Este 27 de julio, el santoral católico rinde un piadoso y solemne homenaje a uno de los catorce santos auxiliadores más venerados de la cristiandad primitiva, San Pantaleón. Este célebre médico y mártir del siglo IV entregó su ciencia y su propia sangre en la región de Nicomedia, convirtiéndose en un testimonio eterno de fidelidad doctrinal frente a las violentas persecuciones desatadas por el Imperio Romano.
La milagrosa conversión, el ministerio de sanación y el martirio de San Pantaleón
Nacido en una familia noble, recibió las primeras nociones de fe de su madre, Santa Eubula, pero se distanció de la religión tras su muerte. Educado por el eminente doctor Eufrosino, su talento científico llamó la atención del emperador Maximiano, quien lo nombró su médico personal. No obstante, un santo sacerdote llamado Hermolao despertó nuevamente su conciencia espiritual, mostrándole que la verdadera salud proviene de la gracia divina.
Convertido formalmente al cristianismo, el joven médico comenzó a ejercer su profesión bajo la condición de “anargiro”, expresión griega que define a quienes curan los cuerpos sin exigir compensación material alguna. Pantaleón unió de manera indisoluble la ciencia médica con una intensa vida de oración, devolviendo de forma milagrosa la vista a los ciegos y la movilidad a los paralíticos mediante la sola invocación del nombre sagrado de Jesucristo.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
San Bruno de Segni: el valiente obispo benedictino que defendió la pureza de la Iglesia
La inmensa fama de sus curaciones físicas despertó la envidia de las autoridades paganas locales, quienes lo denunciaron formalmente ante el tribunal imperial acusándolo de practicar la magia negra. Detenido por orden de Diocleziano, el santo desplegó el milagro de la palabra al defender con audacia su doctrina evangélica, rechazando con absoluta firmeza las reiteradas presiones y promesas imperiales que le exigían realizar sacrificios a los ídolos paganos de Roma.
Las actas litúrgicas antiguas detallan que fue sometido a seis tormentos brutales, que incluyeron el fuego y el plomo fundido, saliendo milagrosamente ileso gracias a la constante intervención celestial. Finalmente, el mártir permitió su decapitación en el año 305; la tradición eclesiástica testifica que de sus heridas brotó leche en lugar de sangre y que el viejo olivo seco donde fue atado floreció instantáneamente como un signo de caridad evangélica.
La devoción actual hacia su figura conserva una vigencia universal asombrosa, especialmente por el misterio de su sangre custodiada en relicarios de Italia y España, la cual experimenta el milagro de la licuefacción cada 27 de julio. Considerado el celestial patrono de los médicos, las parteras y los enfermos de consunción, su fiesta representa una invitación eclesial para ejercer el servicio al prójimo con desinterés y misericordia.
Las oraciones a San Pantaleón suelen implorar el don de la salud corporal y espiritual frente a las dolencias más severas. Los files acuden hoy a su auxilio celestial para solicitar paciencia en las enfermedades crónicas, lucidez para los profesionales de la medicina y la constancia necesaria para mantener una fe inquebrantable frente a las diversas contrariedades morales y espirituales del mundo moderno.
Además de celebrar al gran taumaturgo de Nicomedia, el calendario litúrgico conmemora hoy a San Celestino I, Papa defensor de la ortodoxia, a San Simeón Estilita y a San Raimondo Palmerio de Piacenza, laico ejemplar dedicado al cuidado de los desvalidos. La cristiandad se prepara también durante esta semana para celebrar la solemnidad de Santa Marta, María y Lázaro, los santos amigos de Jesús, el próximo 29 de julio.
En la Ciudad de Buenos Aires, los numerosos fieles pueden honrar su sagrada memoria y solicitar su especial intercesión en el célebre Santuario San Pantaleón, ubicado en el barrio de Mataderos (calle Monte 6869). En este tradicional templo porteño, la comunidad eclesial se reúne masivamente cada mes para venerar sus reliquias, participar de las celebraciones litúrgicas y pedir la gracia de la salud para los enfermos de sus hogares.