*Por Jorge Balanda
En su eterno accionar, Moscú no se detiene: la práctica es la misma, solo cambian la metodología. Hace algunos días, el Kremlin organizó una Conferencia Científica y Práctica Internacional sobre Observación y Análisis de Procesos Electorales, en la propia capital rusa.
Obviamente, más que un espacio académico neutral funcionó como un foro político con sesgos evidentes, donde la retórica sobre cooperación internacional encubre la falta de rigor crítico y la instrumentalización de la observación electoral.
El evento fue organizado por el Centro de Interacción y Cooperación Internacional (CIIC), una ONG vinculada a la diplomacia rusa, lo que plantea dudas sobre su independencia, o más bien despeja dudas sobre la falta de la misma. La presencia de parlamentarios y políticos extranjeros, como la misionera Julia Perié en representación del Parlasur, parece orientada más a dar legitimidad internacional a la narrativa rusa sobre elecciones que a fomentar un debate científico genuino.
Aunque se presenta como “científica y práctica”, la conferencia se centró en intercambios testimoniales y diplomáticos, sin evidencia de metodologías comparativas sólidas ni estudios empíricos publicados. Se privilegió la exposición de experiencias personales de observadores, lo cual aporta color político pero carece de valor científico verificable.
El foro se presenta como internacional, pero con una mayoría de actores provenientes de países con afinidad política hacia Rusia, la pluralidad de voces y opiniones brilla por su ausencia. Lógicamente, no se observó una participación significativa de organismos reconocidos como la OSCE o la UE, que suelen liderar estándares de observación electoral.
Rusia utiliza este tipo de conferencias para proyectar una imagen de apertura y cooperación, mientras enfrenta críticas por la falta de transparencia en sus propios procesos electorales. En definitiva, la conferencia en Moscú carece de credibilidad científica y neutralidad política. Más que un espacio de análisis riguroso, funciona como una plataforma de legitimación geopolítica.
La tarea de “Casa Rusia”, en Buenos Aires, como antes la de algunos clérigos de la Iglesia Ortodoxa dependiente de Moscú y tantos infiltrados, continúa sin pausa. Con abundante financiación, crean estos foros que solo sirven para mostrar el reverso de su verdadera cara: un aparato diplomático que se disfraza de ciencia para justificar lo injustificable.