El gobierno de Brasil acusó esta semana a EE.UU. de buscar interferir en las elecciones presidenciales de octubre, luego de que Washington le revocara la visa a la embajadora brasileña, María Luis Viotti.
En un comunicado, la oficina del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva señaló que la acción de EE.UU. “no es un hecho aislado” y que forma parte de un “interés injustificado por interferir en las próximas elecciones presidenciales”, a la vez que condenó la decisión de la administración Trump.
Desde la Casa Blanca aseguraron que el visado de Viotti sería devuelto cuando Brasilia acepte las credenciales del embajador designado por EE.UU. y ratificado por el Senado ayer, el cubanoamericano Daniel Pérez. Hasta que eso no suceda, la diplomática brasileña podría seguir en el país, aunque en caso de viajar al exterior no podría volver a ingresar.
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EE.UU. dejó de tener embajador en Brasil desde enero de 2025, cuando Trump asumió su segundo mandato. Durante 17 meses las relaciones entre ambos países se limitaron a la dimensión comercial con la gestión del Encargado de Negocios estadounidense Gabriel Escobar quien fue reemplazado por Natasha Franceschi hace un mes.
El Gobierno brasileño dijo que la petición de Estados Unidos sobre el embajador Pérez “aún está en análisis” y aclaró que la Convención de Viena no estipula plazos para dar una respuesta.
Asimismo, recalcó que según esa Convención, Estados Unidos no podría haber divulgado el nombre del embajador antes de que Brasil confirmara que lo aceptaría.
Washington reclama además que en julio pasado, Brasilia negó las visas a dos funcionarios estadounidenses que buscaban ingresar a Brasil. Según dijo Lula, el permiso fue denegado ya que tenían como objetivo “entrometerse y fiscalizar e investigar las urnas brasileñas”.
Desde Itamaraty, se sostuvo que “llamó la atención” que esas visas se pidieran un día antes de que Flávio Bolsonaro, rival de Lula en las próximas elecciones, cuestionara la fiabilidad del sistema electrónico de votación de Brasil, con planteos similares a los que llevaron a la inhabilitación política de su padre, Jair Bolsonaro.
Por su parte, el Departamento de Estado norteamericano desmintió intenciones de “socavar las elecciones” brasileñas.
Vaivenes. Ambos gobiernos atraviesan una relación conflictiva con idas y vueltas desde el retorno de Trump a la Casa Blanca.
Uno de los mayores problemas radica en el apoyo del presidente republicanos hacia Bolsonaro.
Luego de conocerse la sentencia contra Jair Bolsonaro por intento de Golpe de Estado, EE.UU. impuso unilateralmente aranceles del 50% -que luego fue rebajando- a productos brasileños como represalia por lo que el mismo Trump consideró, se trataba de una “caza de brujas”. Además, EE.UU. impuso sanciones al juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes. Lula rechazó contundentemente por ser una violación a la soberanía nacional y a la democracia.
La relación entre los mandatarios parecía llegar a una “tregua”, luego de que ambos se encontraran en agosto de 2025 en Nueva York, durante la Asamblea General de la ONU. Un cruce y una charla breve en los pasillos del edificio bastaron para que Trump dijera que Lula le “cayó bien”. Este encuentro derivó en una reunión bilateral en mayo de este año. Pero, la paz entre ambos se volvería a quebrar, pocos días después cuando se difundió una foto del candidato opositor y rival de Lula, Flávio Bolsonaro junto a Trump en el Salón Oval de la Casa Blanca.
La disputa diplomática se produce a menos de dos meses de las elecciones presidenciales del próximo 4 de octubre en Brasil.
Esta semana, Lula confirmó que será candidato y enfrentará a Flávio Bolsonaro, en búsqueda de un cuarto mandato.