Quizás habría que empezar por el final, por el epílogo injertado de otra edición, para hablar de esta novela ganadora del Segundo Premio Nacional de Literatura de su país, Uruguay. Desmarcada de su género, nos muestra a una autora que, aunque muy joven, posee una notable madurez poética que se exhibe, en bruto, en este pequeño texto lateral, donde define su novela como “un libro esquivo, siempre en fuga. Lo que quedaba atrás, una estela, servía para seguir ese rastro.” Y siguiendo la huella de los recuerdos deshilachados de una infancia de provincia, cuando el miedo y la felicidad formaban parte de una misma vida rodeada de mujeres amorosas, arma este rompecabezas, donde el habla propia del Uruguay parece ser lo único que permanece, con estudiantes de túnica y moña, niños en championes, madres con sutienes y tardes de verano pasadas en la piscina.
Y si su escritura es consciente de la época que le tocó transitar, la de la destrucción sistemática de la naturaleza y del mundo que habita, no está al servicio de la denuncia o la reivindicación, ni se inscribe en la ola de lo mayoritariamente escrito por mujeres, sino que va en busca de una voz propia antes de llegar siquiera a ser una voz. A la caza de ese estado previo al lenguaje, donde, como en un útero, todo lo que existe fluye y que las fotografías en blanco y negro que ilustran las páginas entre “capítulos”, como tramas u oleajes, reproducen.
Lejos del bucolismo, el espacio de la infancia no será el del tiempo perdido ni recobrado, sino el del síntoma de un quiebre con el entorno, en el que la explotación minera ha castigado los pulmones de sus habitantes, alejado a su padre y una pastera finlandesa, secado el arroyo donde sólo aparecen cuerpos desmembrados.
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Y será el descubrimiento de una ballena solitaria, única en su especie, que canta a una frecuencia imposible de escuchar, el que ponga en movimiento el deseo de afinar la percepción y capturar, como un científico o un artista, en un más allá del lenguaje y del sonido, como “un traductor interespecies”, lo que la naturaleza tiene para decirle. Donde descubrir el lugar donde anida el corazón del mundo, esa “máquina del tiempo” que podrá encontrar en una cicatriz en el pecho de la bisabuela, en la estatua de una virgen protectora sobre un cerro, en un “río sin orillas” visto por primera vez junto a su abuelo, en un cachorro abandonado, en los hongos de las frutas, en todo lo que vive y respira, tanto como en el dolor infantil por la muerte inentendible de quienes ama.
“Escribir mientras todo se derrite, se parte, se desvanece”, sostiene la autora mientras habla del lugar de enunciación que le tocó habitar. En todo caso, es una gran noticia dentro del mapa de la literatura latinoamericana y una apuesta literaria fuerte que se hace cargo del presente sin perder el Norte que, cuando todo desaparezca, parece decir su joven autora, seguirá siendo la poesía.
Temporada de ballenas
Autora: Tamara Silva Bernaschina
Género: novela
Otras obras de la autora: Desastres naturales; Larvas
Editorial: Concreto Editorial, $ 29.000