Milei sumó a la Argentina a la Internacional Antiaborto impulsada por Donald Trump

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Milei sumó a la Argentina a la Internacional Antiaborto impulsada por Donald Trump

Con absoluto hermetismo, la Argentina adhirió al Consenso de Ginebra, una declaración provida impulsada por Estados Unidos. El instrumento habla sobre la salud de las mujeres y de las niñas, pero que tiene un único objetivo específico: generar incidencia en los organismos multilaterales para rechazar la legalización del aborto. El canciller Pablo Quirno y el embajador Peter Lamelas firmaron el documento el lunes 10. Sin embargo, el gobierno recién publicó el anuncio tres días más tarde, luego de que la información trascendiera en la prensa estadounidense y de que PERFIL insistiera en la consulta.

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En junio, Estados Unidos asumió la secretaría de la Declaración de Consenso de Ginebra sobre la Promoción de la Salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia, en reemplazo de Hungría. No se trata de un instrumento vinculante y la adhesión no implica asumir compromisos. Sin embargo, en términos libertarios, funciona como un bastión para la batalla cultural, ya que impulsa a los países firmantes a actuar en bloque en el plano internacional. La adhesión de la Argentina abre otro interrogante: ¿es la antesala de una discusión sobre el régimen vigente de interrupción voluntaria del embarazo?

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Quirno anunció la firma sin mencionar la palabra aborto y solo se refirió a la “protección de la vida humana”. La opacidad con la que se avanzó abre un amplio abanico de hipótesis, que van desde el cambio de estrategia de los celestes hasta la conciencia del mileísmo sobre la falta de acuerdos necesarios para avanzar en una agenda reaccionaria.

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A pesar de la falta de explicaciones oficiales, la adhesión de Argentina era un rumor que venía cobrando fuerza. En julio, el think tank ultraconservador Political Network for Values (PNfV) realizó una serie de actividades en Buenos Aires que tuvo como invitado estrella al canciller. En uno de los encuentros, Quirno coincidió con Valerie Huber, una activista provida estadunidense conocida como la “arquitecta” del Consenso de Ginebra.

Aquellas jornadas funcionaron como instancia “preparatoria”. Apenas dos semanas después, la directora de Asuntos Globales del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Bethany Kozma, viajó a Buenos Aires y posó para las fotos con Quirno y Lamelas para celebrar la incorporación de la Argentina. En el acto también participó el secretario de Culto y Civilización, Agustín Caulo.

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Hermetismo y opacidad

El lunes 10, la periodista Elizabeth Troutman Mitchell, acreditada en la Casa Blanca, publicó en el portal de noticias conservador Daily Signal que la Argentina había firmado la declaración. El artículo incluía citas textuales de Kozma celebrando la firma y la “amistad” entre Argentina y Estados Unidos.

En los sitios oficiales de gobierno y en las cuentas de los funcionarios argentinos no había ni una sola mención al respecto. Solo el ministro de Salud, Mario Lugones, había publicado en sus redes el miércoles 12 sobre un encuentro con Kozma en el que se habló sobre alimentación saludable.

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PERFIL se comunicó con el Ministerio de Relaciones Exteriores para confirmar el dato. Las respuestas fueron evasivas. Desde la cartera de Salud derivaron la consulta al área de Quirno. En Casa Rosada la posición fue similar: “Solo Cancillería lo puede confirmar”, dijeron. Desde la Embajada de Estados Unidos contestaron que la pregunta debía ser dirigida al gobierno argentino.

Alrededor de las 20, finalmente, la adhesión al Consenso de Ginebra se hizo pública con un post en X de Quirno y otro de Lamelas. Cuando este medio consultó por la demora en la comunicación aparecieron dos versiones. “Hubo varios ajustes en el wording por estos días”, respondió una fuente de Cancillería.

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Otra persona vinculada con este sector a nivel internacional explicó que las autoridades estaban esperando que se produjera el paso formal de la secretaría de manos de Hungría a Estados Unidos. El cambio de autoridades se publicó en el portal oficial de Estados Unidos el 12 de agosto en un comunicado que lleva la firma del secretario de Estado de Donald Trump, Marco Rubio.

Qué es el Consenso de Ginebra

Los eventos organizados por PNfV alimentaron los rumores sobre la posible firma de Argentina a la declaración. Clara Muzzio (vicejefa del Gobierno porteño) y Santiago Santurio (diputado de La Libertad Avanza) fueron las caras visibles del desembarco en Buenos Aires del think tank aunque estuvieron presentes (con perfil más bajo) todos los referentes de peso del campo conservador. Se coordinaron charlas en la Legislatura porteña, en la Fundación Faro de Agustín Laje, en el Palacio San Martín, en el Círculo Militar y en la facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

PNfV apuesta a las transformaciones a largo plazo y a las alianzas. Por eso, genera espacios de encuentro entre dirigentes que comparten su visión de mundo contraria a la agenda de género y a los derechos sexuales y reproductivos. Aunque las reuniones en Buenos Aires fueron clave, un aliado de la red aseguró a PERFIL que la adhesión de Argentina no se precipitó solo por esos cruces. Reconocen que el tema forma parte de la agenda de Milei desde el primer momento y, en particular, subrayan el trabajo de Huber, como la “principal promotora del consenso”. En Estados Unidos, la mujer está al frente de la organización provida Institute for Women’s Health (IWH).

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El Consenso de Ginebra fue impulsado en Estados Unidos en 2020, durante la primera administración de Trump. Según explicó uno de sus promotores a PERFIL, surgió como “instrumento para ayudar a los países que se sentían presionados por los organismos multilaterales para abrirle la puerta al aborto bajo el pretexto de impulsar acciones en favor de la salud de las mujeres y las niñas”. En este sector, aseguran que estos gobiernos estaban “aislados”.

En su punto cuatro, la Declaración del Consenso de Ginebra enfatiza que “en ningún caso se debe promover el aborto como método de planificación familiar”. Sus defensores aclaran, de todas formas, que el documento reconoce la soberanía de los países a dictar sus propias normas. “Es un instrumento político y diplomático”, dicen.

La declaración impulsa a los países firmantes a promover la salud y los derechos de las mujeres, pero establece que el aborto no se puede considerar como un derecho. Los Estados, en teoría, se comprometen a mejorar la atención de la salud sexual y reproductiva, fortalecer los sistemas sanitarios y proteger a las mujeres y a las niñas. La defensa de la familia es un punto central del texto.

El Consenso de Ginebra acumula todo tipo de críticas. Una de las más frecuentes es que, entre los 41 países figuran algunos de los más autoritarios del mundo, como Arabia Saudita, Sudán, Congo, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bielorrusia. De hecho, cuando Joe Biden asumió la presidencia, Estados Unidos se retiró.

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Algo similar sucedió en otros países. En Brasil, Jair Bolsonaro se adhirió y luego Lula da Silva impulsó la salida. En Colombia la declaración fue firmada por Iván Duque, pero poco después llegó Gustavo Petro y se retiró. Al día de hoy, quienes sostienen su respaldo al Consenso de Ginebra en la región son Haití, Guatemala y Paraguay.

El regreso de Trump a la Casa Blanca no solo significó la vuelta de Estados Unidos a la coalición, sino que pasó a liderarla. Y, es de esperar en la administración de Milei, Argentina se acaba de incorporar.

Batalla cultural y consensos

La causa provida es una de las banderas de Milei. De hecho, La Libertad Avanza es una alianza que incorporó a sectores distintos de la derecha nacional y los conservadores tienen su peso específico. Buena parte de los funcionarios, como Santurio y Caulo, por ejemplo, provienen de la militancia provida, que explotó con el primer debate por la legalización del aborto de 2018.

A pesar de la centralidad que tiene el tema aborto para el oficialismo, desde que Milei llegó a la Casa Rosada hay una idea que los funcionarios repiten: nadie va a intentar derogar la ley sin tener los consensos necesarios. “Tenés una sola bala y hay que saber usarla”, aseguró en más de una oportunidad un dirigente de este sector a PERFIL.

Esta “precaución”, de todos modos, no significa que las políticas públicas en favor de los derechos sexuales y reproductivos estén funcionando como corresponde. Un trabajo del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) y la Red de Acceso al Aborto Seguro (REDAAAS) analizó los recortes presupuestarios del gobierno mileísta y proyectó que el desfinanciamiento dejará a 840 mil mujeres sin protección ante embarazos no intencionales, con 452 muertes maternas evitables como saldo.

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Los conservadores de la Argentina no solo se oponen al aborto, sino también a las distintas políticas asociadas con la diversidad y algunos llegan a ir todavía más allá, como el exsecretario de Culto, Francisco Sánchez, quien en 2024, durante una cumbre de Vox, se pronunció contra el divorcio.

Sin embargo, por ahora, la estrategia de la Casa Rosada parece enfocarse en la degradación de los programas y políticas públicas. Una explicación se puede hallar en el amplio consenso que existe en la sociedad sobre esta agenda en términos amplios. Solo por citar un ejemplo: el último informe de Ipsos Pride ubicó a la Argentina entre los países latinoamericanos con mayor aceptación de la diversidad sexual: el 65% de los consultados considera que las parejas del mismo sexo deberían poder contraer matrimonio, un porcentaje superior al registrado en Chile (57%), México (54%), Brasil (44%), Colombia (40%) y Perú (26%).

La adhesión de la Argentina al Consenso de Ginebra instala la duda sobre hasta dónde está dispuesto a avanzar el mileísmo. En el Gobierno hay quienes consideran que lo mejor es replicar las estrategias de los think tank como PNfV, que buscan construir consensos en el largo plazo y no dinamitar una potencial oportunidad con declaraciones explosivas. Quizás esa sea la razón del hermetismo de Quirno.

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