Desde hace 150 años, la oncología fue incorporando nuevas herramientas.
Primero la cirugía; luego la radioterapia y, desde los años 40, la quimioterapia. A comienzos de este siglo llegó la inmunoterapia, que estimula al sistema inmune para reconocer y atacar células tumorales.
Ahora la medicina avanza hacia una nueva etapa: las terapias CAR-T, que modifican genéticamente células del propio paciente para convertirlas en un “ejército de precisión” capaz de destruir un tumor específico.
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Aunque todavía se trata de una tecnología en desarrollo, ya mostró resultados que muchos especialistas consideran extraordinarios en leucemias, linfomas y mielomas múltiples resistentes a tratamientos previos. En numerosos pacientes logró remisiones prolongadas y, en algunos casos, la desaparición completa de la enfermedad durante años.
Sin embargo, los médicos advierten que por ahora sólo está indicada para grupos muy específicos y que su utilidad en otros tumores depende de los ensayos clínicos en curso.
“La inmunoterapia significó un cambio enorme, pero seguía dejando afuera a muchos pacientes. Entonces apareció la idea de modificar genéticamente ciertas células inmunes para que reconozcan únicamente al tumor y lo ataquen con precisión”, explicó a PERFIL el doctor Adrián Gadano, secretario de Investigación del Hospital Italiano de Buenos Aires.
El procedimiento comienza con una leucoaféresis para extraer linfocitos T del paciente. Esas células se envían a laboratorios especializados de Estados Unidos o Europa, donde mediante ingeniería genética se les incorpora un nuevo receptor, denominado CAR (Chimeric Antigen Receptor). Luego se multiplican y son reinfundidas. A partir de ese momento pueden identificar con gran precisión las células tumorales y dirigir contra ellas la respuesta inmunológica.
“Es como darles la llave exacta de la cerradura del tumor. Antes no podían reconocerlo; después de la modificación encuentran únicamente esa célula y la destruyen”, resume Gadano.
Esa especificidad explica una de las principales diferencias respecto de la quimioterapia, que también afecta tejidos sanos y provoca buena parte de sus efectos adversos.
En pacientes con leucemias y linfomas refractarios, las tasas de respuesta de este tratamiento superan el 70% y muchos pacientes permanecen “libres de enfermedad” cinco años después del tratamiento, plazo que en oncología suele considerarse equivalente a “curación”.
Sin embargo, los investigadores recuerdan que el seguimiento todavía es relativamente corto y será necesario acumular más tiempo de observaciones.
Los límites. El entusiasmo convive con algunas limitaciones. Hoy las terapias CAR-T solo tienen la aprobación para ser usadas contra algunos tumores hematológicos y aún no demostraron la misma eficacia frente a la mayoría de los tumores sólidos, como los de pulmón, mama, colon o páncreas, aunque existen numerosos estudios en marcha.
También pueden aparecer complicaciones importantes, como el síndrome de liberación de citoquinas, pero la experiencia acumulada permitió reducir notablemente las complicaciones de esta situación, gracias a mejores estrategias de prevención y tratamiento.
La otra gran barrera para avanzar es económica. En ciertos países el tratamiento cuesta varios cientos de miles de dólares, aunque vale acotar que dicho monto se acerca al costo acumulado de un trasplante de médula ósea y los tratamientos posteriores. “Hoy estas opciones siguen en los protocolos de investigación. Todavía estamos lejos de discutir el acceso masivo o la financiación”, reflexionó Gadano.
Los investigadores creen, sin embargo, que la historia recién comienza. Así como otras terapias oncológicas primero se reservaron para pacientes sin alternativas y luego pasaron a ser primera opción, CAR-T podría recorrer un camino similar en algunos tumores. “La medicina de precisión permitirá seleccionar cada vez mejor qué tratamiento necesita cada paciente”, anticipó el especialista.
Por ahora, la prudencia sigue siendo tan importante como el entusiasmo. Apenas entre cinco y diez pacientes recibieron estas terapias en Argentina siempre como parte de protocolos internacionales, mientras continúan incorporándose participantes a nuevos estudios. Son cifras pequeñas, pero muestran que la medicina personalizada empieza a dejar de ser una promesa para convertirse en una realidad clínica.
¿Y para enfermedades autoinmunes?
E.G.
Aunque las terapias CAR-T nacieron para tratar algunos cánceres de la sangre, una parte importante de la investigación actual busca aplicarlas a enfermedades autoinmunes. La idea es reprogramar las células del sistema inmunitario para eliminar aquellas que, por error, atacan al propio organismo.
Uno de los casos más prometedores es el lupus eritematoso sistémico. En Alemania y otros países ya se publicaron casos de pacientes con remisiones prolongadas tras recibir CAR-T dirigidas contra linfocitos B, resultados que impulsaron ensayos clínicos internacionales de mayor escala.
También existen investigaciones en marcha obre esclerosis sistémica, síndrome de Sjögren, miastenia gravis y algunas formas de hepatitis, aunque ninguna de estas aplicaciones constituye todavía un tratamiento estándar. El Hospital Italiano de Buenos Aires participa de esta línea de investigación y prepara estudios en enfermedades reumatológicas y autoinmunes. El desafío será confirmar estos resultados en ensayos más amplios, reducir los costos y transformar una tecnología hoy reservada para pocos pacientes en una herramienta accesible para muchos más.n
Líderes regionales
Uno de los protagonistas de este tratamiento en desarrollo en toda la región es el Hospital Italiano de Buenos Aires.
Tras más de un año de negociaciones, adecuaciones técnicas y auditorías internacionales, la institución se convirtió en el primer centro de América Latina incorporado a la cadena internacional de manufactura para terapias CAR-T impulsada por el laboratorio Bristol Myers Squibb.
El proyecto implicó una inversión cercana al millón de dólares, capacitación de profesionales argentinos en Estados Unidos y la adaptación del laboratorio para cumplir exigentes estándares internacionales de Buenas Prácticas de Manufactura (GMP), un requisito indispensable para manipular células destinadas a este tipo de terapias.