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“Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y (…) con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza” (1 Samuel 1:9-18).
La tristeza es una emoción que nos tira hacia abajo el ánimo. La definiría como una enfermedad espiritual que puede traer aún enfermedades físicas.
Cuando Ana fue al templo a orar recibió un milagro: ¡Dios sanó la tristeza! Debemos entender que hay milagros maravillosos que Dios está dispuesto a hacer en nuestra alma. Por eso dice la Palabra: “Has cambiado mi lamento en baile; (…)” (Salmos 30:11-12).
Para que este milagro ocurra, debemos entender que el Espíritu Santo es el que ha venido a hacer esa obra. El gozo que nos da el Espíritu de Dios es algo sobrenatural porque concede una fuerza poderosa para seguir adelante, es nuestro poder. Hay dos partes en este milagro: mi actitud de confiar en Dios y la obra del Espíritu Santo. Todo milagro comienza con buscarlo, con oración, con clamor, con súplica. La oración abre las puertas a lo milagroso y sorprendente, la súplica mueve la misericordiosa mano de Dios. Pero también hay otros factores fundamentales para el milagro que hace el Espíritu de Dios al sanar la tristeza. Y en este marco, el Apóstol Guillermo Decena detalló algunos puntos:
1- LA PALABRA DE DIOS.
Nuestra vida está basada en la palabra de Dios y no en palabra de hombre. Si la palabra de nuestro Dios es nuestro cimiento, pueden venir tormentas y nuestra vida no cae. Si es nuestro sostén, entonces puede venir cualquier palabra negativa y no nos va a destruir.
Hay palabras que hieren y destruyen, pero hay palabras que dan vida y son sanadoras. Hay maravillosas fuerzas para el alma en la palabra de Dios, pues es palabra milagrosa y sanadora, es medicina para nuestra vida. Tenemos que confiar en ella pues grandes milagros serán desatados.
“Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo.” (Proverbios 4:22)
La Palabra es el medio para preservar el cuerpo de muchas enfermedades, así como para sanar las diversas dolencias del alma; son sanas, beneficiosas y vivificantes, y sirven para mantener el alma y el cuerpo saludables. La palabra de Dios da palabra viva para revitalizar nuestra alma y contiene promesas preciosas que nos aseguran Su amor y Su presencia con nosotros.
Muchas veces la tristeza se fortalece en la falta de expectativas, donde no hay mucho por recibir, pero cuando una persona con tristeza toma conciencia de las promesas maravillosas de Dios, algo cambia, porque la Palabra de Dios es poderosa y activa.
2- PALABRA DE AUTORIDAD.
Cuando el sacerdote Elí dio la palabra, allí se produjo el milagro. El ser humano debe tener la suficiente humildad para confiar que Dios puede utilizar a sus siervos. Debemos vencer la tendencia a la autosuficiencia. Dios quiere desterrar el orgullo y la rebeldía de nuestro corazón para recién allí hacer milagros
“Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios (…)” (Efesios 4:11-12).
Estos son los cinco dones para la educación y bendición de los cristianos. Y cuando funcionan estos cinco ministerios, la iglesia recibe crecimiento, expansión y milagros. Esto no es un diseño humano, sino que Cristo mismo lo determinó de esa manera. Cuando el cristiano quiere funcionar como como le parece, entonces Dios no puede obrar plenamente con milagros. Aceptemos las autoridades porque están puestas por Dios.
3- LA CASA DE DIOS.
Ya no somos extraños ni desconocidos somos ‘Miembros de la familia de Dios’ (Efesios 2:19-22). Es maravilloso que el Creador del Universo sea también nuestro Padre, que nos ame como a sus hijos, que nos haga parte de su familia.
En 4000 años de historia bíblica, a Dios se le habla con varios títulos, cada uno con su significado e importancia. Pero ninguno de esos títulos fue tan importante como el que Jesús nos vino a revelar: Dios como Padre; Padre suyo, y de todos nosotros. Jesús nos revela que Dios apuntaba a crear una familia, hijos con Su nombre, que revelaran Su gloria en todo el mundo, y para toda la eternidad.
4- SANIDAD.
Dios sabe muy bien que el principal origen de la tristeza está en las malas experiencias en la familia y carencias de todo tipo.
La idea de Dios es sanar la tristeza a través de una familia llena del amor puro de Dios. Dios levanta padres y madres espirituales capaces de prestar sus oídos y dedicar tiempo a sus hijos espirituales para sanarles de todo trauma de la infancia.
5- HACER PACTOS CON DIOS.
Algo se desató cuando Ana hizo un pacto con Dios, prometiendo que si Él le daba un hijo varón, ella lo consagraría para el servicio a Dios.
“Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; Y por ello te vendrá bien. Toma ahora la ley de su boca, Y pon sus palabras en tu corazón. (…) serás edificado; Alejarás de tu tienda la aflicción; (…) Porque entonces te deleitarás en el Omnipotente, Y alzarás a Dios tu rostro. Orarás a él, y él te oirá; (…) y sobre tus caminos resplandecerá luz” (Job 22:21-30).
Hay un vacío que Dios quiere llenar en tu interior y lo va a hacer si se lo pides. Dios quiere sanarte de toda tristeza, entrega tu vida a Jesús, confía en Él, y Él hará.
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
Victory Church