El consumo en la Argentina está en niveles récord. Una afirmación que resulta contraintuitiva frente al frío que se registra en las puertas de los comercios, góndolas, sucursales de bancos y la baja de la recaudación. La definición no es una contradicción en sí misma sino parte de un rompecabezas que explica desde cómo funcionan las cuentas macroeconómicas a cómo gastan los argentinos su dinero y otros cambios de fondo que ocurren en la economía hoy.
Para analizarlo conviene ir de lo general a lo particular.
En primer lugar: para el Indec todo lo que no se ahorra se gasta. Bajo su metodología, el consumo privado incluye una amplia gama de rubros que van desde gastos en comercios y servicios en el exterior en turismo o prepaga o luz. De ese modo el consumo llega al 70% del PBI en la Argentina. Y actualmente es uno de los dos motores de la demanda (el otro es las exportaciones porque la inversión retrocede y el sector público dejó de ser una fuerza expansiva sobre la economía).
Este consumo que mide el Indec crece hoy. La semana pasada el instituto publicó el desempeño del PBI para el primer trimestre del año: el consumo subió 2,7% anual y 0,8% trimestral. Desde que asumió Javier Milei lo hizo 7%. Hoy está por encima del pico máximo anterior que había registrado en 2017 durante el gobierno de Macri.
Dejando lo general y yendo a lo particular, la porción del consumo que más crece es la de bienes y servicios importados. Se gasta más proporcionalmente en turismo, viajes o bienes traídos desde el exterior a la puerta de los domicilios, que bienes producidos en la Argentina. Así lo han resaltado economistas con miradas diferentes, desde Miguel Angel Broda a Emmanuel Alvarez Agis.
“Cuanto mayor sea el gasto en bienes importados y en servicios de viajes, turismo y tarjeta en el exterior, menor será la parte del consumo que se destina a bienes y servicios producidos localmente”, dice Broda. “En esa lógica, los cierres de empresas y la debilidad del empleo privado formal son, en parte, consecuencia de la mayor apertura de la economía”.
En un cálculo, Alvarez Agis ‘limpió’ el componente importado del consumo y encontró que este aumentó 1% y no 8% (incluyendo bienes y servicios del exterior) en 2025.
Pero hay más. Broda relevó que aún cuando el consumo agregado está como en 2017, hoy los argentinos compran 45,6% menos de autos, 19,5% menos en el supermercado, 8,1% menos de electrodomésticos y hasta la masa salarial es 24,5% menor.
“En 2025, si bien se patentaron 198.606 autos más que en 2024, aún se registran 350.000 ventas menos de 0km que en 2013”, apunta Agis.
¿Y de qué se consume más? “De bienes importados casi 80% más”, según Agis. “Hoy se consume 18,7% más que en energía eléctrica que en 2017”.
¿Qué explica este cambio?
Principalmente tres: cambios en los precios, desregulación de la economía y una mayor liberalización cambiaria-financiera.
El primero son los precios. O lo que los economistas llaman “cambio en los precios relativos”. A esto se refieren cuando se gasta más en un ítem porque subió su precio o costo.
Efectivamente desde que llegó Milei se encarecieron tarifas, transporte, prepagos y servicios de comunicación como internet y telefonía. Todo esto pese a que los subsidios todavía siguen para una porción de la población.
Broda explica que esta política “dejó menos margen para el consumo voluntario como salidas, ropa, entretenimiento, bienes durables que es lo que más se siente en la calle. El aumento de las tarifas comprime el ahorro pero si este ajuste persiste en el tiempo y los ingresos no acompañan, termina desplazando el gasto y las familias recortan salidas, ropa, etc para sostener sus consumos más básicos”.
El segundo es la desregulación del comercio exterior y la llegada de productos importados puerta a puerta. Más competencia con un tipo de cambio que en lo que va del año aumentó casi 2% y la inflación cerca de 15%, impactó en la economía.
“Una mayor apertura con un tipo de cambio real apreciado estimula el gasto en bienes del exterior y reduce la demanda dirigida al entramado productivo local”.
Por último, actualmente se usan más dólares para atesorar que antes. Entre enero y mayo la demanda para es fin fue US$ 10.893 millones y el año pasado menos de la mitad. Quiere decir que los argentinos tenían más pesos disponibles para consumir un año atrás que hoy en día. Hoy esos pesos tienen como opción, además de gastarse en consumos, en refugiarse en el dólar.