Septiembre tiene un protagonista indiscutido para muchos pescadores que buscan una alternativa diferente en los ríos bonaerenses: la sardina del Guazú, también conocida como anchoa de río. Se trata de un pez migratorio que ingresa a la cuenca del Plata durante el mes de septiembre para desovar. Su presencia genera una oportunidad única para practicar una modalidad dinámica, entretenida y que exige estar permanentemente atento a cada pique. Además, cuando el pescador encuentra el ritmo adecuado, la acción puede ser realmente intensa: en determinadas pasadas es posible obtener hasta dos sardinas por lanzamiento.
Un pez inconfundible A primera vista, la sardina puede confundirse con otras especies que habitan nuestros ríos. Sin embargo, cuando se la observa con atención, aparecen características que permiten identificarla rápidamente. Su cuerpo presenta una coloración plateada con tonos azulados y una característica mancha lateral ovalada de color negro. Sus aletas son claras, mientras que la caudal adquiere una tonalidad naranja amarillenta. Puede alcanzar aproximadamente 25 cm de longitud y posee una característica particular: no tiene dientes como otras especies. En su lugar presenta estructuras similares a pequeñas espátulas, adaptadas a su alimentación. Su dieta incluye larvas, insectos, materia vegetal y peces pequeños, un comportamiento que también es tenido en cuenta por quienes practican la pesca con mosca.
La pesca al vuelo Entre las distintas alternativas para capturar sardinas, la denominada pesca al vuelo es una de las más entretenidas y efectivas. La técnica puede parecer sencilla, aunque requiere atención y precisión para encontrar el ritmo de trabajo adecuado.
Una de los aparejos tradicionales es una línea de fondo de dos anzuelos, preferentemente pequeños y plateados. Estos se colocan mediante brazoladas de aproximadamente 70 cm, utilizando nylon del 0,30 mm, y con al menos un metro de separación entre ambos. En el extremo se coloca un plomo liviano, de alrededor de 10 g, que permite ganar distancia y profundidad durante el lanzamiento. A partir de allí comienza la parte más entretenida: lanzar y recoger, buscando determinar a qué velocidad se producen los piques. Por eso, se recomienda utilizar una caña corta y liviana, ya que la modalidad tiene similitudes con el bait cast y demanda un trabajo permanente del equipo.
Aunque la pesca al vuelo es una de las modalidades preferidas para esta especie, también existe otra alternativa: el paternóster. En este caso se puede utilizar una boya tipo palito con varios anzuelos ubicados a diferentes profundidades, acompañada por un pequeño plomo en el extremo para darle estabilidad al conjunto. A diferencia de la pesca al vuelo, esta modalidad permite una pesca más orientada a la espera, aunque igualmente resulta necesario encontrar la profundidad en la que se están moviendo las sardinas.
La variedad de carnadas permite también realizar diferentes pruebas hasta encontrar la que mejor responde durante la jornada. Entre las opciones se encuentran el filet de la propia sardina, mojarra y dientudo. Además, la lombriz también puede ofrecer buenos resultados. La elección tiene relación directa con los hábitos alimentarios de la especie. Como se alimenta de pequeños organismos, insectos, larvas y peces menores, diferentes presentaciones pueden despertar su interés. Y justamente por esa característica, los pescadores con mosca también encuentran en la sardina un pez sumamente atractivo para experimentar con imitaciones y diferentes patrones.
Copa Aniversario del Club Guazú Toda esta pasión tuvo su gran escenario durante la Copa Aniversario del Club Guazú, una competencia que reunió a algunas de las mejores cañas de Buenos Aires. El escenario fue inmejorable: el muelle de la sede del club, donde los pescadores pudieron desplegar toda su técnica. Además, las condiciones meteorológicas acompañaron. Si bien la temperatura fue baja, el sol estuvo presente durante toda la jornada y no se registraron vientos bruscos, algo fundamental para quienes necesitaban realizar lanzamientos precisos.
Con el equipo en el agua, la clave estuvo en encontrar el punto exacto donde comenzaban a picar estos rápidos cazadores. Una vez detectado, la velocidad de recuperación pasó a ser determinante. De hecho, algunos participantes llegaron a obtener dos ejemplares en una misma pasada.
La categoría damas tuvo una definición destacada y mostró un muy buen nivel de capturas. El primer puesto quedó en manos de Chiara Fangi, del Club de Pescadores, quien consiguió 71 piezas. El segundo lugar fue para Analía Villar, representante del Guazú, con 63 sardinas, mientras que Valeria Sánchez, del Olivos, completó el podio con 54 piezas.
En la categoría mayores, el ganador fue Leonardo Morato, del Club El Remanso, quien alcanzó una impresionante marca de 92 piezas. El segundo lugar quedó para Jorge Segurado, también representante de El Remanso, mientras que el tercer puesto fue para el experimentado Cristian Bernhardt, del Club Guazú.
Aunque septiembre se termina, en octubre la especie seguirá siendo opción. Así, los muelles y costas del Guazú se mantendrán como un escenario interesante para una de las pescas más entretenidas que ofrece la zona.
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