Cuando el gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua, habló en la Fiesta del Pescado de Cultivo de un “desarrollo a la misionera”, no hizo solamente una referencia económica. También evocó una forma histórica de crecer, producir y construir comunidad en una provincia que desde sus orígenes debió abrirse camino lejos de los grandes centros del país.
Misiones nació y se consolidó sobre pequeñas chacras familiares. A diferencia de otras regiones argentinas dominadas por extensiones enormes dedicadas a un solo cultivo, el modelo misionero se apoyó en la diversidad. En una misma chacra convivían la yerba mate, el té, el tabaco, los citrus, la mandioca, la cría de animales, la huerta y, muchas veces, la producción para el autoconsumo.
Esa lógica no solo respondía a una necesidad económica. También era una estrategia de supervivencia. Diversificar significaba reducir riesgos, garantizar alimento y sostener ingresos aun en tiempos difíciles. El pequeño productor misionero aprendió históricamente a no depender de una sola actividad.

Pero el otro gran pilar del “desarrollo a la misionera” fue el asociativismo. Los pioneros que llegaron a Misiones —muchos de ellos inmigrantes europeos, brasileños y paraguayos— comprendieron rápidamente que solos no podían crecer. Así nacieron las cooperativas agrícolas, yerbateras, eléctricas y de servicios, que terminaron siendo una de las columnas vertebrales de la economía provincial.
Las cooperativas permitieron comprar maquinaria, industrializar productos, acceder a mercados, exportar y sostener precios. Pero además construyeron una cultura social basada en el esfuerzo colectivo, donde el vecino no era solamente competencia, sino también socio y aliado.
Ese modelo marcó profundamente la identidad económica y cultural de Misiones. Por eso, cuando Hugo Passalacqua habla de “desarrollo a la misionera”, el concepto remite a varias características propias y únicas que son parte de la definición que se expresa como generalidad al decir “misionerismo”:
- Producción diversificada en pequeñas y medianas chacras.
- Fuerte presencia de economías regionales.
- Valor agregado dentro de la provincia.
- Cooperativismo y trabajo asociativo.
- Participación del Estado como articulador.
- Integración entre producción, industria, turismo y ambiente.
- Arraigo territorial y defensa de las comunidades locales.
La piscicultura, justamente, aparece como un ejemplo moderno de esa lógica histórica. Muchas familias rurales incorporan la cría de peces como complemento de otras actividades productivas, generando nuevos ingresos sin abandonar la matriz diversificada típica de Misiones.
El concepto también busca diferenciarse de modelos extractivos o excesivamente concentrados. En Misiones, el desarrollo suele plantearse más vinculado al agregado de valor local, a las cadenas cortas de producción y a la distribución territorial de la economía.
La provincia construyó así una identidad propia dentro de la Argentina: una economía menos basada en grandes extensiones agrícolas y más apoyada en miles de pequeños productores distribuidos en distintos municipios.
Incluso sectores más recientes, como el turismo, la forestoindustria, la economía del conocimiento o la producción audiovisual, comenzaron a incorporarse bajo esa misma lógica de articulación entre Estado, privados y comunidad.
El “desarrollo a la misionera” aparece como una síntesis del ADN misionerista, basado en la historia económica y social de la provincia: trabajo familiar, diversidad productiva, cooperativismo, arraigo y una fuerte capacidad de adaptación.
Un modelo nacido en la chacra, sostenido por generaciones y que todavía hoy sigue definiendo gran parte de la identidad de Misiones.