“Las tecnologías y procesos tienen la centralidad de cuidar el ambiente, sin resignar productividad”, destacó Federico Garat, líder de Relaciones con la Industria en Bayer Crop Science Conosur y presidente de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) CASAFE.
-¿Qué dice el suelo?
-Me lleva a lo más a lo más básico de mi ser agrónomo. Creo que es la base de todo lo que hacemos en agronomía, lo que vemos y no vemos, del suelo para abajo y del suelo para arriba. Podemos mirarlo como un activo super relevante para la producción agropecuaria. Cuando hablamos de sistemas productivos, que es como nos gusta tener los diálogos con los productores y con nuestros clientes de Bayer, vemos un suelo que tiene que ser mirado de manera sistemática, donde la planificación y la rotación de cultivos nos llevan a explorar los máximos potenciales de productividad posibles, tratando de acortar las brechas de rendimiento que hay en la Argentina, y que tenemos el desafío de achicar al máximo posible, para explorar los máximos productivos centrados en el cuidado del suelo.
-¿Qué es lo nuevo que tenemos que mirar y hacer con ese suelo en relación a lo que veníamos sabiendo de años atrás?
-La siembra directa marcó un antes y un después en la forma de producir. Probablemente seamos la primera generación que deje mejores suelos de los que recibió. A partir de ahí, Argentina es un ejemplo a nivel global de adopción de tecnologías y de procesos de producción, que tienen la centralidad de cuidar el suelo y todo el ambiente sin resignar productividad. Porque la productividad y la sustentabilidad están de la mano: no hay nada que vaya más en contra de la sustentabilidad que producir menos por hectárea.
-¿Cómo juegan nuevos factores como la digitalización?
-Hace mucho tiempo, el ecosistema productivo argentino entendió la centralidad del suelo. Pero se van sumando factores. El suelo es una parte del sistema productivo de materia viva, que también integran las semillas, los fitosanitarios, y hay desafíos como la digitalización de todo ese proceso productivo.
Seguimos en el camino de mirar a los sistemas productivos integrados a través de la digitalización, que hoy nos abre puertas. La digitalización ya está en el campo, nos permite maximizar la productividad y tomar decisiones antes que las cosas sucedan, transformando los datos en información.
-¿Cómo se expresa eso en el portafolio de productos de Bayer?
-En Bayer tenemos un portafolio de semillas y biotecnología. Atendemos la protección de cultivos, y tenemos un área de digitalización que, sumada al talento humano, nos permite darle la recomendación agronómica al productor. Todo eso, teniendo al suelo como elemento central, nos da la certeza de que esos sistemas productivos están más equilibrados de lo que estaban años atrás, cuando un equipo de visionarios, productores agropecuarios y un entorno que ya existía en Argentina arrancó con la siembra directa.

-Como presidente de Casafe, el desafío es ampliar esa visión en conjunto…
-Claro, Casafe es la cámara que nuclea a la industria de fitosanitarios de Argentina. Trabajamos mucho alrededor de la ciencia y de la innovación, para que, justamente, la innovación llegue en los tiempos más cortos posibles hacia a los productores. Entonces, hay una etapa de desarrollo y de regulación de nuevas moléculas, de nuevos productos, en la cual Casafe y sus compañías asociadas trabajan en estrecha relación con el sector público.
También hay una etapa posterior de responsabilidad, de buenas prácticas agropecuarias, respecto al buen uso de los productos para que den los resultados adecuados en un entorno que cada vez nos desafía más. Todas las compañías, como proveedores de ciencia y tecnología, y los productores, tienen que producir, en cada localidad, adecuándose a las demandas ambientales que hay hoy.
-En una de las conferencias de este 34° congreso incluso se articuló con las inquietudes gubernamentales. Analizaste con una funcionaria el marco normativo que necesita todo este despliegue de desarrollo agroalimentario.
-Sí, participé de un panel en el que hablamos sobre el acuerdo de comercio e inversiones recíprocas que firmó la Argentina con Estados Unidos. Planteamos que hay una parte transaccional, de desgravación y/o reducción de aranceles, que tiene impacto en el corto plazo. Y una segunda parte de cooperación científica, de adecuación de marcos normativos, de adecuación de marcos regulatorios, que vienen incluidos dentro de ese acuerdo, y entre los cuales está una materia sensible, como es la adhesión de al tratado internacional de UPOV 91.
Es interesante porque lo asociamos al acuerdo, pero en realidad esa intención de adherir a UPOV 91 es previo al acuerdo: se identificó desde varios sectores y el Gobierno lo puso dentro de la Ley Bases, entendiendo que es algo mejorador para el país. Entonces, en este congreso de Aapresid hablamos de la oportunidad de tener un ecosistema de productores y un marco regulatorio muy moderno y avanzado. Tenemos la oportunidad histórica de revisar ese marco normativo, que dé certeza a las inversiones. Porque las inversiones hoy se comparten y compiten, alrededor del mundo, en todas las compañías. Entonces, ¿dónde se dirigen las inversiones?… Por supuesto, a los lugares donde hay un marco normativo que permita el recupero de la inversión, para generar el círculo virtuoso de volver a invertir.
-¿Se avanza en el consenso?
-Destacamos el convencimiento de que no es exclusivamente algo relacionado a la inversión de las compañías multinacionales, también para el ecosistema argentino de startups y para las compañías nacionales, incluso para los institutos de relevancia, como tiene el INTA. Los marcos normativos que permitan el respeto de la propiedad intelectual y el recupero de la inversión son positivos y es parte de lo que el país necesita para tener mayores inversiones. Porque hay inversiones en Argentina, pero el punto como asignatura pendiente es que no hay inversiones de la magnitud que el ecosistema productivo argentino, en cualquiera de los cultivos, lo requiere.