Entre la maraña de datos, cotizaciones y resúmenes con los que habitualmente abrimos la mañana, hay un número particular en el que quiero hacer un subrayado especial, un énfasis casi obsesivo. No es el comportamiento cotidiano del dólar, ni la fluctuación minúscula de las acciones. Es algo mucho más profundo y preocupante. Pero ya vamos a ir a eso.
Primero, el contexto doméstico. Ayer el mercado de cambios volvió a comportarse de manera mixta, casi dubitativa. El tipo de cambio oficial bajó apenas un suspiro para ubicarse en $1.520, mientras que el dólar blue experimentó un leve salto de 10 pesos para cotizar a $1.535. Por su parte, el dólar MEP se mantuvo prácticamente inmutable en $1.524, y el Contado con Liquidación (CCL) dio un respiro, alejándose del techo de los $1.600 para cerrar en torno a los $1.583. En la bolsa local, el Merval mostró una tibia sonrisa verde subiendo un 1,14%.
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Sin embargo, el verdadero termómetro económico argentino —el que mide la fiebre real del paciente— mostró una marca que no podemos pasar por alto: el riesgo país.
Ustedes recuerdan bien que hace poco más de un mes hablábamos con cierto entusiasmo de un riesgo país en los 404 puntos básicos. Parecía que consolidábamos un piso. Pero en el momento exacto en que esa barrera invisible de los 400 puntos se rompió hacia arriba, ahí se terminó la alegría. El indicador comenzó a trepar de manera constante: escaló a 451 puntos el pasado viernes y ayer lunes tocó el techo más alto de los últimos dos meses, ubicándose en 463 puntos.
¿Qué está pasando acá? La respuesta corta y honesta es: no hay certezas absolutas. Es una combinación explosiva entre nuestras propias desconfianzas estructurales y un panorama internacional que está, lisa y llanamente, recontra complicado.
Si miramos hacia afuera, el mundo vive un estado de fricción permanente. Wall Street vuelve a tropezar día tras día; ayer cayeron el S&P 500, el NASDAQ y el Dow Jones. Las pérdidas son contantes y el clima de negocios global se deteriora.
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Pero el factor decisivo hoy tiene aroma a hidrocarburos y tensión militar. Hablo del petróleo.
Ayer, el barril de petróleo Brent (la cotización de referencia europea) pegó un salto de casi el 5%, rozando los US$ 88. Y esta mañana no detiene su marcha: sube otro 2% para colocarse cerca de los US$ 90. Por su parte, el WTI (el crudo tejano) registró subas superiores al 5% ayer y hoy cotiza superando los US$ 84.
La situación en la zona del Estrecho de Ormuz mantiene en vilo al comercio energético mundial. La geopolítica se ha vuelto extremadamente confusa y volátil, al punto rocambolesco de que Donald Trump parece estar a punto de autopromocionar una supuesta e inminente victoria sobre Irán. Una puesta en escena que, de concretarse en estos términos, rozará lo completamente ridículo.
Argentina no es una isla. La escalada del riesgo país no se explica únicamente por la política local; está conectada de manera directa e inevitable con este temblor global. Cuando el mundo se complica, el capital huye hacia la seguridad y castiga sin piedad a las economías emergentes. Hoy, el tablero internacional parpadea en rojo, y en la Argentina, los números nos recuerdan que la prudencia debe ser la regla.
MEG