Sucedió en Chacarita

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Sucedió en Chacarita

Siempre me sorprende el ambiente de entusiasmo que hay en la FED, la feria de editores independientes, donde la gente se amontona para comprar libros y se llevan, por ejemplo, las ochocientas páginas de Melpómene, el diario completo del escritor argentino Enrique Wernicke (1915-1968). El acontecimiento es obra de Editores Argentinos, una editorial casi secreta.

Pero también hay libros gratis en la FED. Uno de ellos es la colección de relatos sobre un tema común que todos los años edita oficialmente la Feria. Esta vez, con San Cayetano en la portada, el tema es el trabajo y el libro reúne diez cuentos. Algunos son casi ensayos, como el de Carlos Mendoza, que analiza la alienación laboral en la industria tecnológica, incluyendo la irrupción de la Inteligencia Artificial. Me gustó el cuento de Diego García, que habla de un colombiano que trabaja en un call center y me quedé con las ganas de saber si García es colombiano en la vida real. Es que el libro carece de datos sobre los autores, más allá del nombre y apellido: no hay siquiera una pequeña biografía y tampoco un link o un QR que permita obtener la información online. Lo mismo me pasó con el cuento de Alina Pascal sobre dos chicas extranjeras que comparten un pequeño departamento y tiene un sutil contenido erótico. También quiero elogiar el imaginativo cuento de Agustina Zabaljáuregui, que nada tiene que ver con el trabajo ¿o sí?

El otro libro gratuito me dejó bastante preocupado. Se titula Frackibacter Vaccamortensis, es una edición de la Fundación Eco Eco y es parte de una batería de intervenciones artísticas destinadas a combatir las tecnologías extractivas de última generación. El libro contiene cinco cuentos de escritores que fueron invitados a visitar Añelo, un pueblo situado en el corazón de Vaca Muerta, y a producir un relato a partir de la experiencia. Los relatos son de tono postapocalípticos y, entre ellos, el de Magalí Etchebarne tiene un vuelo que le permite escapar de la chatura de ilustrar las consignas. Estas aparecen profusamente tanto en el prólogo de Pablo Schanton como en el epílogo de Valeria Meiller. Ambos comparten una mirada ecologista radical (“ecosófica”) que reúne el lenguaje inclusivo, el combate antiimperialista, la reivindicación de los pueblos originarios, el desprecio por Milei, el cambio climático y cuanta batalla libre la izquierda en la Argentina y en el mundo para organizarlas en torno a la batalla contra el fracking. Meiller va mucho más allá de la denuncia e invita a “asumir el racismo estructural de la sociedad argentina” y no acepta compromisos. Como las energías renovables utilizan el litio y también son extractivistas, concluye que “la única estrategia viable para hacer frente a la crisis de derechos humanos y de justicia medioambiental consiste en desescalar radicalmente la economía.”

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Meiller propone terminar con la aceleración capitalista retrotrayendo la sociedad a alguna etapa anterior ¿al teléfono celular? ¿a la computadora? ¿al uso del petróleo? ¿a la revolución industrial? ¿O propone acaso que los humanos vuelvan a ser cazadores-recolectores? El sueño verde de Meiler se parece a una vuelta al campo sin tecnología, como durante la Revolución Cultural de Mao. Ese sería el precio por salvar el planeta y devolverle la Patagonia a los mapuches.

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