Passerini, a todo o nada con la mira en 2027 y Quinteros ganando terreno

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Passerini, a todo o nada con la mira en 2027 y Quinteros ganando terreno

Daniel Passerini no la tiene fácil. Al frente de un bastión que históricamente le fue adverso al peronismo, sin reelección y golpeado por una sucesión de crisis que desgastaron a su administración, el intendente sabe que los próximos dos años serán decisivos no sólo para su legado, sino también para el proyecto político de Martín Llaryora.

En el oficialismo reconocen que la suerte del actual jefe municipal está estrechamente ligada a la del gobernador. La ciudad de Córdoba representa el principal activo electoral del cordobesismo y, al mismo tiempo, el territorio desde el que Llaryora construyó buena parte de su liderazgo actual. Nadie en el peronismo imagina un escenario en el que el mandatario provincial esté dispuesto a resignar ese espacio. Mucho menos con las elecciones del 2027 casi a la vista. La gestión de la capital se ha convertido en una prioridad absoluta. Nadie duda de que las recorridas de Llaryora y Passerini continuarán, inauguración de obras incluidas. Mucho más después que Provincia anunciara el desembolso de $ 130 mil millones para obras de bacheo y luminarias en Capital, bajo estricto control provincial.

El golpe político más duro para Passerini llegó tras el femicidio de Agostina Vega y la revelación de que Claudio Barrelier, detenido y principal sospechoso del femicidio, era becario municipal y respondía políticamente al exconcejal Ricardo Moreno.

En el entorno de Passerini también sostienen que la principal lección de los últimos meses fue la necesidad de asumir el costo político de cada conflicto y mostrar capacidad de reacción. En privado, destacan que el intendente decidió exponerse públicamente y asumir responsabilidades por problemas que involucraron a funcionarios y dirigentes de su espacio. “Daniel lo dijo sin vueltas: dijo que era responsable por la designación de Barrelier como becario. La gente lo valoró y eso se vio en las encuestas”, sostiene una fuente del municipio.

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A partir de ese reconocimiento, la Municipalidad puso en marcha una batería de medidas destinadas a recuperar la iniciativa política, que incluyó controles de antecedentes para empleados, revisión de becas, digitalización de trámites administrativos y un refuerzo de la inversión en obras públicas. Todo eso formó parte del paquete de iniciativas con el que el oficialismo aún busca salir de la zona de riesgo.

La apuesta no es casual. En el cordobesismo consideran que la Capital será uno de los principales escenarios sobre los que se jugará la continuidad del proyecto político de Llaryora en 2027. La gestión municipal aparece, entonces, como la herramienta central para recomponer la relación con los vecinos y ordenar la interna oficialista.

Quinteros, bien posicionado

En ese escenario comenzó a destacarse la figura de Juan Pablo Quinteros. El ministro de Seguridad de Llaryora ganó protagonismo a partir de su participación en algunas de las medidas más visibles de la gestión provincial, como la regulación del estacionamiento medido, la creación de los controladores urbanos y la prohibición de los cuidacoches.

Dentro del PJ son cada vez más quienes lo señalan como el dirigente mejor posicionado para disputar la sucesión de Passerini en 2027. Su nivel de exposición pública, sumado a la decisión de dar explicaciones cada vez que surge un conflicto, le permitió construir un capital político que hoy lo ubica por delante de otros dirigentes con aspiraciones municipales. Desde el Centro Cívico y el Palacio 6 de Julio aseguran que las fuertes críticas que Quinteros recibió en su momento por el femicidio de Agostina Vega ya quedaron atrás. “La investigación mostró que el ministro y la Policía actuaron bien”, es la defensa que esgrimen en el cordobesismo.

El crecimiento de Quinteros modificó el equilibrio interno del peronismo capitalino. Héctor “Pichi” Campana mantiene intactas sus aspiraciones y continúa apareciendo en las conversaciones sobre el futuro de la ciudad, pero luce relegado, lo mismo que Miguel Siciliano, quien salió a asegurar que no buscará la intendencia, aunque en su momento parecía número puesto.

Hay un dato más que va convenciendo a Llaryora de apoyar al exsocio político de Luis Juez. Quinteros se muestra como garante del orden en cada evento masivo que se realice en Córdoba, un ítem muy valorado por el electorado de La Libertad Avanza. “En las concentraciones por el Mundial se produjeron muchos detenidos por los desmanes, pero la gente se sacaba fotos con Quinteros”, agrega la fuente consultada. También es cierto que no son pocos los que miran de reojo al ministro, por su pasado en el juecismo.

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Una interna que recién comienza

La discusión sobre la sucesión también involucra a otros actores del Partido Cordobés. La vicegobernadora Myrian Prunotto, el viceintendente Javier Pretto y dirigentes como Marcelo Rodio y Juan Pablo Viola observan con atención el reordenamiento del escenario político y no descartan participar de la disputa. Inclusive, algunos no descartan a Nadia Fernández en el pelotón de los candidatos.

Post Mundial, en el peronismo empezó el debate sobre cómo elegir al próximo candidato a intendente. Aunque no se descarta la posibilidad de una interna abierta, nadie cree que Llaryora esté dispuesto a resignar el control del proceso. El antecedente inmediato pesa en la discusión: hace tres años, el actual gobernador eligió personalmente a Passerini para encabezar la boleta municipal, privilegiando la lealtad política y la disciplina interna por encima de otras alternativas.

Ahora, mientras el intendente intenta dejar atrás la etapa más turbulenta de su gestión, el oficialismo ya empezó a mirar hacia adelante. La gran batalla de Passerini será recuperar la Capital, aunque su nombre no figure en las boletas. La del peronismo, definir quién ocupará su lugar cuando llegue el momento de la sucesión.

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