Un nuevo informe publicado por ONUSIDA con motivo de la reciente 26 Conferencia Internacional sobre el Sida (AIDS 2026) advierte que la reducción del financiamiento internacional y los recortes en los servicios de prevención y en las organizaciones comunitarias podrían provocar un resurgimiento de la epidemia.
Si no se toman medidas urgentes para alcanzar los objetivos fijados para 2030, más de 3 millones de personas podrían adquirir el VIH antes de esa fecha.
En la Argentina pasa algo similar. Según explicó Leandro Cahn, Director Ejecutivo de la Fundación Huésped, el impacto del fuerte ajuste presupuestario en el área de salud en una reciente entrevista con PERFIL, “en nuestro país el recorte de 63.000 millones de pesos afecta directamente a programas de prevención de enfermedades oncológicas, vacunas, salud sexual y VIH”..
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En el caso del programa de VIH, tuberculosis y hepatitis virales, el recorte es de $800 millones, indicó el director ejecutivo de la fundación, Leandro Cahn, al expresar su preocupación respecto del futuro de los pacientes, ya que “para una persona con VIH no tomar el tratamiento es impensable”.
Datos globales
Las nuevas infecciones aumentaron en tres regiones del mundo y en 21 países. Cerca de 9 millones de las 41 millones de personas que viven con el VIH no recibían tratamiento y casi la mitad de los niños y niñas con el virus no tuvo acceso a terapia antirretroviral durante ese año.
Además, 570 mil personas murieron por enfermedades relacionadas con el sida.
Aun así, el informe también muestra que el progreso es posible: siete países lograron reducir casi un 80 % las nuevas infecciones desde 2010 y once alcanzaron los objetivos 95-95-95 de diagnóstico, tratamiento y supresión viral.
Una oportunidad histórica
El mundo está al borde de una revolución en la prevención del VIH gracias a medicamentos preventivos que brindan una protección cercana a la de una vacuna. Las inyecciones mensuales y semestrales comienzan a llegar lentamente al mercado, mientras que las píldoras de administración mensual se encuentran en etapas avanzadas de investigación. Los avances científicos son extraordinarios; sin embargo, el gran desafío sigue siendo garantizar un acceso amplio y equitativo a estas herramientas.
El fantasma del VIH vuelve a acechar al mundo acorralado por un brutal recorte de fondos
La asistencia internacional al desarrollo cayó un 23 % en 2025, la mayor reducción registrada hasta la fecha, afectando especialmente a los programas de salud mundial y de respuesta al VIH. El financiamiento internacional para el VIH aportado por los países donantes disminuyó en más de 1.500 millones de dólares: pasó de 8.800 millones en 2024 a 7.300 millones en 2025, una reducción del 18% que representa el nivel más bajo en casi dos décadas.
Los países africanos de bajos ingresos, con alta carga de VIH y elevados niveles de endeudamiento, dependían de la ayuda internacional para sostener su respuesta al sida. En muchos de ellos, más del 90% del financiamiento destinado al VIH provenía de la cooperación internacional.
En África subsahariana, por ejemplo, el 80 % de los recursos destinados a la prevención provenía de la cooperación externa. En 2024, las organizaciones lideradas por las comunidades recibieron hasta el 25 % de la asistencia internacional destinada al VIH. Diversos estudios muestran que, en algunos países, estas organizaciones alcanzaban al 22 % de las personas que viven con el VIH y hasta al 60 % de las poblaciones más marginadas con servicios esenciales para salvar vidas.

Sin el apoyo de los donantes y sin una mayor inversión nacional, la prevención frente al VIH corre el riesgo de colapsar.
El financiamiento para preservativos se redujo en más del 90 % en algunos países. Además, un estudio realizado en 2026 en 47 países encontró fuertes reducciones en los servicios liderados por las comunidades: un 50 % menos en el apoyo comunitario para la prevención y la atención del VIH; un 85 % menos en los servicios para hombres gays y otros hombres que tienen relaciones sexuales con hombres; un 82 % menos para trabajadoras y trabajadores sexuales; y un 72 % menos para personas sobrevivientes de violencia de género.
Los datos muestran que el mundo no enfrenta una crisis de conocimiento ni de herramientas para poner fin al VIH como amenaza para la salud pública, sino una crisis de decisión política y de financiamiento. Mantener e incrementar la inversión en prevención, tratamiento y organizaciones comunitarias será determinante para evitar que décadas de avances se reviertan y para que las innovaciones científicas lleguen a quienes más las necesitan.