Va en la mochila de los nenes de jardín. Lo toman en el recreo, en el almuerzo, en la vereda, en la plaza. El juguito de cartón individual tiene asistencia perfecta. Es práctico, de bajo costo, a los chicos les gusta y promete vitamina C. Para muchas familias argentinas, sobre todo en sectores populares, es un consumo básico de los más chicos. Lo que sólo se lee con lupa en el cartoncito es que, en la mayoría de los casos, uno de los principales ingredientes es el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF) o alguna otra forma de azúcar, en cantidades que pueden superar, con una sola unidad diaria, los límites de ingesta de azúcar libre recomendados para un preescolar por la Organización Mundial de la Salud.
Juguito que no es jugo
Baggio y Cepita dominan el segmento de bebidas en envase individual de 125 a 250 mililitros que se venden a través de kioscos, almacenes y distribuidoras mayoristas. En sus versiones más difundidas, siendo Baggio Pronto sabor Multifruta la más popular, la lista de ingredientes comienza con agua, continúa con puré de banana, azúcar o JMAF, y recién después aparecen las pulpas concentradas de pera, naranja, durazno y ananá. El producto lleva azúcar, JMAF, pulpa concentrada de pera, jugo concentrado de naranja, pulpa concentrada de durazno, jugo concentrado de ananá, vitamina C y antioxidantes. La denominación legal es “alimento líquido con 50% de jugo y pulpa de frutas”, aunque el nombre comercial y el diseño de packaging, con frutas frescas y colores brillantes, sugieran otra cosa. Las leyendas como “con vitamina C”, “sin conservantes” o “libre de gluten” dirigen la atención del consumidor hacia atributos secundarios, mientras que el azúcar añadida y el JMAF se esconden en la lista de ingredientes, en letra pequeña.

Demasiada azúcar, demasiado temprano
El Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) recomienda que la ingesta de azúcar libre se limite a menos del 5% de la ingesta energética en niños y adolescentes mayores de 2 años, y que sea incluso menor en menores de esa edad. La OMS recomienda reducir los azúcares libres a menos del 10% de la ingesta calórica total, con una meta ideal de menos del 5%. La definición de azúcares libres incluye no solo el azúcar añadido sino también los azúcares naturalmente presentes en los jugos de frutas y concentrados de frutas. Esto significa que el jugo de fruta, aun cuando sea 100% natural, no es equivalente a comer fruta entera: la fruta tiene fibra, que ralentiza la absorción de los azúcares. El juguito de cartón, reconstituido de concentrado y con JMAF o azúcar añadida, está lejos de toda comparación.
El consumo de bebidas azucaradas está particularmente vinculado a un aumento en la prevalencia de obesidad sobre todo en niños y adolescentes. La relación no es solo calórica: el azúcar libre en formato líquido se absorbe rápido, no genera saciedad y, consumido de manera cotidiana, contribuye a instalar un umbral de dulzor que dificulta la aceptación de alimentos menos procesados.
Peor que azúcar: JMAF
El JMAF es un endulzante derivado del maíz, de producción industrial, que se usa en la industria alimentaria por su bajo costo y su alto poder endulzante. Según el Código Alimentario Argentino, en el rotulado de los productos que contengan JMAF debe consignarse “contiene JMAF”, pero no se exige especificar en qué proporción respecto del azúcar de caña, por lo que no es fácil cuantificar el consumo diario. Argentina es además uno de los mayores productores de JMAF de la región.

La Lic. en Nutrición (FBCB- UNL) y Profesora de Biología Andrea Altamirano Facino señala sus riesgos: “Diversas investigaciones han demostrado que el consumo habitual de jarabe de maíz de alta fructosa puede generar alteraciones metabólicas significativas. Particularmente, se ha asociado con la aparición de hígado graso no alcohólico, resistencia a la insulina y elevación de los triglicéridos en sangre. Asimismo, interfiere con los mecanismos fisiológicos que regulan la saciedad, favoreciendo una mayor ingesta calórica. Como consecuencia, su consumo frecuente se vincula con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas diabetes tipo 2, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares. En este sentido, resulta importante comprender que este ingrediente no es inocuo y que consumir bebidas elaboradas con jarabe de maíz de alta fructosa no equivale a ingerir “agua con azúcar” simplemente. Los efectos metabólicos asociados a este compuesto son potencialmente más perjudiciales para la salud.”
El problema del hábito
Aunque su consumo es masivo, el juguito está más instalado en la rutina cotidiana de algunos sectores sociales que en otros. En sectores populares, el juguito cumple una función simbólica y práctica: es “algo de tomar” que los chicos aceptan, un premio dulce que entra en el presupuesto y un alimento seguro que se mantiene en condiciones sin refrigerar. Las distribuidoras mayoristas los venden por cajas de 18 unidades a precios que los hacen competitivos frente a cualquier alternativa: el costo por unidad queda alrededor de los 500 pesos. El resultado es un consumo diario, a veces de dos o tres unidades al día, que los padres no identifican como problemático, precisamente porque el producto se promociona como una bebida infantil para toda ocasión, se vende en packs y se muestra como saludable o, al menos, adecuado para la infancia.
Fernanda Kluguer es psicóloga y parte del equipo del nivel inicial de dos jardines de infantes: uno de gestión pública y otro de gestión privada, en distintos barrios del centro de la ciudad. “Hay mucha más información en las familias del jardín privado. En el otro jardín, de familias más humildes, encontramos que para el horario de entrada al mediodía muchos chicos entran ya con el juguito marca Baggio en la mano. Al ingresar los guardamos, porque en la sala ninguno puede tener algo que otros compañeros no. A todos les interesa, les llama la atención: si ven uno, lo van a querer.”
La Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable establece que todo alimento o bebida analcohólica con azúcares añadidos que supere los umbrales demarcados debe llevar el octógono negro “EXCESO EN AZÚCARES” en la cara frontal del envase. La ley también prohíbe que los alimentos y bebidas con al menos un sello de advertencia sean vendidos o promocionados en establecimientos educativos de nivel inicial, primario y secundario. En teoría, eso debería excluir a los juguitos con sello del kiosco de la escuela y del comedor. Pero nada dice la ley de los juguitos que los mismos chicos llevan a la escuela. Kluguer destaca: “Aunque pedimos a las familias que no los traigan, no nos prestan demasiada atención. A la salida pasa lo mismo: apenas los vienen a buscar les entregan un juguito, sin que los chicos pidan o reclamen nada. Tengamos en cuenta que ellos toman una merienda a la mitad de las tres horas que pasan con nosotros. Toman fruta, agua, a veces pan con manteca y mermelada, a veces alguna galletita o yogur, lo que envía el gobierno de la Ciudad; pero ellos eligen las frutas, las prefieren. En el momento de la salida no es que están deseando o reclamando especialmente el juguito.”
El consumo habitual de jugos industriales (y de productos ultraprocesados en general) favorece un fenómeno conocido como desplazamiento alimentario. En palabras de la Lic. Altamirano: “Esto significa que estos productos ocupan un espacio dentro de la alimentación cotidiana que podría destinarse a alimentos con una mayor densidad nutricional y un aporte más significativo de nutrientes esenciales para el crecimiento y desarrollo de las infancias. Por un lado, se ve afectada la hidratación adecuada, que debería realizarse principalmente a través del consumo de agua segura. Por otro lado, se reduce la oportunidad de incorporar alimentos fuente de proteínas y calcio, como la leche y sus derivados (siempre que formen parte del patrón alimentario familiar y no existan alergias, intolerancias u otras contraindicaciones para su consumo). Este mismo razonamiento puede extenderse a otros alimentos que suelen estar subrepresentados en la alimentación infantil, como las legumbres, las semillas molidas y las pastas de frutos secos. Fuentes sumamente valiosas de proteínas, grasas de excelente calidad, hierro, calcio y otros micronutrientes indispensables durante una etapa caracterizada por un crecimiento y desarrollo acelerados. Cuando los productos ultraprocesados desplazan sistemáticamente a estos alimentos, se pierde una oportunidad importante para mejorar la calidad nutricional de la dieta.”
Fecha de publicación: 03/07, 8:09 am