La Fundación Faro, el think tank libertario vinculado al presidente Javier Milei y dirigido por el politólogo Agustín Laje, experimentó un crecimiento extraordinario en sus ingresos tras ser reformulada a fines de 2024. Según el balance que la organización presentó ante la Inspección General de Justicia en mayo de 2026, el patrimonio neto de la fundación pasó de apenas 12 millones de pesos en 2023 a 4.394 millones en 2024, cuando aún funcionaba bajo su antigua denominación de Fundación Valorar. Esto representa una multiplicación de sus activos 356 veces en apenas un año.
El origen de esta explosión de fondos se remonta a octubre de 2024, cuando la estructura fue reformada a impulso del asesor presidencial Santiago Caputo y su hermano Francisco. En esa oportunidad, renunció el consejo directivo anterior y se nombró a Ignacio María Bilbao La Vieja como presidente, junto a Lucía Aldao como secretaria y Marcelo Macías como tesorero, mientras que Laje asumió como director ejecutivo.
Simultáneamente, la entidad cambió de denominación oficial a Fundación Faro Argentina y modificó su objeto social, que originalmente se orientaba a atender personas en contexto de desigualdad, una misión que poco tenía que ver con la nueva orientación ideológica libertaria que adoptaría la institución.
Actos con Milei
El debut de la reformulada fundación fue espectacular. En noviembre de 2024, apenas dos meses después de su restructuración, Faro organizó lo que denominó su “Cena Solidaria” en el Yacht Club Puerto Madero, un exclusivo club ubicado en la margen del Riachuelo y propiedad de la familia Neuss, empresarios cercanos al círculo cercano del asesor Caputo.
El evento contó con la participación del presidente Milei, quien durante su discurso expresó su apoyo a Laje y a los otros referentes de la fundación, denominándolos sus “grandes amigos”. Para asistir a la cena, los empresarios debían abonar 25 mil dólares por cubierto.

A pesar de que la fundación funcionó oficialmente solo durante dos meses en 2024, logró recaudar casi cinco mil millones de pesos, equivalentes a 4,8 millones de dólares según el tipo de cambio vigente al cierre del año.
Esta cifra resulta particularmente notable al compararla con lo que recolectaban las fundaciones vinculadas al PRO en su época de mayor auge. Las tres principales fundaciones del macrismo, Pensar, Suma y Fundar, juntas recaudaban en promedio alrededor de un millón de dólares anuales durante los años 2013 y 2015, cuando se preparaban para asumir el gobierno nacional. La capacidad de la fundación Faro para levantar casi cinco veces esa cantidad en solo dos meses de operación constituye un fenómeno sin precedentes en la historia de las fundaciones políticas argentinas.
La mesa empresarial que asistió a la “Cena Solidaria” incluyó figuras de primer nivel del sector privado. Empresarios como José Luis Manzano de Edenor, Hugo Eurnekian de Corporación América, Martín Migoya y Guibert Englebienne de Globant, Betina Bulgheroni de Pan American Energy, Marcelo Mindlin de Pampa Energía, Claudio Belocopitt de Swiss Medical, Sebastián Bagó, Horacio Marín en su carácter de presidente de la estatal YPF, así como representantes de Vista Oil & Gas, TotalEnergies y Techint acudieron al evento.
Sin nombres de los donantes
La fundación no divulgó hasta ahora los nombres de los principales donantes, contraviniendo lo que exige la normativa de la Inspección General de Justicia. Según la regulación, todo aporte superior al equivalente de 40 salarios mínimos debe ser identificado públicamente en los balances. Sin embargo, cuando medios de prensa consultaron a Faro sobre quiénes fueron los grandes aportantes, la respuesta fue que consideraba esa información confidencial.
Del análisis del balance surge que la fundación recibió 4.957 millones de pesos en concepto de “donaciones, cursos, talleres y prevención”, en 2024, cifra que representa el 99 por ciento de los ingresos totales. Sin embargo, la documentación presentada ante la IGJ no especifica a quiénes correspondían estas donaciones ni permite distinguir cuánto se recaudó específicamente en la “Cena Solidaria”.
Lo que resulta más revelador es cómo la fundación utilizó esos fondos. En lugar de destinarlos a gastos operativos o a iniciativas de “pensamiento crítico y valores liberales”, como establece su memoria institucional, la organización invirtió la mayor parte de los recursos en fondos comunes de inversión, letras del Tesoro nacional y bonos.
Según el balance, de los 4.394 millones de pesos en patrimonio neto, 4.188 millones fueron destinados a este tipo de inversiones financieras. Esto sugiere que la fundación optó por mantener la mayor parte de sus recursos en instrumentos de mercado de capitales, generando retorno financiero para el año siguiente.
Gastos en eventos, publicidad y seguridad
Pese a esta estructura financiera conservadora, la fundación sí realizó gastos significativos en áreas que merecen atención. Invirtió 205 millones en eventos, campañas y difusión, y 92,8 millones en alquileres de oficinas y expensas.
Particularmente llamativo es que gastara 47,9 millones en servicios de seguridad, una cifra elevada para una organización que no cuenta con una estructura operativa masiva. En sueldos y cargas sociales se registraron 23,9 millones, aunque el balance no detalla cuántos empleados tenía la fundación.
Posteriormente, entre 2025 y 2026, la Fundación Faro se convirtió en la organización con mayor gasto en publicidad electoral y política en redes sociales. A través del sitio Ratio, invirtió más de 1.079 millones de pesos en campaña publicitaria en Meta, la plataforma que controla Facebook e Instagram, posicionándose como el principal comprador de anuncios electorales del período preelectoral legislativo. Esta cifra fue superada solo por la Jefatura de Gabinete, que también incrementó significativamente su pauta electoral.
Por su parte, la red empresarial que respalda a Faro tiene conexiones que van más allá de las simples donaciones filantrópicas. La familia Neuss, propietaria del Yacht Club donde se realizó la “Cena Solidaria”, creció considerablemente durante el gobierno de Milei.
En enero de 2026, Edison Energía, un holding compuesto por los Neuss y accionistas del Grupo Newsan junto con otros empresarios locales, se quedó con dos de las cuatro concesiones para centrales hidroeléctricas que el Gobierno nacional licitó en Neuquén y Río Negro.