300 drones cubanos y la narrativa de la amenaza

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300 drones cubanos y la narrativa de la amenaza

Hace pocos días el portal estadounidense Axios hizo referencia a informes de inteligencia clasificada que indican que desde 2023 Cuba habría adquirido más de 300 drones. En el marco de las crecientes tensiones entre los gobiernos norteamericano y cubano esta noticia ha generado un gran revuelo.

Sin embargo, en términos militares y estratégicos, esto tiene bastante menos relevancia de lo que parece en su primera impresión: los drones no son ni tan letales ni 300 es una cantidad tan vasta como para generar tanta repercusión.

Por otra parte, es razonable que en este contexto un país como Cuba acuda a un arma de bajo costo y que está siendo bastante efectiva en guerras asimétricas. Si bien para enfrentar a una potencia militar como Estados Unidos, la capacidad de daño material de los drones es escasa, simbólicamente es mucho mayor.

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Depende de la tecnología de esos drones (los hay más sofisticados que otros) y de su alcance, pero sí son capaces de dañar un objetivo puntual y de generar pequeñas bajas. Esto, ante guerras impopulares, va mellando la adhesión de los propios y, a la vez, galvanizando la opinión pública del país atacado generando un efecto con resonancias épicas del tipo “David contra Goliath”.

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En el informe citado se alude a una posible amenaza para objetivos estadounidenses cercanos, como Guantánamo o Florida. El primero sí es un objetivo alcanzable porque se encuentra en la propia isla, pero cuesta imaginar un Pearl Harbor, sino más bien eventuales daños puntuales y mínimas bajas.

Si bien los drones parecen haberse puesto de moda en los análisis e informes de defensa, no están en condiciones de cambiar las reglas del juego para países con menor capacidad militar”

En la segunda posibilidad los drones tienen que recorrer una gran distancia sin ser detectados y se vuelven, por tanto, muy vulnerables a las defensas antiaéreas.

Si bien los drones parecen haberse puesto de moda en los análisis e informes de defensa, no están en condiciones de cambiar las reglas del juego para países con menor capacidad militar convencional. En todo caso sí contribuyen a reducir asimetrías entre las fuerzas que se enfrentan.

El ejemplo de Hezbollah al sur del Líbano frente a uno de los ejércitos más poderosos y sofisticados del mundo, como el israelí, es elocuente. No obstante, se trata de un daño más bien simbólico y que en todo caso puede demorar los avances, pero difícilmente inclinar la balanza. Un punto crucial es la capacidad para fabricarlos en forma autónoma.

Cuba está muy aislada y es muy fácil de bloquear militarmente, por lo que resulta difícil asegurarse de un suministro regular de armas en caso de un conflicto sostenido en el tiempo.

Es poco lo que Rusia y China podrán hacer en una región de la que habrían aceptado sino apartarse del todo en lo militar al menos no disputar la hegemonía”

El propio informe de inteligencia que salió a relucir en las últimas horas en EE.UU. contribuye a aumentar la tensión y a construir la idea de que Cuba representa una amenaza. Puede ser el antecedente de una intervención y parte importante en una narrativa que la sostenga. Incluso se agita la amenaza de una posible intervención e influencia de potencias extra-regionales como Rusia, Irán o China a 90 millas de Miami.

No obstante, la lejanía y el aislamiento de Cuba son patentes. Además, en un enfoque de “áreas de influencia” como en forma implícita parece haberse acordado recientemente entre líderes como Trump, Putin y Xi Jinping es poco lo que Rusia y China podrán hacer en una región de la que habrían aceptado -sino apartarse del todo en lo militar- al menos no disputar la hegemonía. Menos aún lo estaría Irán en plena conflagración bélica en su territorio y en el Golfo Pérsico.

No debemos olvidar el reciente ejemplo de Venezuela, supuestamente una aliada de los tres países referidos y, sin embargo, no podemos dar cuenta de la más mínima intervención cuando fue la captura de Nicolás Maduro en enero de este año. Actualmente, con Cuba en una crisis energética dramática apenas hubo intentos de enviar combustible o cuando los hubo tímidamente fueron bloqueados por EE.UU.

De este modo, la amenaza de utilizar la fuerza, la presión simbólica y el daño a la reputación de la propia Cuba van de la mano y forman parte del estilo negociador de Trump. Por si fuera poco, del lado cubano, y en forma similar a Irán, contamos con un régimen que no tiene opciones de salida conveniente, salvo que se encuentre y fomente algún liderazgo emergente y más dialoguista como ocurrió en Venezuela.

Por lo tanto, la construcción de una amenaza a la seguridad nacional por parte de una nación empobrecida, que soporta tanto una dictadura como un bloqueo comercial y financiero desde hace décadas, que apenas cuenta ya con apoyos internacionales y que se encuentra en medio de una crisis energética que no parece tener solución, pero que posee 300 “tremendos” drones de fabricación rusa e iraní, parece ser un peldaño más en la escalación de un conflicto que difìcilmente traiga buenas noticias.

*Director de Posgrados de la Facultad de Ciencias Sociales, Educación y Comunicación

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