maiquetía se convierte en el refugio comercial tras los terremotos

Windwhistler
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Los guaireños somos guerreros:Maiquetía se convierte en el refugio comercial tras los terremotos

Han pasado 16 días desde que dos terremotos sacudieron a Venezuela, los cuales impactaron con mayor gravedad al estado Vargas. Pese a los escombros y el duelo colectivo por las millas de víctimas fatales que dejó el doble terremoto del pasado 24 de junio, la actividad comercial empieza a dar sus primeros signos de reactivación. Históricamente, Maiquetía ha sido el corazón comercial del litoral central. Gracias a su ubicación geográfica en el centro del estado, sus calles concentran el principal flujo de ciudadanos para el abastecimiento de alimentos, víveres y electrodomésticos. Aunque Catia La Mar funcionaba como otro importante eje económico local, hoy la realidad es distinta. Al ser una de las zonas más golpeadas por los sismos —con un alto número de edificaciones colapsadas y locales saqueados—, sus habitantes se han visto obligados a desplazarse hasta Maiquetía para poder realizar compras básicas. Sentado junto a su esposa en la plaza Los Maestros de Maiquetía, José Álvaro Jaime, de 61 años, toma un descanso al mediodía de este jueves 9 de julio. A su lado reposan dos bolsas de compras. La pareja tuvo que movilizarse los 10 kilómetros que separan a Catia La Mar de Maiquetía para poder abastecerse. Aunque antes solían hacer este viaje en busca de variedad y ofertas, en esta oportunidad la travesía era obligatoria ante la paralización comercial absoluta en su zona de residencia. Jaime señala que este jueves la actividad en Maiquetía luce mucho más operativa, un contraste evidente con la semana anterior, cuando la mayoría de los establecimientos permanecían con las santamarías abajo. “Había comercio a media asta”, recuerda. Para el lugareño, el panorama empieza a cambiar tras el impacto inicial. “Ya no estamos tan nerviosos como al inicio; la gente volvió a tener la confianza en que tenemos que seguir hacia adelante. Tenemos que seguir hacia adelante, eso es lo importante. Con mucho ojo, con mucha paciencia, con mucha paz porque nosotros, los guaireños, somos guerreros”, agregó. En otra zona de Maiquetía, Elis Arteaga, de 39 años, también realizó algunas compras de última hora. Aunque las grandes cadenas de alimentos comenzaron a trabajar desde el 27 de junio con acceso restringido, este 9 de julio ya se observa la reactivación incluso de algunos locales más pequeños. “Dentro de esta fatalidad, empieza a haber un mejor movimiento en los comercios, gracias a Dios. La ciudadanía y los vecinos de aquí de la parroquia se han comportado, porque no ha habido saqueos; han sido bastante solidarios con los comerciantes. Y los precios, sí, se han mantenido a la tasa del Banco Central”, dijo Arteaga. En la Calle Nueva buscan precios costosos La Calle Nueva, ubicada en el sector Pariata, en la parroquia Carlos Soublette, es otro punto de referencia comercial clave para los guaireños. Aunque su actividad económica es menor que la de Maiquetía y Catia La Mar, los habitantes de las zonas más afectadas por los sismos también han acudido a este sector para abastecerse. Kira Beberache, de 52 años y residente del sector El Azulejo en Catia La Mar, se encontraba comprando carne y charcutería en un local de la Calle Nueva. Su vivienda resistió los temblores y, aunque a su comunidad hay asistencia, prefiere que los insumos sean para quienes quedaron sin hogar. “Me imagino que comenzó a trabajar como desde el lunes, porque yo vine antes y no había negocios abiertos. Pero la gente a la que no le gusta hacer esas colas de lo que están donando, sale a comprar”, aseguró Beberache. Asimismo, señaló que los comerciantes no se han aprovechado de la coyuntura para especular con los productos y que los costos se mantienen similares a los de semanas anteriores. No obstante, advierte que los establecimientos se han visto obligados a ajustar los precios debido al incremento diario del dólar oficial, un ritmo inflacionario que ni la catástrofe ha logrado frenar. Carlos Eseguirre, un profesor jubilado de 73 años, asegura que para conseguir ofertas debe realizar un auténtico periplo. Este jueves, por ejemplo, salió en busca de medio cartón de huevos y constató que los precios oscilaban entre los 1.500 y los 1.900 bolívares (unos 2,71 dólares, respectivamente, a la tasa oficial del Banco Central de Venezuela de este 9 de julio). Al consultarle sobre el comportamiento de los comerciantes, Eseguirre señaló que todo es variable. “Eso es muy relativo. Aquí hay que saltar de un lado a otro y buscar precios cómodos para uno”. Debido a las secuelas de la catástrofe y sus propias limitaciones físicas, el profesor no pudo seguir buscando opciones. “Yo terminé comprando el más caro, en 1.900 bolívares, porque había caminado mucho y tengo una lesión en la pierna. Al final tuve que pagarle al peor postor”, lamentó. En Maiquetía convergen la actividad comercial y la médica Durante el recorrido realizado por Efecto Cocuyo por los principales ejes comerciales de La Guaira, se constató que la emergencia humanitaria y la actividad económica convergen en las calles de Maiquetía. Justo en la plaza Padre Alfredo Machado —a metros de los comercios locales y frente a las afueras del dañado Hospital San José— la prioridad se traslada a la salud, en ese espacio se levantó un hospital de campaña para atender la contingencia. En este espacio provisional se encuentra la doctora Luz Pisani, médico anestesiólogo venezolana radicada en Italia desde hace tres años, quien regresó al país como parte del voluntariado de Protección Civil y el cuerpo médico italiano. “Como el Hospital San José sufrió daños en su infraestructura, pues se instalaron estos toldos, que fueron donados por la Cruz Roja italiana, y se empezó a brindar asistencia médica a los pacientes de la comunidad”, relata la especialista sobre el espacio operativo desde el 27 de junio. Muchos de los pacientes, contó Pisani, caminan hasta dos horas para ser atendidos en el improvisado hospital, pues el transporte público en el Litoral Central funciona a media máquina tras los terremotos. El centro de atención ofrece servicios de pediatría, ginecología, cirugía general, ortopedia, medicina general y salud mental. Pisani detalla que el flujo diario de personas es masivo, estima una recepción de “entre 100 y 120 pacientes distribuidos entre adultos y pediatría”. A pesar de las limitaciones logísticas propias de una estructura de lona, ​​el personal logró acondicionar espacios para garantizar tratamientos complejos y resguardar la intimidad de los afectados. “Esa carpa que ves cerrada tiene aire acondicionado, está dotada con camillas y es donde se realizan las curas a pacientes que llegan con heridas, cambios de cura o simplemente pacientes que necesitan privacidad… Por ejemplo, una embarazada que necesita hacerse un ecocontrol para ver el bienestar fetal”, asegura. Asimismo, ante el severo impacto emocional de la catástrofe en la población, Pisani destaca el funcionamiento de un servicio de psiquiatría en alianza con el personal local. “Si el doctor no está ese día, simplemente, como tenemos una muy buena comunicación con los otros colegas y con el personal de San José, se averigua cuándo viene, se les hace la referencia y los pacientes acuden al llamado”, concluye.

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