La “dolarización” ahorró algunos ceros en los impresos que los Amigos del Moderno distribuyeron entre las doscientos veinte personas que participaron de la cena beneficio que se realizó en El Moderno, en el marco de su 70° aniversario.

En esos tarjetones se podía marcar las diferentes cifras –en dólares–que los comensales destinaban a la institución además de los quinientos dólares que pagaron por los respectivos cubiertos. Esas donaciones complementarias iban de los cien mil dólares a los dos mil quinientos, también figuraba una extensa línea de puntos como opción para que quien quisiera aportar una cifra por fuera de las sugeridas.
El deseo de una mujer jugó a favor de El Moderno.
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Victoria Noorthoorn, directora del Museo y coanfitriona de la noche, destacó un concepto que desde que se aplicó hace ya varios años, posibilitó que –sobre todo– se ampliara su patrimonio artístico. “Este museo de setenta años de historia se construye gracias a la conjunción de dos voluntades: lo público en alianza con lo privado, esto es una fuente de fortaleza institucional”, dijo Noorthoorn.

El mencionado acervo cultural comprende en la actualidad más de ocho mil obras de artistas argentinos que son referentes del arte moderno y contemporáneo de nuestro país. Una selección de esas obras integran, por ejemplo, la exposición Moderno y MetaModerno. Edición 70 Aniversario que pudieron recorrer los invitados durante el cóctel que precedió a la cena propiamente dicha.

Uno de los que recorrió la sala “multicolor” con llamativo interés fue el empresario Luis Galli, mientras que Martín Cabrales se inclinó por las piezas de arte cinético de Julio Le Parc, como también lo hizo Carmen Cerrutti de Zorreguieta, la mamá de la reina de los Países Bajos. En paralelo, Adriana Rosenberg –quien estaba tan esquiva a las fotos como suele estarlo su pareja Paolo Rocca– se quedó en el espacio bicolor dominado por una cuadra de grandes dimensiones de Kenneth Kemble.

Entre los invitados estuvieron Juliana Awada, una atenta seguidora del arte contemporáneo argentino; el coleccionista Esteban Tedesco quien hace poco desplegó varias de sus obras en una exposición en el Fondo Nacional de las Artes; Gerardo Azcuy, empresario que en asociación de El Moderno creó el premio Azcuy para artistas argentinos; Javier Timerman quien repite la experiencia de ser sponsor de arte como lo fue en 2025 de la exposición de Churba en el Museo de Arte Decorativo, y de Oscuridad visible: La larga sombra de la dictadura, la expo de El Moderno que hasta noviembre próximo estará en Venecia en simultáneo con la Biennale.

Y entre los artistas estuvieron, entre otros, Marta Minujín, Guillermo Kuitca, Chola Poblete –quien como Anna Wintour no se deja fotografiar sin lente oscuros–, Ariel Cusnir, Eduardo Basualdo, y Manuel Brandazza, delante de cuya obra se ubicaron dos mesas con importantes mecenas. La particularidad de la misma es que ocupa toda una pared y el “lienzo” es todo “tierra de la hidrovía”, es decir, barro del Río Paraná.

La presencia de Amalia Amoedo generó la lógica curiosidad de saber cuánto había pagado por Monitor Yin Yang, la obra de Matías Duville que se presentó en el Pabellón Argentino de la Bienal de Venecia, que ella compró hace menos de diez días. Lo único que se supo –no por boca de este mecenas, coleccionista y alma mater de Arthaus– es que fue la venta récord para el artista argentino , no para el mercado local que lo detenta Andrés Buhar, también mecenas y coleccionista, quien en 2025 pagó un millón doscientos mil dólares por Argentina, los diez paneles gigantes –que agrupados suman cuarenta y cinco metros de largo– realizado por Mondongo.
cp